Capítulo 25 #2
—¿Sabe qué, Thane? Te estás portando peor que un niño. ¡Acabas de golpear a un príncipe en la cara, en su propio reino! ¡Te pudieron haber matado por eso!
—No lo hubieran logrado.
—¡Él fue amable contigo!
—Es un imbécil.
—¡Eso piensas de todo el mundo! —exclamo un poco más fuerte.
Ni siquiera sé bien por qué estoy gritando. Quizá porque no soporto que él hable con voz tranquila mientras yo me estoy alterando. Eso siempre me ha molestado. Analla lo hacía todo el tiempo cuando discutíamos.
—Soy capaz de tomar mis propias decisiones —agrego—. Lo sabes, ¿verdad? Te contraté para protegerme cuando hubiera peligro. No te pedí que me vigilaras como un halcón cuando me la estoy pasando bien.
—Te cuido porque tú eres muy confiada —espeta—. Ese horrible rasgo tuyo es el motivo por el que ahora estamos en esta situación, porque tú contrataste a un hombre que no conocías y confiaste demasiado en él.
—Y entre más tiempo pasa, más me arrepiento de esa decisión —digo entre dientes.
Tras un momento de silencio, suspiro y me inclino hacia adelante para descansar la barbilla en las manos. Él entrecierra los ojos y también se inclina mientras examina mi rostro.
—¿Estás segura de eso, Quinlocke? Porque cuando te miro a los ojos no veo arrepentimiento.
—¿No? —Mi pulso se acelera. Odio lo sexi que se ve bajo la luz de la luna que le ilumina medio rostro, resaltando esas cicatrices siniestras que deseo acariciar con la yema del pulgar—. Entonces, ¿qué es lo que ves, Valkor?
Al contrario de lo que pensé, no hace ninguna mueca cuando pronuncio su apellido.
—Veo esperanza, incluso cuando nada es favorable. La reservas para mí porque esperas poder encontrar la luz en mi alma, pero no hay ninguna luz —calla un momento—, ¿quieres saber qué más veo?
Contengo el aliento cuando acerca su rostro al mío.
—¿Qué?
—Pasión —murmura. Sus labios están a unos centímetros de los míos—. Hambre. Deseo. Te odias por desear a una persona como yo, ¿no es así?
Está tan cerca como Kelrean lo estuvo antes, solo que con Thane puedo sentir mi pulso en lugares en los que nunca pensé que podría sentirlo.
—Nunca dije que te deseara.
—No tienes que decirlo. —Su mirada baja a mis labios; luego, despacio, hasta mis pechos, donde se detienen un momento antes de volver a subir hasta mis ojos—. Es muy claro.
Aprieto los dientes; me niego a desviar la mirada, aunque tenga razón.
Dioses, odio que tenga razón.
—Ir a los aposentos de ese principito no será más que una distracción para ti y los dos lo sabemos.
—¿Cómo…?
—No es difícil adivinarlo, Quinlocke. Todos vieron cómo te miraba. Te trataba como si le pertenecieras. La noche tenía que acabar de una sola forma: contigo en sus aposentos.
—Entonces, ¿estás celoso? ¿Es eso?
Por extraño que parezca, sus labios dibujan media sonrisa, divertidos.
—No estoy celoso, más bien soy territorial.
—No soy de tu propiedad —espeto.
Entonces, ¿por qué siento un delicioso vuelco en el estómago? ¿Territorial? ¿Es lo que siente conmigo?
«No. Para. No caigas en la trampa».
—Tú me habrás pagado, pero hasta donde yo sé, soy yo quien está a cargo. Eso significa que, durante este viaje, sin importar dónde demonios estemos o qué tan a salvo te sientas en ese momento, eres mía para cuidarte, mía para tenerte cerca.
Estudia mi rostro con cuidado; luego, lentamente admira el resto de mi cuerpo, abrasándome con la mirada. Tan solo ese gesto me hace apretar los muslos.
Me muevo inquieta en mi asiento.
—Como te dije antes, dulzura —continúa con una voz profunda y suave—, no me gusta fracasar y si eso significa impedir que tomes decisiones imprudentes con un príncipe que podría tener verrugas de bestia, que así sea.
Estaré ahí para protegerte, para observarte, para mantenerte segura. ¿Te queda claro?
Me niego a responderle, no con esa expresión engreída y su actitud prepotente. Me dan ganas de darle una bofetada.
Arquea una ceja y observa mi boca.
—Estoy empezando a odiar realmente todo de ti —murmuro.
No responde, lo que solo hace que me enoje más. El carruaje nos sacude de un lado a otro, pero yo permanezco firme, sin apartar su mirada, esperando que él ceda primero.
En ese momento, algo me sujeta con fuerza y jala mis caderas hasta el borde de la banca. Se me corta la respiración al darme cuenta de que es la magia de Thane. Me mira a los ojos mientras una mano invisible me toma por la cintura.
No puedo evitar un suspiro al sentir que sus labios rozan los míos. Un hormigueo recorre todo mi cuerpo y el calor se acumula entre mis piernas, mucho más abrasador que nunca.
Mi boca lo anhela… no, todo mi cuerpo lo desea.
¿Por qué no me sentí así con Kelrean? Durante el tiempo que pasé a solas con él me sentí atraída.
Pero mi deseo por el príncipe no era ni por asomo tan frustrante.
¿Cómo es posible que tenga ganas de abofetear el hermoso rostro de Thane y al mismo tiempo besarlo?
Debo estar bajo la influencia de algún tipo de hechizo. Jamás me habían gustado los hombres insolentes, taciturnos y peligrosos como Thane Valkor; hombres que claramente no son buenos para mí. Sin embargo, heme aquí.
Con un intenso deseo. Necesitada.
—Qué interesante —agrega con voz ronca—. Lo que veo en tus ojos en este momento no parece odio.
—Oh, cállate —mascullo sin aliento.
En lugar de darle una bofetada, lo sujeto por el chaleco, lo jalo hacia mí y lo beso.