El Cazador (Vrix nº 3) 14. Capítulo Catorce
34%

14. Capítulo Catorce

CAPÍTULO CATORCE

Lacey miró de reojo a Telok mientras él la llevaba en brazos por la jungla.

Sus ojos se movían constantemente, atentos y alerta, buscando cualquier peligro.

Había sido así desde que lo conocía: siempre en guardia, siempre vigilando posibles amenazas, siempre preparado para lanzarse a la acción.

¿Descansaba alguna vez? ¿Alguna vez se permitía simplemente… existir?

La mirada de Telok descendió y se encontró con la suya. Lacey apartó rápidamente los ojos mientras sus mejillas, ya sonrojadas, se encendían todavía más.

El agarre de Telok alrededor de ella se tensó.

Lacey se había mostrado atrevida con él muchas veces.

Lo había mirado directamente a los ojos y lo había insultado, se había mantenido firme cuando él se ponía a gruñir, había discutido con él sin el menor indicio de miedo.

El otro día incluso le había cogido la mano como si le perteneciera.

Y, sin embargo, cuando Telok la trataba así, con aquellos cuidados autoritarios pero delicados, ¿era incapaz de mantenerle la mirada?

Lacey bajó el brazo y dejó las manos sobre el regazo. Solo estaba… sintiéndose especialmente vulnerable en aquel momento. Eso era todo. Estaba aturdida, agotada y dolorida, por no mencionar la vergüenza de que Telok la estuviera llevando en brazos delante de todo el mundo.

—Entonces, ¿adónde vamos? —preguntó.

—Ya lo verás, vi’jatai —respondió él.

Telok la había llamado así muchas veces cuando estaba enfadado o frustrado con ella, pero ahora no quedaba rastro de aquella irritación inicial. La forma en que acababa de pronunciarlo había sido casi… Tierna. Pese a la aspereza de su voz. Como un apelativo cariñoso.

Y, joder, aquello hizo que el vientre de Lacey revoloteara y que su corazón se acelerase.

Se frotó el pecho resbaladizo de sudor.

—¿Ni una pista?

—Ikesh’al sothak ursh ul vi’selyek.

«Llegaremos dentro de poco».

Lacey le sonrió.

—Entonces, supongo que disfrutaré del paseo hasta que lleguemos.

—Como ya he dicho —bromeó Cole desde detrás de ellos—. Trato de princesa.

Lacey miró por encima del hombro de Telok.

—Silencio, plebeyo.

Cole resopló.

—¿Así vamos a estar, eh?

—Bueno, si voy a recibir trato de princesa, más me vale comportarme como una, ¿no?

—Tú no eres mi princesa.

—Si se lo pides amablemente, Cole, seguro que Garahk te lleva un rato.

—Sí, probablemente lo haría. Porque Garahk es un colega.

—¿Yo soy qué? —preguntó Garahk, confundido.

Cole se dejó caer un poco hacia atrás para darle un codazo en el brazo.

—Eres un colega. Un tío. Ya sabes, de los míos.

—Qué descriptivo, Cole —dijo Lacey, poniendo los ojos en blanco.

—¡Ah! Tío.

Garahk gorjeó y le dio a Cole una palmada en la espalda que lo hizo tambalearse hacia delante. Después lo atrapó por la bolsa y le revolvió el pelo rubio.

—Kess elad kir’ani tío.

—¡Eh! —Cole se agachó para escapar de la mano de Garahk y se recolocó el pelo revuelto—. Cuidado con el pelo.

Lacey rio.

—¿Qué es princesa? —preguntó Telok, devolviendo su atención hacia él.

—Una princesa es la hija de un rey o una reina.

Las mandíbulas de Telok se abrieron junto con sus ojos.

—¿Eres la cría de una reina?

—Claro que no —respondió con un poco más de fuerza de la que pretendía—. Cole lo dice porque las princesas suelen estar mimadas y consentidas —dijo, suavizando el tono.

Telok inclinó la cabeza y un breve gruñido de incertidumbre sonó en su pecho.

—¿Mimaadah?

—Es cuando alguien cuida de ti sin que tú tengas que mover un dedo. Como que te cojan en brazos, te sienten a la sombra y te sirvan fruta y agua, o que te lleven de un lado a otro…

—Yo hice esas cosas.

—Ya…

Sus mandíbulas se crisparon.

—¿Está… mal?

—No, no está mal. Pero ¿les diste fruta a todos? ¿Te ofreciste a llevar a Cole?

—Cole puede caminar.

—Yo también.

—No. Estás herida —dijo Telok negando firmemente con la cabeza.

—Si Cole estuviera herido, ¿lo llevarías?

—Sí —dijo Telok, resoplando.

Lacey no sabía cómo había conseguido impregnar aquella pequeña palabra de tanto mal humor cómico, pero sabía que no estaba mintiendo. Quizá no le haría ninguna gracia. Pero lo haría.

Lacey sonrió y deslizó un dedo por el pecho de Telok, disfrutando del estremecimiento que lo recorrió y de cómo apretó la mandíbula.

—¿Llevarías a Cole como me estás llevando a mí?

—No.

Sin vacilación. Sin pensárselo dos veces. La sonrisa de Lacey se ensanchó.

—Telok, ¿me estás mimando?

Con aquel fuego en sus ojos, él sostuvo su mirada.

—Estoy cuidando de ti.

El revoloteo de su vientre se intensificó y se extendió por ella como miel caliente, pero a aquella ternura la siguió un dolor agudo. Nunca nadie había cuidado de ella.

Lacey volvió la cara hacia delante, mordiéndose el labio inferior, luchando por contener sus emociones.

