Capítulo 27
E scucho golpes lejanos.
Me quejo y giro sobre un costado, rogando que el sonido acabe. No sucede. Los golpes se reanudan, ahora mucho más fuertes.
—¡Zaira! ¡Levántate! ¡Ya amaneció! —grita Rynthea al otro lado de la puerta—. ¡El rey Draedor está listo para recibirnos!
Me levanto con un jadeo, llevo las piernas hasta el borde de la cama pero es un error, porque tan pronto como me pongo de pie me tambaleo hacia un lado y tengo que sujetarme del baúl más cercano.
«Mierda».
Quizá no debí tomarme otro vaso de vino anoche cuando entré a mi habitación, pero necesitaba algo para distraerme de los pensamientos constantes sobre Thane. En gran parte fue útil, me ayudó a irme directo a dormir.
Ahora me arrepiento. Me sujeto al borde de madera lisa del baúl, respiro con calma y entrecierro los ojos para mirar hacia las puertas cerradas que dan a la terraza.
Un intenso rayo de sol se filtra por la ranura en las cortinas, iluminando los pisos limpios de madera.
Incluso sin mis lentes puedo distinguir los destellos plateados en las paredes de piedra.
—¡Zaira! —vuelve a llamar Rynthea golpeando la puerta—. Puedo oír que te mueves. No me hagas tirar la puerta.
—¡Voy!
Suelto el baúl y extiendo los brazos a ambos lados para equilibrarme. Cuando me siento lo suficientemente estable, voy a la puerta con la mayor firmeza posible, quito el cerrojo y la abro.
—Por Orvena —dice Rynthea mirándome de pies a cabeza—. Estás hecha una mierda.
—Ufff. —Presiono la palma en la sien derecha que me punza—. Así me siento.
—Debí advertirte que el vino de Bernwood es fuerte. A los híbridos les cuesta más trabajo emborracharse, así que lo mejoran. Una copa es suficiente para hacer caer a un mortal.
—También podría ser una secuela del talmún que fumé con Kelrean anoche —digo, haciendo una patética mueca de dolor.
—Te dije que no te metieras con ese tonto. ¿Vino aquí anoche? —pregunta arrugando la nariz y asomándose en la habitación en busca de alguna señal de su presencia.
Miro hacia atrás. Estoy segura de que todo lo que puede ver es una cama destendida y mi mochila sucia en el piso.
Recuerdo lo que sucedió con el príncipe anoche.
Fuimos a la tienda de campaña. Paseé con él.
El calor de las llamas en mi piel cuando me senté junto a la hoguera.
El sabor dulce y esponjoso del pan, y el vino.
La sensación del talmún por mis venas y, por supuesto, el golpe que Thane le asestó a Kelrean directo en la cara.
Todo fue muy interesante. Sin embargo, lo que más recuerdo es lo que sentí con Thane en el carruaje. Y después en la escalera, seguido de su amenaza de sacarle los ojos al príncipe si lo dejaba entrar a mi recámara.
Para mi sorpresa, Kelrean nunca se apareció en mi puerta. Francamente eso me alivió un poco; no porque creyera que tuviera verrugas, como dijo Thane, sino porque no estaba segura de tener ganas de estar con él después de las travesuras que hice en el carruaje con Thane.
Saber que Kelrean se siente atraído hacia mí y yo hacia él me hace sentir insegura sobre lo que pudo haber pasado entre nosotros. ¿Kelrean habría tratado de besarme? De ser así, no creo que me hubiera negado.
¿ En qué me convierte eso? ¿Una mujer que piensa en besar a dos hombres en una noche? Presiento que si algo pasara entre Kelrean y yo, no dejaría de comparar su beso con el de Thane.
—No estuvo aquí —le digo a Rynthea cambiando mi peso de un pie a otro.
—Bien. Ahora, apúrate. —Descansa la empuñadura de su espada guadaña sobre su hombro, la punta del filo queda a unos centímetros de uno de sus cuernos—. Ya están todos abajo.
