Capítulo 27 — El punto de convergencia
Las palabras del anciano continuaron resonando en la cámara mucho después de que terminara de hablar.
La posibilidad de que las siete llaves no fueran el objetivo final alteraba por completo todo lo que habían descubierto hasta entonces.
Raquel volvió a estudiar la red de líneas dibujadas sobre el papel.
Cuanto más tiempo la observaba, menos parecía una recopilación de datos históricos y más se asemejaba a una estructura cuidadosamente diseñada.
Las ciudades aparecían conectadas mediante relaciones difíciles de atribuir al azar y algunas parecían desempeñar un papel mucho más importante que otras dentro del conjunto.
—Si Gabriel llegó a esta conclusión, debió de intentar localizar el punto al que conducían todas las referencias.
—Y eso fue exactamente lo que hizo durante sus últimos meses de vida.
Mientras hablaba, abrió otra carpeta situada al fondo de la mesa. A diferencia de las anteriores, aquella contenía muy pocos documentos. Las hojas estaban ordenadas con una precisión casi obsesiva y muchas aparecían cubiertas por anotaciones, cálculos y pequeños esquemas trazados a mano.
—Esta fue la última carpeta que organizó personalmente. En esta fase de la investigación dejó de recopilar información y empezó a trabajar únicamente sobre las conclusiones que consideraba sólidas.
Raquel examinó varios mapas antiguos parcialmente superpuestos. Las líneas dibujadas a lápiz atravesaban fronteras, cordilleras y ríos sin prestar atención a las divisiones políticas de cada época. Parecían obedecer a una lógica propia que resultaba imposible comprender a simple vista.
—¿Encontró algún lugar concreto?
—No llegó a identificarlo con absoluta certeza, pero consiguió reducir enormemente el área de búsqueda. Después de comparar documentos procedentes de distintas épocas, observó que determinadas referencias aparecían una y otra vez alrededor de una misma región.
El hombre extrajo una hoja especialmente deteriorada y la colocó sobre la mesa.
—Todas las pistas terminaban conduciendo aquí.
Raquel observó el mapa mientras el dedo del anciano recorría varias marcas concentradas alrededor de una misma área.
—¿Italia?
—La frontera actual puede llevar a una interpretación equivocada.
Gabriel llegó a la conclusión de que los documentos utilizaban una geografía mucho más antigua y que las referencias debían interpretarse dentro de ese contexto.
Algunas procedían de la época de los custodios originales.
Otras aparecían en documentos del siglo XVII y otras pertenecían a épocas mucho más recientes.
Sin embargo, todas compartían un rasgo común: describían lugares situados alrededor de una misma región montañosa.
Adrián estudió el mapa con atención.
—¿Y qué tenía de especial esa región?
—Eso fue precisamente lo que Gabriel intentó averiguar.
Abrió una nueva hoja que no contenía mapas ni referencias geográficas.
En su lugar aparecía una larga lista de nombres que Raquel reconoció inmediatamente.
Algunos pertenecían a custodios mencionados en documentos anteriores.
Otros correspondían a investigadores, coleccionistas, historiadores y arqueólogos que habían dedicado años a estudiar fragmentos de la misma historia.
—Lo importante no es quiénes eran, sino lo que tienen en común.
El anciano señaló varias fechas escritas junto a los nombres.
—Todos desaparecieron después de acercarse demasiado a la misma zona.
Raquel recorrió la lista con la mirada. Las fechas abarcaban más de tres siglos y los nombres pertenecían a épocas completamente diferentes, pero todos parecían converger en el mismo punto.
—¿Está diciendo que todos investigaban el mismo lugar?
—Eso sospechaba Gabriel. Cuanto más estudiaba estas desapariciones, más convencido estaba de que no se trataba de simples coincidencias. Las personas cambiaban, los siglos pasaban y los documentos se transformaban, pero la región seguía apareciendo una y otra vez.
Adrián continuó observando la lista.
—¿Llegó a ir allí?
El hombre guardó silencio mientras contemplaba los documentos extendidos sobre la mesa. Finalmente cerró la carpeta con suavidad.
—Sí. Viajó hasta la zona que aparecía repetidamente en los mapas y regresó convencido de que estaba muy cerca de la respuesta.
—¿Y qué encontró?
—Eso es precisamente lo más extraño de toda la historia. Gabriel regresó convencido de que había descubierto algo importante, pero nunca dejó una explicación clara de lo que vio. Y esa ausencia resulta difícil de explicar porque no encaja con su forma de trabajar.
Raquel frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque Gabriel siempre registraba sus conclusiones.
Podía equivocarse, corregir una teoría o cambiar de opinión varias veces, pero jamás abandonaba una investigación sin dejar constancia escrita de sus hallazgos.
Sin embargo, después de aquel viaje reorganizó todos sus documentos, destruyó varias notas antiguas y comenzó a trabajar en algo completamente nuevo sin explicar nunca qué había encontrado.
Adrián volvió a mirar la carpeta cerrada.
—¿Y cree que alguien lo mató antes de terminar la investigación?
El hombre permaneció pensativo durante unos instantes.
—Durante mucho tiempo creí que esa era la única explicación posible. Sin embargo, cuanto más revisaba sus documentos, más difícil me resultaba ignorar otra posibilidad.
Raquel sostuvo su mirada.
—¿Cuál?
Sus dedos recorrieron lentamente la cubierta de la carpeta.
—Que descubriera algo tan importante que decidiera no dejarlo por escrito.
Aquella hipótesis resultaba inquietante porque implicaba una decisión consciente. Gabriel no habría sido interrumpido antes de completar su trabajo. Habría elegido ocultar voluntariamente la pieza más importante de toda la investigación.
El anciano mantuvo la mirada fija sobre la carpeta mientras reflexionaba sobre las últimas conclusiones de Gabriel.
—Si esa teoría es correcta, significa que durante sus últimos días comprendió algo que consideró demasiado peligroso para conservar en un documento. Y si realmente tomó esa decisión, entonces la cuestión más importante ya no consiste en averiguar qué encontró en aquella región montañosa.
Raquel permaneció en silencio, esperando que terminara la idea.
—¿Cuál es entonces la pregunta correcta?
El hombre levantó lentamente la vista.
—Por qué alguien que dedicó toda su vida a descubrir la verdad decidió ocultarla justo cuando estaba a punto de alcanzarla.