El club del crimen de los martes 35
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Aquel martes hubo asamblea extraordinaria y se convocó para decidir si el Club de Lectura y Actualidad Los Martes se disolvía.

Lo propuso Rosario Ferrer y lo puso en el orden del día ella misma, punto único.

Fueron doscientas veinte personas.

Villafranca del Cierzo celebró la asamblea de su club de lectura en un frontón, con abrigos, con doscientas veinte personas y con dos cámaras.

Duró dos horas y cuarto.

Y antes de empezar hubo una cuestión previa que se resolvió en noventa segundos y que dice de aquella mujer más que todo lo demás.

—¿Quién vota? —preguntó alguien de la grada.

Rosario Ferrer se acercó el micrófono.

—Según los estatutos, votan los socios.

—Pues sois tres.

—Somos dos —dijo Charo Ferrer—. El tercero está en Teruel.

Y hubo un ruido en aquel frontón.

—Así que propongo que voten todos los vecinos empadronados que estén aquí sentados, y que el resultado no sea vinculante y sea vinculante, que quiere decir que si sale que no, yo firmo la disolución el jueves.

—Eso no lo dicen los estatutos.

—No. —Rosario Ferrer miró la grada—. Los estatutos los redacté yo en mi cocina en 2023 con un modelo que me bajé de internet, y en los estatutos tampoco pone lo que hay que hacer cuando en un club de siete socios se te mueren tres y se te lleva la Guardia Civil a otro.

Se aprobó por asentimiento.

Y el sargento Íñigo Bericat, que estaba de pie al fondo del frontón, de paisano, apoyado en la pared, no dijo nada en toda la asamblea y no se fue hasta el final.

⁂

A favor de disolver hablaron cinco personas y voy a resumir lo que dijeron porque tenían razón.

Dijeron que aquel club se fundó para averiguar qué le pasó a un crío en 1999 y que en 1999 no se ha averiguado nada.

Dijeron que en dos meses y medio se habían muerto tres socios, y que uno de ellos era un asesino y otro estaba en prisión provisional, y que eso no le había pasado nunca a ningún club de lectura de España.

Dijeron que la Puri se había muerto sola y que se le había puesto una zapatilla en el suelo porque en aquella sala se habló de una zapatilla.

Dijo don Óscar, el párroco, que lleva cuarenta y un años enterrando gente en aquel pueblo, que él no iba a decirle a nadie lo que tenía que hacer, y a continuación lo dijo: que un pueblo que convierte su desgracia en una actividad de los martes acaba necesitando desgracias.

Y dijo Amparo Landa, la hermana de Fito, que había venido de Monreal en un taxi y que habló de pie, con el bastón, sin micrófono y sin que se oyera nada al fondo:

—A mi hermano lo mató un hombre que entró en ese club.

Y mi hermano entró en ese club. Y a mí me han dicho por la calle esta semana lo que hizo mi hermano y yo no lo sabía, y ahora tengo setenta y seis años y me lo tengo que creer sin que me lo diga un juez.

Hagan ustedes lo que quieran. Yo me vuelvo a Monreal.

Y se volvió a Monreal.

⁂

En contra de disolver hablaron catorce y voy a resumir lo que dijeron porque no tenían ninguna.

Dijeron que ahora es cuando hace falta.

Dijeron que si se disuelve el club, la del pódcast se queda sin material, y la del pódcast dijo desde la tercera fila que ella tiene material para cuatro años y que no la metieran.

Dijeron que hay ciento nueve solicitudes de ingreso sin abrir.

Dijo un señor que él lleva viniendo desde septiembre y que nunca en su vida había ido a nada los martes, y que ahora los martes va a algo.

Dijo una mujer que su madre, que tiene ochenta y ocho años y que no sale de casa desde que se cayó, le pregunta todos los miércoles qué se dijo.

Dijo un chico de veinte años, que fue el único de veinte años que habló, que si aquello se cierra, en Villafranca del Cierzo no queda absolutamente nada los martes por la tarde. Y tenía razón y nadie le contestó.

Dijeron que la Semana del Misterio 2027 está presupuestada en el capítulo dos con veintidós mil euros, que se aprobó en pleno el 15 de octubre y que el dinero está comprometido, y aquello lo dijo la alcaldesa desde la mesa, con el micrófono, y hubo un murmullo feo.