—Mierda.
—Sí. Mierda. Lávate el trasero y vístete para que podamos irnos.
Rynthea se aleja enojada. Cierro la puerta, me apresuro a buscar mis anteojos y ponerme un atuendo adecuado del armario.
Decido ponerme unas mallas cafés y una túnica color borgoña.
Nos falta mucho camino que recorrer para romper el hechizo de Analla.
No podemos permitirnos más demoras después de esto.
Voy al baño, me alegra que uno de los ayudantes ya haya pasado por aquí para llenar los aguamaniles.
Me cepillo los dientes a conciencia, así como el cabello; recojo mis cosas y me apresuro a salir de la habitación… sin dejar de luchar contra el mareo.
Abajo veo que Rynthea y Algar están de pie frente a una enorme ventana por la que se ven las cumbres de una montaña distante y nubes blancas aborregadas. A la derecha, vestido con su ropa negra y la coraza tan familiares, está Thane.
Necesito hacer un gran esfuerzo para no reaccionar al verlo. Logro hacerlo por fuera; por dentro, no tanto.
Mi corazón se acelera y siento esos extraños revoloteos en la boca del estómago. No ayuda que cuando nuestras miradas se encuentran, en sus ojos hay un brillo divertido y una débil sonrisa de satisfacción alza las comisuras de sus labios.
Sí. Me va a hacer pagar lo que sucedió anoche tanto tiempo como sea posible.
—¡Están todos aquí! ¡Maravilloso! —La voz de la reina Jenia hace eco en el vestíbulo principal y rebota en la rotonda y en los techos de vidrio forjado. Hago una mueca y volteo para buscarla. Aún es muy temprano para mí.
—Espero que tengan tiempo para un desayuno rápido antes de su partida —agrega.
Avanza despacio en nuestra dirección, con un vestido rosa pálido y la corona que brilla a la luz del sol. Justo detrás de ella, vestido en un jubón morado oscuro y pantalones café claro, está Kelrean. De inmediato sus ojos aterrizan sobre mí.
Sonrío y lo saludo con un movimiento de la mano, mis mejillas morenas se sonrojan otra vez.
Cuando Rynthea confirma que sí tenemos tiempo para comer, la reina Jenia nos dirige hasta un comedor tan grande que podrían caber al menos tres de los comedores del campo para refugiados de Meriva. En la sala hay cuatro mesas largas. En la que ella escoge pueden caber veinte personas.
Jalo una de las sillas de respaldo alto y me siento.
Rynthea toma la silla a mi izquierda, Algar a mi derecha, y Thane toma asiento justo frente a mí.
Kelrean y la reina Jenia toman asiento en las cabeceras de la mesa.
Kelrean, por supuesto, no deja de comerme con los ojos y sonreír, a pesar de la piel enrojecida alrededor de su nariz, que casi parece un moretón.
Uno pensaría que después de recibir un golpe en la cara por mí perdería el interés.
Supongo que eso solo me vuelve aun más intrigante.
Thane tiene los brazos cruzados y lo fulmina con la mirada sin siquiera tratar de ocultar su desdén.
Los ayudantes nos sirven jugo de granada fresca en copas, tomo la mía y le doy unos sorbos. Es bueno, pero me gustaría que fuera té. Necesito la sacudida de la cafeína para poder quitarme su mirada de encima.
—Ah, siguen aquí. —La voz del rey Draedor resuena en el comedor. La cabeza me explota una vez más. ¿Ayer eran tan ruidosos?—. Supongo que ustedes, cachorritos, son tan tontos como pensé.
—Querido —interviene la reina Jenia con una risita.
Se sienta junto a ella, no sin antes darle un beso en la frente y otro a Kelrean en la coronilla.
—Sí, Su Majestad, seguimos aquí. ¿Nos va a decir cómo llegar a Elfar y regresar de manera segura? —pregunta Rynthea.
