Capítulo 25 — La octava referencia
Raquel volvió a leer la frase varias veces mientras el resto permanecía en silencio alrededor de la mesa.
"Las siete partes serán separadas. La octava permanecerá donde siempre estuvo."
Cuanto más la observaba, más difícil resultaba ignorar las implicaciones de aquellas palabras.
Durante semanas habían seguido el rastro de las llaves, de los custodios, de los símbolos y de las organizaciones surgidas a su alrededor.
Todo parecía conducir siempre al mismo punto.
Sin embargo, aquella frase sugería algo completamente distinto.
Daba a entender que existía un elemento anterior a las propias llaves, algo que no había sido dividido ni dispersado y que, por alguna razón, permanecía en el mismo lugar desde el principio.
Raquel apartó lentamente la mirada de la fotografía y observó al anciano.
—¿Y si las llaves no fueran el centro de toda esta historia?
La pregunta quedó suspendida entre ellos mientras Adrián volvía a examinar la imagen y Lara repasaba mentalmente todo lo que habían descubierto desde que comenzó la investigación.
Ninguno encontraba un argumento capaz de descartar aquella posibilidad.
De hecho, cuanto más pensaban en ella, más lógica parecía.
El anciano apoyó las manos sobre la mesa y permaneció unos instantes contemplando la fotografía.
—Esa fue exactamente la pregunta que Gabriel empezó a hacerse durante sus últimos meses de vida.
Al principio intentó demostrar que estaba equivocado.
Buscó documentos que contradijeran aquella teoría y revisó una vez más todas sus investigaciones anteriores.
Sin embargo, cuanto más profundizaba en los archivos, más convencido estaba de que las siete llaves solo representaban una parte de la historia.
Raquel volvió la vista hacia la fotografía.
—Y si tenía razón, significa que todos los que han buscado las llaves durante siglos estaban buscando algo incompleto.
—Eso mismo pensaba él. Gabriel llegó a la conclusión de que las llaves eran visibles porque estaban destinadas a ser encontradas tarde o temprano.
Lo que realmente le preocupaba era aquello que nunca había sido mencionado con claridad y que parecía ocultarse detrás de todas las referencias conocidas.
Adrián observó nuevamente la frase escrita en la página arrancada.
—La octava referencia.
—Sí. Esa expresión aparece muy pocas veces y siempre de forma indirecta.
Ningún documento explica qué era exactamente.
Ningún custodio dejó una descripción clara.
Ninguna de las leyendas conservadas habla de ella con detalle.
Es como si alguien hubiera realizado un esfuerzo deliberado para borrar cualquier explicación y dejar únicamente pequeñas huellas dispersas.
Mientras hablaba, el anciano guardó la fotografía dentro de la funda protectora y la colocó junto al resto de documentos.
—Gabriel estaba convencido de que había llegado muy cerca de descubrir la verdad. También creía que las personas que perseguían las llaves habían empezado a hacerse la misma pregunta que él.
Raquel sintió una inquietud creciente.
Hasta aquel momento había supuesto que la búsqueda giraba alrededor de las siete partes separadas siglos atrás. Ahora empezaba a comprender que tal vez aquellas piezas solo formaban parte de una estructura mucho mayor.
—Entonces la Orden no busca únicamente las llaves.
—Si las conclusiones de Gabriel eran correctas, las llaves representan un medio para llegar a otra cosa. Y si eso es cierto, la pregunta más importante ya no consiste en averiguar dónde están las siete partes.
El anciano recorrió lentamente con la mirada los documentos extendidos sobre la mesa.
—La pregunta realmente importante consiste en descubrir qué intentaban ocultar los hombres que las separaron.
Nadie respondió.
La frase permaneció presente mientras el viento se filtraba por las grietas de las ruinas situadas sobre ellos.
Por primera vez desde que habían llegado al monasterio, la investigación parecía abrirse en una dirección completamente distinta.
Las respuestas que habían buscado durante semanas comenzaban a parecer menos importantes que las nuevas preguntas que acababan de surgir.
Raquel volvió a pensar en Gabriel, en sus últimos meses de vida, en las notas incompletas encontradas en su despacho y en la obsesión que parecía haberlo consumido poco antes de morir.
Ahora empezaba a entender por qué no había abandonado la investigación.
Cada descubrimiento lo había conducido a otro todavía más inquietante, hasta llegar a un punto en el que resultaba imposible retroceder.
La fotografía ya no estaba visible sobre la mesa, pero la frase seguía grabada en su memoria.
"Las siete partes serán separadas. La octava permanecerá donde siempre estuvo."
Aquellas palabras parecían contener una promesa y una advertencia al mismo tiempo. Y cuanto más reflexionaba sobre ellas, más convencida estaba de que Gabriel había muerto cuando estaba a punto de descubrir algo que nadie había conseguido comprender durante siglos.