El caos de los mortales (Mayhem 1) Epílogo
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Epílogo

—L isto. Ya está todo. —Termino de envolver la muñeca de Thane con un pedazo de tela limpia antes de darle una palmadita—. Voy a ver si Conred tiene algo que podamos usar para acelerar tu cura.

Llevamos ya casi una hora navegando. Mientras permanecimos en cubierta, hablamos un poco más de lo que haremos cuando atraquemos en Junsho. Estamos dentro del camarote, sentados en una de las camas cerca de la de Analla.

Analla sigue profundamente dormida.

La tripulación juega cartas en la mesa.

Saber que el gremio de la Sombra está tras nosotros me pone un poquito nerviosa, pero que Thane esté de nuestro lado y que tenga el libro de Azidel disminuye un poco mi preocupación.

Me aseguró que hay lugares donde podemos escondernos y hechizos que podemos usar para que sea muy difícil que Seferin nos encuentre.

Me siento optimista. Él estuvo escondido más de un año antes de volver a aparecer en Meriva.

Empiezo a alejarme, pero Thane toma mi mano y me jala hacia él. Acabo entre sus muslos y no puedo evitar sacudir la cabeza y sonreír cuando toma mi rostro entre sus manos.

—Bésame una última vez antes de que te vayas —murmura, acercando mi rostro para que nuestros labios se encuentren.

Me da un beso suave, tierno, y mi cuerpo se estremece de placer. Por las sombras. ¿En verdad quiero llevar las cosas despacio? Abalanzarme sobre él me parec ería mucho más agradable.

Me aparto y pongo el índice en sus labios, presionándolo contra su boca.

—Creo que estás tratando de hacerme ceder.

Sonríe sobre mi índice.

—¿Funciona?

Contengo la risa y él baja la mirada. Por alguna razón frunce el ceño cuando pasa el dorso de la mano sobre mi pecho.

—¿Dónde está tu collar?

De inmediato bajo la vista. Siento un hueco en el estómago mientras acaricia mi pecho.

—Dioses.

—¿Qué? —pregunta un poco preocupado.

Volteo hacia la puerta del camarote, como si mi collar fuera a aparecer ahí.

—No… no sé dónde está. Tal vez se me cayó mientras escapábamos o…

Cuando volteo a ver la mirada preocupada de Thane y sus ojos un poco confundidos, la realidad me cae encima como una tonelada de alvanita.

No… no se me cayó. Me lo arrancaron.

Recuerdo el chasquido cuando Seferin me tomó por el cuello de la túnica. Pensé que se habían roto algunos hilos, pero lo que reventó fue mi cadena.

Él tomó mi collar. Dioses, y ni siquiera me di cuenta.

El pánico se apodera de mí y echo a correr hacia la puerta para buscarlo en la cubierta, pero antes de poder ir a ningún lado, me mareo y siento que el camarote se expande y se contrae.

— ¡ Zaira! —exclama Thane con más premura—. ¿Estás bien?

La tripulación calla y me mira.

—¿Necesitas algo, Zaira? —pregunta Conred.

Una sensación muy extraña se apodera de mí antes de que pueda responderle a él o a Thane. Algo pútrido y helado se filtra en mi piel y un frío glacial serpentea por mis venas. Los bordes de mi campo de visión se estrechan y unas sombras negras giran alrededor. Todo está tan negro. No puedo ver.

Varios miembros de la tripulación reprimen un grito y uno de ellos maldice en voz alta.

—¿Qué le está pasando? —Escucho el grito de Conred.

Oigo sus voces como si estuvieran ahogadas por el zumbido de mi pulso y mis jadeos de pánico.

Luego, una voz familiar y siniestra entra a mi mente.

«Mente y médula. Alma y sueños.

Tomaré de ti para recuperar mis recursos » .

El cántico se repite.

Una vez.

Y otra vez.

Y otra vez.

La oscuridad de mi visión se aclara y siento que mis rodillas se debilitan. Thane me atrapa antes de que me desplome en el suelo y me abraza con fuerza.

—¿Qué acaba de pasar? —pregunta cuando nuestros ojos se encuentran—. ¿Qué viste?

—No vi nada. Todo estaba negro —respondo mientras los marineros se acercan y nos rodean—. Escuché a alguien.

Thane me lleva a la cama para que pueda sentarme.

— ¿Sabes dónde está tu collar, Zaira?

Hace la pregunta con un tono particular, como si tuviera una idea de cuál podría ser la respuesta, pero necesitara asegurarse de que no es verdad.

—Seferin —respondo con voz ronca, tiritando. ¿Por qué tengo tanto frío?—. Escuché la voz de Seferin. Creo… creo que él lo tiene.

Thane se acuclilla frente a mí con la mirada presa del pánico.

—Mierda.

—¿Qué? —Tomo su mano—. ¿Qué significa?

Me aprieta un poco la mano.

—Significa… —Traga saliva—. Significa que tú…

Abro muchísimo los ojos, esperando a que me lo diga. Cuando voltea a ver a Analla y sacude la cabeza, lo entiendo todo… lo que tanto trabajo le cuesta decir.

—Significa que ahora soy yo quien tiene la maldición —murmuro.