El Cazador (Vrix nº 3) 27. Capítulo Veintisiete
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27. Capítulo Veintisiete

CAPÍTULO VEINTISIETE

«Deja de ser una cobarde».

«No soy una cobarde».

«Sí que lo eres. Una cobarde ridícula, patética».

Lacey se puso una almohada sobre la cabeza como si así pudiera silenciar sus pensamientos.

Pero apenas conseguía amortiguar siquiera la música que llevaba horas atormentándola, llegando hasta la guarida desde el centro de la aldea, donde todos se habían reunido para la cena. Donde ahora estaba Telok.

Lacey gimió contra las pieles, odiando que aquella voz maliciosa de su cabeza tuviera razón. Se estaba comportando como una cobarde. Escondida allí bajo las mantas. Lejos de miradas curiosas. Lejos de… Telok.

Telok, que no hacía tanto había hecho todo lo posible por ignorarla y evitarla.

Y que aquel día la había reclamado oficialmente como compañera.

¿Qué había tenido de malo lo que habían compartido?

Habían follado. Un sexo increíble, animal, capaz de dejarla sin aliento.

Era una parte natural de la vida. No tenía ningún motivo para avergonzarse.

El concepto de pudor era prácticamente ajeno a los vrix.

Por supuesto, muchos disfrutaban de la intimidad de sus propias guaridas, pero la desnudez no les preocupaba en absoluto.

Incluso había oído historias de vrix a los que alguien había sorprendido apareándose al aire libre —igual que a Telok y a ella— y que simplemente habían continuado como si nada.

Ninguno de ellos habría entrado en pánico. Ninguno se habría sentido avergonzado.

Del mismo modo que probablemente a nadie le importaba que Lacey hubiera estado enganchada al nudo de la polla de Telok, completamente desnuda y teniendo un orgasmo tras otro mientras él luchaba contra un montón de bestias.

Pero a ella sí.

Lacey había odiado el aspecto de su cuerpo durante demasiado tiempo, y aquel día todo había quedado expuesto.

Odiaba lo desnuda que se había sentido. Lo vulnerable, indefensa y asustada.

Odiaba que aquel precioso momento entre ambos hubiera sido interrumpido por los kurghests.

Que hubiera estado flotando en pleno éxtasis…

Mientras al mismo tiempo temía que unas garras y unos colmillos la despedazaran.

«Estaba atrapada corriéndome alrededor de su polla mientras nuestras vidas corrían peligro».

Ya había estado temblando después de aparearse con Telok, pero todo aquello la había dejado completamente sacudida hasta lo más profundo.

Y lo peor… Cole, Sophia y todos los vrix habían estado allí para verlo.

Apenas a unos pasos de distancia mientras Telok la separaba de su cuerpo.

Habían oído el sonido de su sexo soltando el nudo.

El torrente de fluidos al caer al suelo. Había sido humillante.

«Y en lugar de estar acurrucada en la cama con tu nuevo compañero, lo echaste».

«Gran idea, Lacey».

El pecho se le contrajo y un profundo vacío doloroso se abrió alrededor de su corazón.

Telok había querido quedarse. Había querido sostenerla.

Consolarla. Pero ella le había pedido espacio.

Aquel puto espacio estúpido del que ahora se arrepentía.

Porque quería estar envuelta entre sus brazos.

Perderse en su aroma. Sentir sus garras acariciándole tranquilizadoramente el cabello.

Quería su presencia silenciosa y estable.

Su fuerza. Pero su cabeza había sido un caos tan enorme…

Ahora estaba sola, maldiciéndose por su cobardía y odiando saber que era culpa suya que Telok no estuviera allí.

«Podrías ir a buscarlo y disculparte».

—¡Sí! —Lacey se quitó de encima la almohada y la manta y se incorporó—. Probablemente esté esperándome.

Le había dicho que se reuniría con los demás, pero Lacey lo conocía lo suficiente como para dudar que hubiera cumplido su palabra.

Seguramente habría encontrado algún lugar tranquilo donde poder encerrarse en sí mismo.

Solo. Rechazado por su compañera. Aquello hizo que el corazón le doliera todavía más.

Lacey lo había apartado precisamente cuando ella era la única persona con la que él quería estar.

—Tengo muchísimo por lo que disculparme —murmuró mientras se levantaba y bajaba del lecho.

Entonces se quedó inmóvil. Algo caliente y viscoso acababa de escapársele. Juntó bruscamente los muslos.

—Me cago en todo… ¿Más? —gritó.

En la zona de las duchas había un cubículo con una especie de retrete improvisado, evidentemente construido pensando en un humano.

Lacey lo había utilizado cuando Telok la llevó allí antes.

No se había creído la presión que había sentido con la vejiga tan llena.

Ni el enorme alivio al vaciarla. Después se había duchado, limpiándose por dentro todo el semen de Telok que había podido.

Pero, por lo visto, él había descargado cubos enteros dentro de ella.

Porque seguía saliendo. Ahora sus pantalones cortos lucían una enorme mancha oscura.

Lacey se los quitó junto con el resto de la ropa y los lanzó a una esquina para lavarlos después.

Cada músculo dolorido, cada raspón y cada moratón se hicieron notar al moverse.

Pasó suavemente las yemas de los dedos por los arañazos de su cadera, donde se distinguía claramente la marca amoratada de la mano de Telok.

