El Clarividente Capítulo 1
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El Clarividente

El Clarividente

Por Julia Salvador

© inepub.com

Capítulo 1

¿Dónde estás?

Esa pregunta me atormenta, y temo morir sin conocer la respuesta.

Porque voy a morir, eso es un hecho. Aquí, en la oscuridad en la que me tiene prisionera, me consuela pensar que pronto estaremos juntas.

Quiero creer que hay vida en el más allá.

Quiero creerlo por las dos. No sé cuándo volverá, pero sé lo que me espera.

Sé que voy a sufrir, y eso sí me da miedo.

He visto lo que les ha hecho a las demás mujeres.

A las que vinieron antes que tú y a las que vinieron después.

No quiero pensar en eso. La única forma de apartar de mi mente las imágenes de esos cuerpos mutilados es concentrarme en ti, mi querida hermana.

La última vez que te hablé… Intento acordarme, recuperar ese momento, pero parece sepultado bajo el dolor, ahogado en lágrimas.

Las imágenes desfilan por mi cabeza como las páginas de un álbum de fotos hojeado demasiado deprisa.

No consigo atrapar ese instante que se me escapa.

Aquel en el que oí tu voz por última vez.

¿Por qué me cuesta tanto? Cuánto me gustaría recuperarlo.

Recuperarte a ti. Tal y como eras antes de desaparecer.

Te quiero, ¿sabes? Nunca te lo dije. Más bien al contrario, ¿no?

He perdido la cuenta de las veces que corté en seco nuestras conversaciones.

Siempre tenía algo más urgente que hacer, algo más importante.

Podía pasar semanas sin dirigirte la palabra, sin hacer caso de tus llamadas ni de tus mensajes, que me apresuraba a borrar sin leer.

Debiste de pensar que era una desagradecida, pero lo único que quería era que estuvieras orgullosa de mí.

Tú, mi hermana mayor, mi modelo, mi brújula, la única persona a la que acudía cuando las dudas no me dejaban avanzar, la que podía perdonármelo todo.

Nunca has sido rencorosa. ¡Justo lo contrario que yo!

Pero esto es distinto. No te he hablado desde hace un año, cinco días y…

cuento las horas. Por cierto, he usado tu perfil de Facebook.

Sabía que te pondrías furiosa si te enterabas.

Nunca te ha gustado que husmee en tus cosas, así que no me he cortado.

Esperaba que te enfadaras, que eso te hiciera volver.

Pero nunca volviste. Verás, eso es lo más difícil.

No saber. Porque, por un lado, sé que estás muerta y que tu cuerpo está en algún lugar, en lo más hondo de un bosque tan espeso que nadie se adentrará jamás en él.

Y, a veces, me asalta esa duda, esa esperanza ridícula…

¿Y si siguieras viva? Yo lo estoy. Aunque no sé cuánto tiempo me queda…

Ya vuelve la angustia. Aquí había una mujer, prisionera como yo.

No la veía porque me había vendado los ojos, pero la oía.

No hablo del ruido de sus uñas al arañar el suelo.

Hablo de sus sollozos. Incesantes. Angustiosos.

Sollozos que resonaban demasiado hondo dentro de mí.

Me daban ganas de gritarle que se callara.

Seguramente lo habría hecho si no me hubiera amordazado a mí también.

Ya me conoces… Y luego se la llevó. Ahora echo de menos sus lamentos.

Me pregunto cuánto hace que se fueron. Sé que ella no volverá.

Pero él… Él volverá a buscarme, volverá para…

Acabo de oír un ruido. Intento hacer callar mi cabeza.

Contengo la respiración. Sí, ahora estoy segura.

El ruido de unas llaves en la cerradura.

Ha vuelto.