Y entonces pasó lo que no había pasado nunca en aquel pueblo, que es que Montse, la alcaldesa, y Vanesa Puértolas Ariño, veintiséis años, se pusieran de acuerdo en público.

Vane pidió la palabra.

—Yo estoy en contra de disolver y voy a decir por qué, y va a quedar fatal.

—Habla.

—Porque yo tengo una marca registrada que se llama El Club de los Martes y la tengo cedida al ayuntamiento por un año, y si el club se disuelve, esa marca es de una cosa que no existe. Y yo con eso he vendido trescientas once camisetas.

—¿Y?

—Y ese dinero lo tengo en una cuenta desde octubre y no lo he tocado, porque no se me ocurre a qué donarlo que no sea una guarrada.

—Vane miró la grada—. Si el club sigue, yo lo dono al club y que lo gaste la Charo en lo que quiera.

Si el club se disuelve, ese dinero se queda donde está y yo me lo como toda mi vida.

Y la alcaldesa dijo:

—Yo suscribo lo de la señorita Puértolas.

Y se le oyó decirlo por el micrófono, y consta en el acta, y es la primera vez en la historia de aquel ayuntamiento que un alcalde suscribe algo de un vecino menor de treinta años.

El capital, que es lo único que une de verdad en este país.

⁂

Se votó a mano alzada.

Ciento cuarenta y uno a favor de seguir. Sesenta y dos en contra. Diecisiete abstenciones.

Yo me abstuve, porque no soy de allí y porque a mí aquella votación no me correspondía, y porque llevaba dos meses y medio en aquel pueblo y no tenía ni una sola idea clara sobre lo que había que hacer con aquel club.

Rosario Ferrer no votó, porque presidía.

Y Andrés Sanz, que estaba en la tercera fila de sillas con la cazadora de trabajo, tampoco votó.

Levantaron la mano doscientas tres personas de doscientas veinte y las diecisiete que quedamos estábamos, cada uno por un motivo distinto, en el único sitio de aquel frontón desde el que se veía lo que estaba pasando.

Hubo un aplauso pequeño y avergonzado, de los que empiezan en cuatro sitios a la vez y se apagan solos porque nadie sabe si aplaudir está bien.

Rosario Ferrer, que había presidido las dos horas y cuarto sin decir en ningún momento lo que ella opinaba, tomó nota del resultado, se quitó las gafas y dijo:

—Queda aprobado que sigue.

Y a continuación planteó el punto que no estaba en el orden del día y que era el suyo.

—Si esto sigue, no puede seguir con el mismo objeto.

—¿Cómo que no?

—Que el objeto de esta asociación, en los estatutos que registré yo en noviembre de 2023, es el estudio de la desaparición de Enrique Ferrer Bonet. —Puso las manos en la mesa—. Y yo no pienso presidir eso ni un martes más.

Se hizo un silencio en aquel frontón.

—¿Y qué hacemos entonces?

—Ampliarlo.

Y así fue como el Club de Lectura y Actualidad Los Martes de Villafranca del Cierzo acordó, por ciento sesenta y tres votos a favor, ampliar su objeto social al estudio de otros casos sin resolver de la comarca.

Hubo tres minutos de conversación en la grada.

Y luego un señor de la cuarta fila preguntó, en voz alta, cuáles.

Y no había ninguno.

En la comarca del Jiloca, desde 1975, no hay ningún caso sin resolver. Hay dos accidentes de tráfico, un incendio de una nave que se resolvió en 2011 y un hombre de Villarquemado que se fue a Alemania en 1982 y que escribe todas las Navidades.

Se acordó buscar.

Consta en acta: Se acuerda encomendar a la secretaría la localización de casos susceptibles de estudio.

⁂

Y el último punto fue el de las fotografías.

Rufino Cañas Bergua donó al club, el 13 de octubre de 2026, en el turno de la pregunta diez de su entrevista de admisión, tres cajas de fotografías de las fiestas de Villafranca del Cierzo desde 1978.

Están en el armario metálico de la sala 2, en la balda de abajo, desde el 20 de octubre.