Cualquier dolor que pudiera haberle provocado aquel agarre había quedado completamente eclipsado por el intenso placer que había sentido.

O quizá simplemente se hubiera mezclado con él.

Lacey tocó la mordedura de su hombro y siseó.

La herida estaba bastante sensible. Pero era su sexo lo que sentía con mayor intensidad.

Los labios seguían hinchados y sensibles.

El clítoris todavía palpitaba con un dolor sordo.

Y había una clara sensación de vacío allí donde Telok la había llenado antes.

Suspirando, se agachó junto a la bolsa y sacó un pequeño tarro de ungüento que había llevado consigo.

Se mordió el labio inferior mientras aplicaba un poco de aquella pomada verde sobre la mordedura.

Después guardó el tarro y utilizó un paño limpio para frotarse con mucho cuidado entre los muslos, esperando que lo peor de las pérdidas hubiera terminado.

Arrojó el paño sobre los pantalones cortos, se puso un vestido limpio y después las botas.

Mientras se pasaba los dedos por el cabello para deshacer los enredos y conseguir estar al menos un poco presentable, alguien golpeó el marco de la entrada.

«¡Telok!»

Una enorme sonrisa apareció en sus labios y el estómago se le llenó de mariposas de emoción y expectación. Lacey corrió hacia la entrada, agarró la cortina y tiró de ella. Todo dentro de ella se desinfló.

Sophia estaba allí. Sostenía una taza de arcilla y una jarra, vestida con un corto vestido marrón oscuro de un solo hombro y una sonrisa amable.

No había ningún vrix enorme, negro y verde, a la vista.

—Hola, Lacey. Yo… espero que no sea mal momento. Solo quería pasarme a ver cómo estabas —dijo Sophia.

—Estoy… Yo, eh… —balbuceó Lacey, sonrojándose. Se pasó los dedos por el cabello para apartárselo del rostro—. ¿La verdad? Estoy muerta de vergüenza y creo que apenas estoy empezando a salir del shock.

—Me lo imagino. Yo no voy a juzgarte, te lo prometo. Solo me alegro de que estéis bien. Todos nos alegramos.

Parte de la tensión que se había ido acumulando dentro de Lacey desapareció.

—Gracias —dijo.

La sonrisa de Sophia se ensanchó.

—¿Te apetece hablar un rato? —preguntó Sophia.

—Eh, claro —contestó ella. Aunque Lacey habría preferido salir a buscar a Telok, se apartó y sostuvo la cortina para que Sophia entrara—. ¿Sabes… dónde está Telok?

—La última vez que lo vi estaba con Tas, pero hace ya bastante rato de eso —respondió Sophia mientras caminaba hacia la mesa. Llenó la taza, dejó la jarra y se volvió para tendérsela—. Toma.

—Gracias —dijo Lacey llevándose la taza a los labios, estuvo a punto de gemir cuando el agua refrescó su garganta reseca. Antes de darse cuenta, ya la había vaciado y estaba sirviéndose otra para beber de nuevo.

—Me alegro de haber traído agua —dijo Sophia riendo.

—En serio, gracias —dijo Lacey sin aliento mientras dejaba la taza vacía.

—También hay comida ahí fuera, si tienes hambre.

—Tengo muchísima, pero yo… todavía necesito un momento —dijo Lacey.

—Lo entiendo.

Lacey señaló los cojines que había en el suelo y que ni ella ni Telok habían utilizado para dormir.

—¿Quieres sentarte? —preguntó.

—¡Claro! —exclamó Sophia.

Ambas se acomodaron sobre los cojines. Lacey lo hizo algo más despacio y con mayor cuidado debido a los deliciosos dolores de su cuerpo y a la sensibilidad de su sexo.

Sophia miró hacia la entrada.

—En realidad no era la única que quería comprobar cómo estabas —comentó Sophia.

Lacey arqueó una ceja.

—¿Quién más? —preguntó.

—Cole —respondió Sophia con una sonrisa—. Intentaba disimularlo, pero estaba preocupado por cómo estabas de la cabeza. Cuando vio que no estabas con Telok, me preguntó si podía venir a verte. Dijo que habría venido él mismo, pero que no quería incomodarte después de… bueno, ya sabes.

El calor inundó el rostro y el pecho de Lacey, pero le conmovió saber que Cole había sido tan considerado.

—A veces puede ser un poco irritante, pero es buen tío —dijo Lacey.

Sophia bajó la mirada hacia su regazo, donde sus dedos jugueteaban con el dobladillo del vestido.

—Me gusta —afirmó Sophia con una sonrisa tímida—. Quiero decir, me gusta muchísimo. Después de tanto tiempo, jamás pensé que volvería a ver a otro ser humano. Y entonces aparecisteis de repente. Y cuando lo vi… Fue como sentir mariposas revoloteando por todo mi cuerpo.

Lacey sonrió.

—Cole está bastante bueno —dijo.

—¿Bastante bueno? —Sophia resopló juguetonamente y volvió a mirarla—. Ese hombre está buenísimo. Además, tiene dedos mágicos y una lengua digna de un dios. Dios, los orgasmos que me dio anoche…

Lacey arrugó el rostro y la señaló con un dedo.

—Eso es demasiada información —dijo Lacey.

Sophia soltó una carcajada.