Capítulo 6 — Nadie llega primero por casualidad
Raquel no llegó a tocar la llave por segunda vez. Un sonido metálico rompió el silencio de la cámara y, aunque apenas fue un clic seco, bastó para que el desconocido reaccionara de inmediato. Antes de que ella pudiera comprender qué estaba ocurriendo, una mano la empujó violentamente hacia un lado.
—¡Al suelo!
La orden llegó al mismo tiempo que el disparo.
El impacto resonó en la estancia como un trueno atrapado entre las paredes de piedra. Fragmentos de roca saltaron por el aire exactamente en el lugar donde había estado la cabeza de Raquel un instante antes. El eco recorrió la cámara y se extendió por el pasadizo con una fuerza inquietante.
Raquel cayó de lado y se golpeó el hombro contra el suelo. Durante unos segundos fue incapaz de comprender lo que acababa de ocurrir.
—¿Qué...?
—No estamos solos.
La mirada del hombre permanecía fija en la entrada del corredor.
Un segundo disparo atravesó el aire y se estrelló contra la piedra. El sonido llegó más cerca que el anterior y dejó claro que quien estaba disparando sabía exactamente dónde apuntar.
—¡Muévete!
Raquel reaccionó por puro instinto. Se incorporó como pudo y buscó refugio junto al pedestal. Apenas era consciente de sus propios movimientos. La necesidad de sobrevivir había sustituido al razonamiento.
Su mirada se detuvo en la pieza que descansaba sobre la estructura de piedra. Comprendió inmediatamente que no podía dejarla allí. Sin detenerse a pensar en las consecuencias, extendió la mano y la tomó.
En cuanto sus dedos rodearon la superficie sintió una vibración leve, semejante a un latido apenas perceptible.
El hombre la observó durante una fracción de segundo y, por primera vez desde que lo conocía, su expresión reflejó una preocupación auténtica.
—Guárdala. Ahora mismo.
Raquel obedeció sin discutir. Introdujo la pieza en el bolsillo interior del bolso mientras intentaba controlar el temblor de las manos.
—¿Quiénes son?
—Los que llegan después.
—Eso no significa nada.
—Significa más de lo que imaginas.
Un nuevo disparo impactó contra una de las paredes laterales. El polvo de piedra se dispersó por la estancia y redujo la visibilidad.
A continuación escucharon pasos descendiendo por el pasadizo. El ritmo era rápido y decidido, propio de personas que conocían perfectamente el camino que estaban recorriendo.
—Nos han seguido.
—No. Te han seguido a ti.
Raquel lo miró con incredulidad.
—¿Y tú qué eres? ¿Un turista?
El hombre ignoró la pregunta. Se desplazó rápidamente hasta uno de los laterales de la entrada y apoyó la espalda contra la pared. La precisión de sus movimientos indicaba que estaba acostumbrado a situaciones como aquella.
Raquel comprendió de inmediato lo que estaba haciendo. Alguien estaba a punto de entrar en la cámara y él había decidido esperar el momento exacto para actuar.
La primera figura apareció apenas unos segundos después.
Vestía completamente de negro y sostenía un arma preparada para disparar.
No tuvo tiempo de reaccionar. El desconocido se lanzó sobre él con una velocidad sorprendente, desvió el arma y golpeó con precisión en la garganta.
El atacante cayó al suelo sin apenas emitir un sonido.
El segundo hombre apareció inmediatamente detrás de su compañero.
La pelea que siguió fue breve, pero de una violencia controlada y metódica.
Los golpes resonaron en la cámara con una crudeza que hizo que Raquel retrocediera hasta apoyar la espalda contra el pedestal.
Lo que estaba viendo no era una lucha improvisada.
Cada movimiento parecía calculado de antemano, como si el desconocido supiera exactamente dónde golpear y cuánto daño provocar.
Menos de diez segundos después, el segundo atacante también yacía inmóvil sobre el suelo.
Durante unos instantes solo se escucharon respiraciones agitadas.
Raquel observó al hombre con una mezcla de desconcierto y alarma.
—Tú no eres una persona normal.
El desconocido giró la cabeza hacia ella.
—Y tú acabas de dejar de serlo.
Antes de que pudiera responder, ambos escucharon nuevos pasos procedentes del pasadizo. Aquellos sonidos eran distintos. No había prisa ni tensión en ellos. Quien descendía avanzaba con una tranquilidad desconcertante, como si estuviera absolutamente seguro de lo que iba a encontrar.
El hombre frunció ligeramente el ceño.
—Ese no es como los otros.
La figura apareció finalmente en la entrada de la cámara. No llevaba armas visibles y tampoco parecía preocupado por los hombres que yacían en el suelo. Vestía con una elegancia impropia de aquel lugar y avanzaba con una calma casi ofensiva. Su mirada se dirigió directamente hacia Raquel.
Una sonrisa apareció en su rostro.
No transmitía amabilidad ni cordialidad. Era la expresión de alguien que había previsto aquel encuentro desde mucho antes de que ocurriera.
—Por fin. La primera llave.
Un escalofrío recorrió la espalda de Raquel.
—No sé de qué hablas.
—Claro que lo sabes. Lo que ocurre es que todavía no entiendes todo lo que sabes.
El hombre que la acompañaba avanzó unos pasos y se colocó ligeramente delante de ella.
—No des un paso más.
El recién llegado dirigió su atención hacia él por primera vez.
Una expresión de reconocimiento cruzó brevemente su rostro.
—Vaya. No esperaba encontrarte aquí tan pronto.
—Y yo no esperaba verte aparecer tan deprisa.
La tensión que se instaló entre ambos hizo evidente que no era la primera vez que se encontraban y que compartían un pasado que Raquel desconocía por completo.
—¿Os conocéis?
Ninguno respondió.
El hombre elegante volvió a centrar toda su atención en ella.
—Eso carece de importancia ahora mismo.
Su mirada descendió hasta el bolso.
—Entrégamela.
Raquel negó con firmeza.
—No.
El hombre inclinó ligeramente la cabeza, como si aquella respuesta hubiera sido exactamente la esperada.
—En ese caso, vamos a complicar las cosas.
Raquel percibió de inmediato que algo había cambiado. La tensión parecía haberse adueñado de la cámara y el aire resultaba más pesado a cada segundo que pasaba.
El desconocido dio un paso adelante.
—Corre cuando te lo diga.
Raquel lo miró sorprendida.
—No pienso dejarte aquí.
—No te estoy pidiendo permiso.
La sonrisa del hombre elegante se amplió ligeramente.
—Sigues siendo igual de dramático.
Lo que ocurrió a continuación fue tan rápido que Raquel apenas pudo seguirlo con la vista. Ambos hombres se movieron al mismo tiempo y chocaron con una violencia extraordinaria. Cada golpe parecía ejecutado con precisión y una fuerza devastadora.
—¡Ahora!
Raquel dudó apenas una fracción de segundo antes de echar a correr.
Subió por el pasadizo sin mirar atrás. El corazón le golpeaba el pecho con fuerza mientras la sensación de peligro crecía a cada escalón.
Cuando alcanzó la superficie, la luz del día la cegó durante un instante. Continuó avanzando sin detenerse, atravesó el cementerio a toda velocidad y siguió corriendo sin atreverse a mirar atrás.
Mientras se alejaba comprendió que ya no existía ninguna posibilidad de regresar a la vida que había tenido apenas unos días antes.
Además, alguien estaba dispuesto a matar por aquello que ahora llevaba escondido en el bolso, y esa certeza resultaba mucho más aterradora que cualquier pregunta que todavía no tuviera respuesta.