Capítulo 48. Una pieza nueva
La maqueta esperaba en una mesa del almacén de la exposición. Joaquín comprobó primero que la urna no tuviera golpes y después leyó por segunda vez la ficha de devolución.
—Han escrito que el aparejo es demasiado limpio —dijo.
Mara sostuvo la caja mientras él aflojaba las sujeciones.
—¿Eso es malo?
—Para el jurado, sí. Para el barco, depende del temporal.
No sonrió enseguida. Había otras maquetas todavía expuestas al fondo, bajo una luz mejor que la del almacén. La suya no había pasado de la primera selección.
—Pensé que me daba igual —dijo—. No me daba.
Mara no respondió que la próxima vez lo elegirían ni que el trabajo ya era premio suficiente. Le contó que había sostenido durante una mañana una hipótesis equivocada en Sevilla y que Rubén tuvo que poner delante las fechas que la deshacían.
—¿La cambiaste?
—Delante de todos.
—Entonces también vieron que la retirabas.
No añadió si eso era bueno. Cerró la caja y le pidió que sujetara la puerta.
En el coche, Mara le entregó el paquete enviado por Lola. Joaquín desenvolvió el azulejo contemporáneo. El azul perdía intensidad en una esquina y una burbuja rompía la superficie. En el reverso figuraban la firma y la fecha.
—Este tampoco habría pasado la selección —dijo.
—No se presentó.
Joaquín lo guardó junto a la maqueta, separado por el papel. Preguntó dónde podían cenar sin reservar y Mara propuso un bar cercano.
Durante el trayecto discutieron si el barco cabría en la estantería del salón. Del azulejo no volvieron a hablar aquella noche.