El Clarividente Capítulo 63
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Capítulo 63

El capitán Dorsey se quedó de pie mientras Zoé releía la declaración en la que afirmaba, entre otras mentiras, que había seguido a Johan por voluntad propia.

—¿Está segura? —preguntó él.

—Completamente segura —respondió ella, y firmó al pie de la hoja impresa.

El gendarme la observó y negó con la cabeza.

—¿Lo ha hablado con su cuñado? ¿Sabe él lo que acaba de hacer?

—Anthony no es mi tutor. Todavía puedo tomar mis propias decisiones.

El oficial suspiró. Saltaba a la vista que no estaba convencido.

—¿Y usted, capitán? ¿Qué piensa hacer ahora?

—¿Cómo dice?

—Con mi hermana.

—Su hermana…

—¿Por qué nunca me contestó? —lo interrumpió ella—. Me puse en contacto con Europol varias veces y me aseguraron que usted me llamaría. Nunca lo hizo.

Dorsey frunció el ceño.

—Nunca me pasaron sus mensajes. Supongo que la información se perdió en algún punto de la cadena de mando.

Zoé se hundió en la silla.

—Qué oportuno.

—Señorita Rossi, lo que intentaba decirle antes de que me interrumpiera es que su hermana acaba de entrar en nuestra lista de posibles víctimas del Segador. Lo que significa que, a partir de ahora, Europol se hará cargo de la investigación de su desaparición.

Zoé se quedó boquiabierta. Se había esforzado tanto por convencerlos…

—No sé qué decir.

Él se sentó en el borde del escritorio y le puso una mano en el hombro, como un padre con su hija o, más bien, como un profesor con una de sus mejores alumnas.

—Bueno, prométame que no volverá a ponerse en peligro. Ya no tiene por qué investigar por su cuenta lo de su hermana. Déjelo en nuestras manos, ¿de acuerdo?

Zoé pensó en la conversación que acababa de tener con Johan y en lo que estaba a punto de pedirle al padre de este.

—De acuerdo —dijo, pese a todo.

—¿Me lo promete?

A esas alturas, una mentira más no importaba, así que se lo prometió.

—Y eso implica que no quiero que vuelva a usar las redes sociales —insistió él—. Estamos vigilando su página de Facebook y su cuenta de Twitter por si él intenta ponerse en contacto con usted. Aunque es poco probable. Debe de sospechar que va a tener protección policial.

—¿Protección?

—Me refiero a su cuñado. Se ha ofrecido a hacer de guardaespaldas.

Zoé no hizo caso de la broma. Lo último que necesitaba era tener a Anthony pegado a los talones.

—No sé muy bien qué ha pasado entre ustedes, pero estoy seguro de que lo perdonaría si hubiera visto la angustia con la que intentaba encontrarla sana y salva.

Zoé prefirió zanjar la conversación.

—Estoy agotada. Me gustaría darme una ducha y cambiarme de ropa, si es posible.

—Por supuesto. Le hemos reservado una habitación en un hotel. Su cuñado la llevará.

Anthony la esperaba en el pasillo.

—¿Estás lista?

Zoé suspiró. Estaba claro que él tenía prisa por marcharse. Sabía, sin embargo, que no la dejaría sola aunque se lo pidiera, así que le explicó lo que pensaba hacer.

—¡No lo dirás en serio!

Zoé le hizo un gesto para que bajara la voz.

—No te obligo a nada, Anthony. Pero lo tengo decidido. Lo haré contigo o sin ti.