Son, según el inventario que hizo Vane, mil ciento cuarenta fotografías. Hay bodas, hay cucañas, hay peñas, hay gente que ya no está y sitios que ya no están. Hay ciento sesenta de las fiestas de agosto de 1999, que son las únicas fotos que existen de aquellos cuatro días aparte de las del sumario.

Y en el pleno del club, el 20 de octubre, se había acordado por unanimidad agradecerle la donación por escrito.

—Ese punto está pendiente —dijo Vane, que es la secretaria y que lee lo que queda pendiente—. Consta como acuerdo y no se ha ejecutado.

—Pues se retira —dijo alguien.

—No se puede retirar. Está acordado.

—Pues se acuerda no ejecutarlo.

—Eso es otra cosa.

Y se votó, en un frontón, a las nueve menos veinte de la noche del martes 17 de noviembre de 2026, delante de doscientas veinte personas, si se le retiraba el agradecimiento por escrito a un hombre que estaba en prisión provisional en Teruel.

Salió que sí por ciento noventa y cuatro votos.

Y entonces Maribel Ojeda levantó la mano.

—¿Y las fotos las devolvemos?

Y hubo tres segundos de silencio, y todo el mundo se dio cuenta a la vez.

Porque en aquellas tres cajas están las únicas ciento sesenta fotografías que existen de las fiestas de agosto de 1999. Está la plaza con el escenario montado. Está la charanga. Está la cucaña del domingo. Está, si se busca bien, la parte de atrás del frontón con los coches aparcados.

Y las tuvo un hombre en su casa veintisiete años y las trajo un martes en una carpeta de plástico transparente para que le dejaran entrar.

—Las fotos se quedan —dijo Rosario Ferrer.

Y no lo votó nadie.

Se levantó la sesión a las nueve menos diez. Doscientas veinte personas tardaron veinte minutos en salir de aquel frontón, porque hay una sola puerta y porque nadie tenía prisa.

Y en el punto de ruegos y preguntas, que he dejado para el final porque a mí es el que me importa, la alcaldesa informó de que el Colegio de Farmacéuticos había nombrado por fin un regente y de que la farmacia de Villafranca del Cierzo abriría el 2 de febrero.

Tres días por semana. Lunes, miércoles y viernes, de diez a dos.

Un chico de Teruel de treinta y un años que hace ruta por cuatro pueblos.

Hubo un aplauso y ese sí fue largo, y fue el único de las dos horas y cuarto que no le dio vergüenza a nadie.

Abrió el 2 de febrero de 2027 y sigue abierta.

Y en Villafranca del Cierzo hay todavía nueve o diez personas que los viernes se van a Villarquemado, que está a dieciocho kilómetros, porque allí les conocen desde hace años y porque el chico de Teruel, que es muy competente y muy educado, no sabe cuál se toman por la noche.

Y en la puerta, en el aparcamiento de detrás, que es una explanada de tierra con dos farolas y una fundida, había setenta u ochenta vecinos de pie con los abrigos puestos hablando de otra cosa, como se hace aquí.

Yo salí de los últimos y me quedé apoyado en la pared del frontón, en el lado de fuera, que es el lado donde el sábado 14 de agosto de 1999, a las once y cuarto de la noche, un crío de doce años que se llamaba Rubén contó hasta veinte con la frente pegada a esa misma pared.

Y pensé una cosa que llevo pensando desde entonces y que no he sabido colocar.

Aquel pueblo acababa de votar tres veces en una tarde.

Votó seguir. Votó buscar otros casos que no existen. Y votó retirarle un agradecimiento por escrito a un hombre que ya no lo iba a leer.

Y no votó lo único que había que decidir, que era qué hacer con ciento sesenta fotografías de agosto de 1999 que llevan veintisiete años en tres cajas y que ha traído a la mesa la única persona de aquel pueblo que tenía un motivo para que nadie las mirara.

Eso lo decidió una mujer sola, en un frontón, en cuatro palabras, sin someterlo a votación.

Y todo el mundo estuvo de acuerdo, y nadie levantó la mano, y a mí me pareció que era la primera cosa decente que hacía aquel club en tres años y que la había hecho sin darse cuenta.