Epílogo
Alicante, una semana antes…
Hace tiempo que no se siente tan feliz. Llegó a creer que no había nada más para ella.
Que no servía para nada. Que nadie la querría.
Por mucho dinero que tuviera, por mucha gente que la rodeara, nada lograba aliviar la soledad que sentía.
Incluso la persona en quien más confiaba acabó traicionándola. Tocó fondo.
Pero entonces apareció alguien que lo cambió todo. Alguien que le abrió los ojos. Que le mostró el mundo como nunca antes se había atrevido a contemplarlo.
Únicamente lamenta una cosa: haber tenido que dejarlo todo atrás. Pero, al fin y al cabo, si deseas algo de verdad, has de luchar por conseguirlo.
Y ella ha apostado fuerte.
Termina de cepillarse el pelo y se lo recoge con una cinta. Tiene que darse prisa si quiere llegar a tiempo al trabajo. De todos los cambios que ha hecho en su vida, ese es el que más valora: disfrutar de un empleo y de una independencia.
Sale de casa y camina a paso ligero hasta la oficina. Saluda al entrar y se dirige a su despacho. Se sienta y enciende el ordenador.
Abre el correo con una mezcla de ansiedad y expectación. En realidad, solo le interesa uno.
«Amor mío, solo te pido un poco más de paciencia. Pronto estaremos juntos. Todo está saliendo según lo previsto. Hasta que llegue el día, cuídate mucho. Te quiero».
Isabel se acaricia el abdomen y sonríe.