Capítulo 22
— ¡Un momento! —Oigo su voz. Sus pasos se acercan. Prácticamente viene dando pisotones.
Con calcetines gruesos sobre el suelo laminado.
Aunque no puedo verla a través de la puerta cerrada, durante las últimas tardes he podido vislumbrar el interior de su casa por las ventanas. Vigilarla había sido fácil. Hay tantos setos, árboles y arbustos tras los que esconderme, y vecinos que bajan las persianas en cuanto cae la noche.
Ahora son poco más de las ocho, y le prometí que me pasaría hoy. Todavía no se ha preparado para acostarse. Aunque, por lo que parece, tampoco tiene una hora realmente fija para hacerlo. Más bien una franja horaria. En algún momento entre las ocho y media y las nueve y media.
Se sienta en el sofá en pijama, se toma una o dos cervezas, ve una serie y luego se queda dormida en el sofá tras intentar, sin éxito, leer más de unas cuantas páginas de un libro que compró hace siete semanas.
La puerta se abre y, cuando me reconoce a la luz del rellano, que vuelve a encenderse poco después de que abra la puerta, esboza una sonrisa contenida.
— Me alegro de que al final hayas podido venir —dice con cierto alivio.
— Yo cumplo mis promesas —digo con una sonrisa mientras acepto su invitación a entrar en la casa, una invitación que incluso había partido de ella.
Lo único que tuve que hacer fue ser amable y hacerle creer lo atractiva que era, después de haberme ocupado de sus problemas.
No tiene ni idea de que ahora ha metido en su casa problemas aún mayores.