—Les hice una promesa, ¿o no? —gruñe el rey mientras uno de los ayudantes coloca un plato lleno de comida frente a él.
Después de servir a la realeza, ponen los platos frente a nosotros, sus invitados; rebosan de manzanas picadas cocidas con salsa de canela, bollos dulces, tiras de carne y huevos escalfados.
Mi estómago gruñe, pero no tanto como el de Rynthea.
Empieza a comer enseguida y yo hago lo mismo; evito gemir cuando los sabores estallan en mis papilas gustativas.
Sin embargo, los sonidos de deleite de Algar llena el comedor, y el rey y la reina ríen ante el halago tan poco convencional.
—Como estoy seguro de que todos ustedes saben, el camino a Aguas Poco Profundas es uno de los más peligrosos —dice el rey Draedor mientras mastica—.
Hay criaturas despiadadas de todo tipo y senderos muy poco aconsejables.
Casi llego al Templo de Elfar. Estuve tan cerca que podía saborearlo.
Pero entonces me topé con una criatura que jamás había visto antes.
Yo solo jamás habría podido derrotarla. —Nos mira a cada uno—.
No es por presumir, pero un cambiaformas como yo no pudo encontrar la manera de solucionarlo.
Tampoco creo que ustedes puedan hacerlo.
—Lo intentaremos —dice Thane.
El rey Draedor examina a Thane con cuidado antes de dar un sorbo a su copa.
—Escuché que anoche golpeaste a mi hijo —dice y no se me escapa el dejo de veneno en su tono.
—Por accidente —responde Thane como si estuviera aburrido.
—¿Cómo puedes golpear a alguien en plena cara por accidente? —replica el rey.
—Su Majestad, su hijo tiene una de esas caras… —Thane se encoge de hombros— que dan ganas de golpear cuando uno las tiene cerca.
—Thane —digo entre dientes con el ceño fruncido.
Nos va a arruinar todo si no cierra la boca.
Para mi sorpresa, la reina Jenia reprime una carcajada.
El rey Draedor mira a Thane fijamente con un gruñido y aprieta con fuerza el mango del tenedor.
—Ya, ya. Todo está bien, padre —Kelrean interrumpe las miradas asesinas—. Anoche, nuestro amigo estaba borracho y agotado. De hecho, creo que estaba al borde del delirio, así que le ofrecí misericordia. Todo está olvidado.
Sus dientes brillan cuando le dirige una sonrisa arrogante a Thane.
—Tiene razón, Alteza —dice Thane, tomando un bocado de huevo—. Fui un tonto que bebió mucho anoche. Quizá también me divertí un poco de más. —Me mira sin dejar de masticar y mis mejillas se encienden—. Agradezco su perdón.
Vaya, esa es la peor disculpa que haya escuchado jamás. Al parecer, el rey y el príncipe la aceptan, porque gruñen y asienten con la cabeza muy erguida.
—Como decía —continúa Draedor dirigiéndole a Thane una mirada de advertencia—, no hubiera llegado tan lejos en Aguas Poco Profundas sin la Esfera de Kelvanita.
—¿Qué es eso? —pregunta Rynthea con la boca llena de comida.
—En Thelanor solo hay una. La creó una antigua hechicera llamada Frevella. Vive a poca distancia de Bernwood, arriba en las Montañas de Alvanita. Hace tiempo que ha sido una excelente aliada y, de no haber sido por ella, yo no podría contarles nada de esto.
—¿Qué hace la esfera? —pregunta Kelrean.
—Te guía, te muestra las rutas más seguras —responde su padre—. Fue un recurso valioso… hasta que dejó de serlo.
Un momento… ¿qué significa eso?
—Si quieren tener una oportunidad para ir a esa isla y regresar —continúa el rey—, solo podrán hacerlo con la Esfera de Kelvanita.
—¿Usted la tiene? —pregunta Rynthea mirándolo.
