El Cazador (Vrix nº 3) 27. Capítulo Veintisiete #3
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27. Capítulo Veintisiete #3

Dios, todavía no podía creerlo. Telok era su compañero. Distraídamente, Lacey tocó la marca de su hombro. Y él estaba en algún lugar ahí fuera, probablemente dolido porque ella lo hubiera apartado. Porque se había cerrado a él. Necesitaba encontrarlo.

—¿Duele? —preguntó Sophia.

—¿El qué? —dijo Lacey.

La mujer señaló el hombro de Lacey.

—Supongo que eso te lo hizo Telok —comentó Sophia.

Lacey se sonrojó, cubrió la marca suavemente con una mano y asintió.

—Escuece, pero es soportable —dijo.

—Todavía estoy intentando asimilar que humanos y vrix puedan aparearse —comentó Sophia.

Lacey rio.

—No parece que debiera ser posible, pero desde luego somos físicamente compatibles.

—Bueno, pues enhorabuena —dijo Sophia con una sonrisa.

—Gracias —dijo Lacey.

—¿Crees que ya podrías reunirte con los demás y comer algo? —preguntó Sophia.

—En realidad me muero de hambre —dijo Lacey.

Sophia rio y se puso en pie antes de tenderle una mano.

—Entonces vamos —dijo.

Lacey aceptó su mano y se levantó. Sus músculos protestaron a gritos. Se preparó para otra repentina pérdida de semen, pero, por suerte, solo sintió algo de humedad pegajosa en el interior de los muslos. Las dos mujeres abandonaron juntas la guarida.

Una brisa fresca y suave hizo ondear la falda y el cabello de Lacey.

El sol se estaba poniendo y le permitía vislumbrar los últimos rojos, naranjas y púrpuras del cielo mientras se mezclaban con los azules y violetas oscuros de la noche.

Había pasado mucho más tiempo del que pensaba.

Y eso solo hizo que se sintiera todavía peor.

—¿Cómo es Kaldarak? —preguntó Sophia mientras subía al puente de cuerda.

Lacey la siguió, aferrándose a las barandillas cuando el puente comenzó a balancearse. Siempre odiaba cruzar aquellas cosas de noche. Si mirabas hacia abajo, solo podías ver el resplandor de las plantas a una enorme distancia bajo ellas, rodeado por una oscuridad absoluta.

—Se parece bastante a este lugar, solo que es más grande —dijo Lacey—. Las guaridas de los cráneo-espinas son más parecidas a la que Telok y yo estamos utilizando, en lugar de nidos colgados de las ramas. Y todas están construidas sobre plataformas alrededor de los árboles.

—Tas me dejó uno de esos nidos cuando me trajo aquí por primera vez, pero solo duré una noche. Odiaba sentirme atrapada allí arriba y odiaba todo el proceso de que tuvieran que llevarme dentro y fuera. Era aterrador.

—Sí, Ivy nos contó perfectamente cómo fue vivir en una de esas cosas con Ketahn —dijo Lacey riendo.

A medida que se acercaban a la reunión de la plataforma central, la música y las voces aumentaron de volumen. Los fuegos alimentados con savia ardían en cuencos e iluminaban tanto la zona como a los numerosos vrix que bailaban, conversaban y comían.

Garahk resultaba fácil de localizar gracias a su piel blanca y su enorme cuerpo.

Estaba sentado con un grupo de danzavientos, incluidas varias crías, aparentemente en mitad de una historia.

Droztar comía con otros danzavientos. Koss, Okkor y Elharat participaban en una especie de juego de lanzamiento de palos con otro grupo.

Y Ayali estaba en el centro de la plataforma, bailando íntimamente con Ess y Zesh.

Los cráneo-espinas parecían encantados con su nueva amistad.

—¡Veo a Cole! —dijo Sophia con emoción mientras señalaba.

El hombre rubio estaba junto a los músicos danzavientos, golpeando un tambor y balanceando el cuerpo al ritmo.

Lacey sonrió y empujó suavemente a Sophia hacia él.

—Ve —le dijo.

—¿Seguro?

—Sí, ¡ve con tu hombre! Yo voy a buscar a Telok.

—Gracias. Me ha encantado hablar contigo —dijo Sophia sonriendo ampliamente.

—A mí también —contestó Lacey.

Sophia atravesó rápidamente la multitud, abriéndose paso hacia Cole.

Él giró la cabeza al ritmo de la música y, cuando la vio, una enorme sonrisa se extendió por su rostro.

Se apartó del tambor y recorrió la distancia entre ambos.

Pasó un brazo alrededor de la cintura de Sophia y la hizo girar en una danza antes de bajar la boca hasta la de ella.

Sophia se derritió entre sus brazos, le rodeó el cuello y le devolvió el beso.

Lacey los observó. Solo sintió felicidad por los dos. Ahora…

¿Dónde estaba Telok? Recorrió la multitud buscándolo.

Respondió a los saludos cuando alguien le hablaba, pero no se detuvo a conversar.

Por fortuna, nadie mencionó lo que había ocurrido entre Telok y ella aquella mañana.

Solo celebraban su fuerza y habilidad por haberse enfrentado solo a tantos kurghests.

Lacey frunció el ceño mientras examinaba los límites de la plataforma. Telok no estaba allí.

No es que esperara encontrarlo bailando o celebrando. Telok prefería mantenerse apartado y evitar grandes multitudes. Pero había pensado que estaría vigilando más cerca de la guarida, protegiéndola silenciosamente mientras caía la noche. O esperando allí por si ella decidía salir.

«¿Dónde está?»

Desanimada y sin ganas de permanecer rodeada de tanta gente, Lacey recogió algo de comida y regresó con ella a la guarida. Esperando que Telok volviera pronto. Esperando no haber arruinado todo lo que existía entre ellos.

«¿Lo he… jodido todo?»