Estaba cansada y dolorida, y sabía que no haría falta mucho para ponerse a llorar.

Y de verdad no quería tener que explicarle a Telok por qué estaba volviendo a «perder líquido por los ojos» otra vez.

La jungla allí tenía el mismo aspecto que en todas partes.

Árboles gigantescos con raíces nudosas y ramas largas y gruesas, rocas cubiertas de musgo, un follaje denso de hojas variadas y flores de vivos colores.

Lacey se había familiarizado un poco con los alrededores de Kaldarak, pero tan lejos de la ciudad todo empezaba a mezclarse y no tenía ningún punto de referencia con el que orientarse.

Pero Telok permanecía constante. La acunaba contra sí como si fuera algo precioso.

Mientras estuviera con ella, Lacey nunca estaría perdida.

—¿Lo oyes? —preguntó él en voz baja.

—¿Oír qué? Yo no… —respondió Lacey frunciendo el ceño.

Telok le puso un dedo sobre los labios, silenciándola.

—Escucha —dijo.

Durante unos instantes, Lacey no oyó nada salvo los habituales cantos de los pájaros, llamadas de animales y susurros de hojas de la jungla. Entonces lo percibió.

Un suave borboteo que aumentaba poco a poco de volumen mientras Telok continuaba avanzando. Lacey se animó y recorrió con la mirada el terreno frente a ellos, buscando el origen del sonido.

—¿Eso es agua?

Si el agarre de Telok hubiera sido apenas un poco menos firme, quizá habría saltado de sus brazos de la emoción para echar a correr. Volvió a mirarlo con una sonrisa enorme.

—¿Eso era lo que querías enseñarme?

La única respuesta de Telok fue elevar las mandíbulas formando la versión vrix de una sonrisa. La expectación de Lacey creció al mismo ritmo que el sonido del agua.

Cuando la jungla finalmente se abrió para revelar un arroyo, se le cortó la respiración. Teniendo en cuenta cómo se había sentido durante los últimos días, era la visión más hermosa que podía haber imaginado.

Era más grande que los pequeños riachuelos en los que se habían detenido últimamente, con al menos seis metros entre una orilla y la otra, y estaba protegido del sol por las frondosas ramas que se extendían muy por encima.

Columnas dispersas de luz atravesaban el follaje y hacían brillar el agua cristalina.

Lacey calculó que le llegaría hasta las rodillas.

Más que suficiente para sentar el culo dentro y dejar que el agua fluyera a su alrededor.

—Bien, Piel de Cicatrices —dijo Garahk en vrix desde detrás de Telok—. Nos lavaremos aquí y descansaremos un poco más.

—¡Joder, sí! —vitoreó Cole.

Y casi antes de que Lacey pudiera parpadear, dejó caer la bolsa y las armas al suelo, se quitó las botas a patadas y se bajó los pantalones, y con la polla balanceándose al aire, echó a correr hacia el agua.

—Tan entusiasta como siempre —murmuró Lacey mientras apartaba la mirada.

—Debo atender a Lacey —declaró Telok—. Estaremos cerca.

—¿Eh? —preguntó parpadeando, y levantó la mirada hacia él.

Telok hizo un gesto hacia Elharat, que se acercó y le entregó la bolsa y la lanza de Lacey. Entonces Telok comenzó a caminar corriente arriba, dejando atrás a los demás.

—¿Por qué no nos quedamos con ellos? —preguntó.

—No necesitan ver.

—¿No necesitan ver qué?

La mirada de Telok descendió brevemente hacia ella.

—A ti.

Aquella breve mirada posesiva envió una oleada de deseo a través de Lacey. La reprimió.

—No lo entiendo. Siempre nos hemos quedado juntos cuando nos deteníamos junto al agua. ¿Qué importa que me vean o no?

—Querías bañarte. Te doy privacidad.

Eso significaba… ¿Que iba a montar guardia para que pudiera quitarse la ropa y bañarse de verdad? ¿Con jabón?

Lacey soltó un pequeño chillido de felicidad.

—Ahora mismo podría besarte.

El paso de Telok vaciló y volvió bruscamente la cara hacia ella, con los ojos intensificándose. Aunque Lacey no oyó ningún sonido, sintió una vibración profunda y grave en su pecho.

«A alguien le gusta cómo suena eso…»

Levantó una mano y deslizó un dedo por su mandíbula.

—¿Quieres… un beso, Telok?

Él se detuvo. Su mirada descendió hacia la boca de Lacey. No necesitaba ninguna confirmación verbal. Estaba escrito en sus ojos mientras contemplaba sus labios con hambre.

Lacey se inclinó hacia delante y lo besó en la mejilla.

Fue apenas un fugaz contacto de sus labios, pero un estremecimiento recorrió a Telok y su agarre se tensó antes de que ella se apartara.

Los labios de Lacey hormigueaban por el contacto.

La cabeza de Telok descendió tras ella. Su boca se apretó con brusquedad contra la suya.

Los ojos de Lacey se abrieron de par en par y el corazón dio un vuelco.

Aunque no tenía labios ni experiencia, el beso de Telok fue seguro y exigente.

Lacey sintió sus falsos colmillos contra sus labios.

Sintió su aliento sobre la piel. Sintió el calor irradiando de él como si fuera un horno. Y, pese a todo, deseaba aquel calor.

Cerrando los ojos, Lacey le sostuvo la mandíbula y respondió al beso, deslizando los labios de un lado a otro sobre aquella boca inflexible. ¿Cuántas veces se había preguntado cómo sería besarlo? ¿Cuántas veces había fantaseado con aquello? Antes había creído que era imposible. Ahora… Era real.