—No. Después de usarla siempre regresa a su creadora. Solo así se restaura la verdadera esencia de su poder.
—Entonces, ¿antes tenemos que ir a ver a esta mujer, Frevella? —pregunta Thane.
Me alegra que pueda hablar sin sarcasmo. Supongo que hasta él sabe que la realeza de Bernwood tiene límites y que no debería excederse.
—Así es. —El rey pasa una gruesa uña por el borde de su copa, produciendo un ligero rasguño—. Pero tengan cuidado, amigos. Aunque Frevella y yo somos aliados, ella no les permitirá tener la esfera sin pagar un precio. Y no me refiero a dinero o tesoro alguno.
Sus palabras me hacen sentir una presión en el pecho. ¿Qué podría pedirnos? ¿Sangre? ¿Alguna extremidad? ¿El corazón de alguno de nosotros? Miro a Thane, no parece preocupado en lo más mínimo por la advertencia del rey Draedor.
—Vencimos a un monstruo de pantano —le recuerda al rey—. Estoy seguro de que podremos lidiar con una anciana hechicera.
—Sí que eres arrogante —espeta el rey Draedor con una risita—. Más les vale no subestimar a Frevella. Además, no los recibirá sin antes confirmar que yo los envié.
Thane frunce el ceño y mira del rey a Rynthea, quien también parece confundida.
—Mi hijo y dos de nuestros mejores guardias viajarán con ustedes a la montaña para verla. —Le da un apretón en el hombro a Kelrean.
Thane se pone rígido. Ah, ahora sí está preocupado.
—Para mí es un honor —declara Kelrean con ánimo alegre. Luego se dirige a Thane—. Espero que esta breve travesía contigo no suponga ningún problema.
—No lo supondrá —responde Thane.
Justo después de que las palabras salgan de su boca, siento que algo caliente se desliza por el interior de mi muslo y me da un apretón.
Doy un respingo en la silla conteniendo un gritito ahogado y miro a Thane, quien está muy ocupado mirando fijamente al príncipe.
En sus ojos hay un pequeño desafío; su mano mágica sube unos centímetros por mi muslo.
La hago a un lado, nerviosa, y la sensación desaparece.
—Zaira, ¿estás bien? —murmura Algar.
—Sí, estoy bien —respondo y le ofrezco una sonrisa forzada al tiempo que levanto mi copa y le doy un sorbo nervioso.
Thane se aclara la garganta y aparta al fin la mirada del príncipe para terminar su comida.
—¡Muy bien! —La voz del rey Draedor retumba por todo el salón y se levanta de la silla.
Cierro los ojos con fuerza y vuelvo a hacer una mueca cuando me resuenan los oídos.
Kelrean y la reina se levantan con él y nosotros los imitamos; alzamos nuestras copas cuando él lo hace.
—Aunque me apena ver que han tomado una decisión tan grave, les deseo éxito en su misión —declara el rey—.
Empacaremos alimentos y provisiones suficientes para todo el viaje a la montaña.
Kelrean los llevará hasta la cueva de Frevella con un pergamino de mi parte.
Y… ¿jóvenes? —Nos mira a cada uno con sus ojos felinos impenetrables—.
Pase lo que pase, cuiden su corazón y protéjanlo a toda costa.
Porque una vez que lleguen a Aguas Poco Profundas, toda su vida cambiará. Y créanme, no será para mejor.
De pronto, el rostro del rey se contorsiona y se transforma en algo completamente inesperado.
Abro mucho los ojos por el asombro. Rynthea tensa los hombros. Algar silba entre dientes. Thane estrecha la mirada.
El lado derecho del rostro del rey Draedor, que antes tenía la forma perfecta de humano-león, ahora está cubierta de cicatrices que sin duda provocaron unas garras. Las marcas despiadadas empiezan en su frente y llegan hasta la mitad de su garganta.
¿Y lo peor?: le falta el ojo. En su lugar solo hay un agujero enorme.