El baile que recordamos (Amor y otros sueños 4) Capítulo 24
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Capítulo 24

Capítulo Veinticuatro

Maxime

Con su falda roja brillante hasta la pantorrilla y la camiseta negra de manga larga ceñida al cuerpo, Aurora parece una española. Alza los brazos, uno tras otro, al ritmo perfecto de la animada música de samba.

—Más tensión en el cuerpo —le indico desde un lateral de la pista, y sus deditos se estiran en respuesta.

—Ahora viene el promenade, ¿verdad? —pregunta, sin aliento. Coloca los brazos como si bailáramos juntos y hace girar el pie hacia atrás.

Acompaño el compás con palmadas para apoyarla.

—En tres… dos… uno… ¡ya!

Un latigazo recorre su cuerpo cuando golpea el suelo con energía y ejecuta el medio giro del promenade. Tras comprobar su postura en el espejo lateral, empieza a bailar.

Sus movimientos fluyen con armonía, su técnica es impecable. Me encantaría salir a la pista y bailar con ella, pero primero la coreografía tiene que quedar perfecta.

—Muy bien hecho —comento, entusiasmado.

Aurora llega hasta la pared y realiza un giro. En lugar de volver a la posición de baile, se detiene y apoya las manos en los muslos. Apago la música a toda prisa.

—Hora de hacer una pausa —digo, alargando la mano hacia su botella de agua.

Con un gesto de agradecimiento, me la toma y bebe un gran trago.

—Deberías descansar unos minutos —le sugiero. Poso la mano en su espalda sudada, que sube y baja con agitación.

Ella niega con la cabeza.

—Podemos seguir, dame un momento —suelta, aunque es evidente que le cuesta recuperar el aliento.

Su espíritu combativo es solo una de las muchas cosas que hacen que Aurora sea única. Pero ahora mismo se está pasando. Se comporta como si nada hubiera cambiado, como si no estuviera embarazada. Bajo deliberadamente la mirada hacia su vientre.

—Mientras me sienta bien, puedo entrenar con normalidad hasta la semana doce de embarazo —me recuerda las palabras del doctor en su primera revisión, antes de que pueda expresar mi preocupación—. Estoy en la semana nueve, así que…

—Y también dijo que debías tomártelo con un poco más de calma —la interrumpo. Parece que eso se le ha pasado por alto, pero yo aún lo tengo muy presente.

Coge la toalla que le ofrezco y se seca la cara. Luego clava la mirada en mí.

—Me siento de maravilla.

Aunque veo el fuego en sus ojos, también reconozco su cansancio. Por supuesto, jamás lo admitiría. Y no quiero discutir con ella, así que será mejor intentar ser más listo que ella.

Rápido, rozo sus labios calientes con un beso.

—Te guste o no, yo también necesito entrenar —digo con una sonrisa—. Siéntate; necesito a alguien que corrija mis errores.

Se muerde pensativa el labio inferior.

—Tenemos que bailar la coreografía completa —dice en tono de advertencia, alzando el dedo índice.

—Solo quedan ocho días para el campeonato.

Y hay bastantes cosas que no son perfectas, lo sé. Además, Madame Durand dejó muy claro que, si nos importa nuestro vínculo con la academia, como mínimo tenemos que llegar a la final.

Aurora parpadea con fuerza y se acerca un paso más.

—Si fracasamos la semana que viene, la Dama de Hierro nos echará. Y entonces…

—No vamos a fracasar —me adelanto, antes de que empiece a describir el escenario de pesadilla que vendría después.

Ya es bastante complicado desde que todos saben lo nuestro.

Algunos alumnos incluso se quejaron a Madame Durand porque creen que favorezco a Aurora.

Por supuesto, eso es absurdo; trato a todos por igual.

Si no cumplimos las expectativas de la academia en estas circunstancias, ni siquiera para Cyrille será fácil seguir apoyándonos.

—Eso no puedes saberlo —replica Aurora, poniendo los ojos en blanco—. ¿Y si me encuentro mal durante la actuación? ¿O me mareo? ¿Y si me duele la cabeza o las piernas están demasiado cansadas para seguir el ritmo?

Así que ella también se ha dado cuenta de que el embarazo hace que bailar sea más difícil. No es de extrañar, con todo lo que está pasando en su cuerpo. Más vale que pase por alto el matiz de fastidio en su voz cuando habla de su embarazo. Quizá también me lo estoy imaginando.

Con ternura, tomo su cara entre mis manos.

—Lo vamos a lograr —repito con tanta intensidad que hasta se me eriza la piel. Al fin y al cabo, es lo único en lo que quiero creer. Lo único en lo que me permito pensar.

Aurora inspira hondo y los hombros se le desploman hacia delante.

—Las demás me esquivan como si tuviera la peste —confiesa con un matiz de culpa en la voz.

Se me encoge el estómago. Sí, el mundo de la danza es despiadado y, cuando la competencia huele debilidad, no muestra piedad. Aurora lo sabe, y también sabe que no puede dejar que eso la afecte.

—Lo mejor es hacer como si no te dieras cuenta de nada.

Las lágrimas le afloran a los ojos. Se las seca con brusquedad.

—Hasta Alice me llamó zorra. Dice que no merezco seguir en la academia. Y que bailar en el campeonato demostraría que soy una falsa.

Suelto un resuello. ¡Qué estupidez más grande!

—No le hagas caso, ¿de acuerdo? —En mi voz se nota toda la rabia que empieza a crecer dentro de mí—. Solo quiere hacerte la vida imposible para quitarte de en medio y poder bailar conmigo.

Sí, tiene que ser eso. Lleva meses intentando convencerme para que sea su pareja de baile. Por lo visto, es capaz de cualquier cosa.

Aurora niega con la cabeza, con expresión decidida. Pero aun así veo en sus ojos que las palabras de Alice la están carcomiendo. En ese instante baja la mirada.

—Y por si eso no fuera suficiente, me puse a llorar ahí mismo —dice, clavándose las uñas en las palmas hasta que se le ponen blancos los nudillos—. ¡Delante de todos!

Así que de eso se trata. Ahora entiendo por qué no se permite ni un respiro durante los entrenamientos.

La presión que carga sobre los hombros es aún mayor de lo que pensaba.

Ojalá pudiera quitarle ese peso, pero no sé cómo.

Lo único que se me ocurre es tranquilizarla una vez más y recordarle que los dos encontraremos nuestro camino.

—No importa lo que digan los demás; mientras creamos en nosotros y en nuestro futuro, no tendrán poder sobre nosotros.

Por favor, créeme , le suplico en silencio con la mirada.

Haré todo lo posible , responde, también en silencio, al posar la mano sobre mi pecho.

—Vamos, repasemos la coreografía una vez más antes de que se nos acabe el tiempo en la sala de baile.

Le lanzo una mirada escrutadora al torso. Su respiración se ha calmado.

—Ve a la posición inicial; enseguida pongo la música —digo.

Aurora me dedica una sonrisa agradecida y luego se desliza hacia el centro de la pista con tanta gracia que me cuesta apartar la vista de ella.