EL CEO OBSESIONADO CON SU EX EMPLEADA #9
Para Eliza, el pasado con Mateo se había convertido en una sombra borrosa y sin importancia. Al mirar atrás, se daba cuenta de que nunca había amado a Mateo con la intensidad destructiva y enloquecedora con la que amaba a Damián. Damián la tenía completamente feliz, obsesionada y loca por él.
Una noche, apenas unos meses después del parto, las bebés dormían bajo el cuidado de las niñeras en la otra ala de la mansión.
Eliza se encontraba en el gran vestidor de la suite principal, mirándose al espejo mientras se ajustaba una falda sastre de seda negra.
Sus curvas eran más pronunciadas ahora, su pecho más lleno, y su coño, constantemente estimulado por Damián, parecía ansiar su toque a cada segundo.
Damián entró al vestidor con un paso firme, quitándose la corbata. Sus ojos oscuros escanearon el cuerpo de su esposa, deteniéndose en la forma en que la falda abrazaba sus nuevas caderas. Los celos y la devoción se mezclaron en su rostro.
-Mírate, Eliza… -susurró Damián, caminando hacia ella por la espalda y envolviendo sus manos alrededor de su cintura, apretándola contra su cuerpo-. Me diste tres hijas perfectas, pero sigues siendo mi asistente, mi mujer, mi adicción. Estás más hermosa que nunca.
Eliza echó la cabeza hacia atrás, apoyándose en el pecho de su esposo, sintiendo cómo el calor de su cuerpo la encendía al instante.
-Te amo, Damián. Mucho más de lo que alguna vez creí posible amar a alguien -gimió ella, girándose entre sus brazos para besarlo con desesperación, metiendo la lengua en su boca-. Me tienes loca, completamente tuya.
Damián no esperó. La urgencia de poseerla lo dominó.
La tomó por los muslos y la levantó, sentándola con brusquedad sobre la cómoda de madera fina del vestidor, esparciendo algunos frascos de perfume que tintinearon al caer.
Subió la falda negra hasta su cintura de un solo movimiento.
Al notar que Eliza no llevaba lencería, guardando el secreto para él, Damián soltó un gruñido de pura satisfacción.
Su coño estaba caliente, hinchado y desbordando una lubricación abundante y natural que delataba cuánto lo deseaba. Damián se arrodilló de inmediato entre sus piernas abiertas.
-Mmm… hueles a mí, Eliza. Toda tú me perteneces -dijo él, antes de hundir la cara directamente en su intimidad.
Su lengua comenzó a devorarla con una fuerza salvaje, lamiendo los labios mayores y concentrándose en su clítoris hipersensible con succiones profundas que hicieron que Eliza gritara, aferrándose a los hombros de su esposo mientras sus muslos temblaban.
Damián pasaba horas ahí abajo, debilitando su coño con una devoción carnal que la hacía olvidar el mundo exterior.
La estimulación era tan intensa y el amor que sentía por él tan desbordante, que Eliza sintió la conocida presión líquida acumularse rápidamente en su vientre.
-¡Damián, sí… oh Dios, me voy a venir ya! -gritó, arqueando la pelvis hacia su boca.
Damián incrementó las lamidas y la penetró al mismo tiempo con dos dedos, buscando su punto más sensible. El espasmo fue violento. El cuerpo de Eliza se sacudió en un orgasmo masivo y un squirt abundante y ardiente brotó con fuerza de su intimidad, empapando la lengua y las mejillas de Damián.
Sin dejarla respirar, Damián se puso de pie, se liberó del pantalón y la penetró de un solo golpe profundo, hundiéndose hasta el fondo de su coño hirviente.
El vestidor se llenó del sonido rítmico y húmedo de sus cuerpos chocando, mientras Eliza, completamente feliz y sometida a la lujuria de su esposo, se entregaba a la vida que la había transformado para siempre.
Cinco años volaron en un parpadear de ojos.
A mis 40 años, la vida en la mansión ha tomado un ritmo diferente, pero no por eso menos intenso.
Las trillizas ya tienen cinco años; son unas niñas despiertas, llenas de energía, que corren por los pasillos y llenan de risas cada rincón de nuestro imperio.
Ser madre de tres niñas pequeñas consume tiempo y energía, y es verdad: el sexo salvaje y sin horarios en cualquier rincón de la casa ha disminuido un poco por la rutina familiar y las responsabilidades.
Ya no podemos encerrarnos horas enteras en la oficina o en el vestidor a mitad del día con tanta frecuencia.
Sin embargo, cuando la noche cae, las niñas duermen y las puertas de nuestra suite se cierran con cerrojo, Damián sigue siendo el mismo hombre dominante, celoso y ninfómano de siempre.
Esos momentos a solas se vuelven nuestro santuario de pura lujuria.
Él sigue levantando mis faldas sastre con la misma urgencia, buscando el acceso rápido a mi coño, y devorándome con su lengua hasta hacerme estallar en orgasmos intensos y squirts que inundan las sábanas de seda.
Su pasión por mí no ha envejecido ni un solo día.
Miro mi vida hoy, a mis 40 años, y me siento una mujer completamente realizada.
Soy la esposa del hombre más poderoso, madre de tres hermosas niñas, y dueña de una felicidad que nunca imaginé tener.
El pasado quedó enterrado para siempre y no me importa nada más.
Soy feliz, estoy loca por él, y sé que nuestro lazo de obsesión y placer es indestructible.
Este es el cierre de una etapa perfecta… pero nuestra historia está lejos de terminar.