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Markus
Elise lleva dos semanas sin venir a la oficina y, por mucho que intento concentrarme, su ausencia me afecta muy negativamente.
Me cuesta aceptar que apenas tengo noticias suyas, salvo por Nora, que es la única que ha conseguido acercarse a ella.
Yo no. A mí no me deja entrar.
He intentado escribirle, llamarla…, pero sus respuestas, si es que llegan, se reducen a «sí», «no» o «gracias».
Siento que me está alejando y me niego a que así sea, pero la verdad es que ya no sé cómo proceder, si debo insistir o dejarla respirar.
No sé si esperarla o buscarla. No sé nada…
La impaciencia está acabando conmigo y esta situación empieza a superarme.
Porque no puedo estar ahí para ella; porque no puedo compartir ese dolor que la está consumiendo.
Entiendo que necesite espacio, pero no comprendo que no me permita ni siquiera estar . Por supuesto, lo último que deseo es forzarla, pero tampoco quiero desaparecer. Me niego a perder lo que teníamos, aunque empiezo a temer que ese nosotros se esté diluyendo con cada día que pasa.