El azul de Triana (Casos de Mara Cid 4)
© inepub.com
Capítulo 1. El fragmento
Inés esperó a que el ordenanza cerrara la puerta del patio antes de sacar la linterna. La Casa del Alfar quedaba en silencio a esa hora. Sobre el banco corrido, las hojas de los naranjos retenían el agua de una lluvia breve.
El panel de Los doce cauces ocupaba una pared bajo la galería. Cuarenta y ocho azulejos, cuatro filas, un río azul que atravesaba molinos, huertas y animales diminutos. Inés iluminó la pieza de la esquina inferior. La grieta seguía donde debía, pero terminaba demasiado limpia junto al mortero.
Pasó la yema del dedo sin tocar la superficie. El azul tenía la profundidad correcta. También el desgaste. Quien lo había pintado conocía hasta las vacilaciones del original.
Abrió en el móvil una fotografía de trabajo. En el reverso documentado tres años antes había dos manchas de cal y una incisión curva. La pieza instalada presentaba una marca triangular de cocción.
Inés guardó el teléfono y caminó hasta el cuarto donde el equipo dejaba las batas. En su taquilla había una funda de papel sujeta entre dos carpetas. La abrió sobre el banco.
El fragmento auténtico mostraba parte del mismo molino. Lo había conservado cuando se desprendió durante la primera retirada, convencida de que serviría para ajustar el color de la reintegración. Después empezó a sospechar que era lo único que quedaba cerca del panel original.
A las cinco y cuarenta de la tarde lo metió en el bolso junto con una copia de su catálogo. Cerró la taquilla y volvió al patio.
Antes de salir, contó las piezas otra vez.
Cuarenta y ocho.
A las seis y cuarto encontró a Lola frente al taller. Le preguntó qué soportes habían usado en la última hornada y por qué las marcas triangulares no figuraban en el parte. Lola miró el bolso de Inés antes de responder.
—Eso tienes que hablarlo con Rafaela.
Inés dijo que lo haría esa misma tarde.