El asesino de la almohada (Bajetzky y Kuper 6) Capítulo 5
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Capítulo 5

Alex y Hanna Aufderheide aún no eran pareja oficialmente, ni iban a serlo en un futuro próximo.

Que un agente de policía trabajase con la fiscal y, además, mantuviera una relación íntima con ella estaba mal visto.

Nunca habían tenido problemas para separar su vida privada de la profesional, pero tarde o temprano acabarían traspasando algún que otro límite.

El mero hecho de que hablaran de los casos en privado ya constituía una de esas situaciones problemáticas.

En ese momento estaban sentados en el Farmhouse, un pub de estilo americano de Rheda-Wiedenbrück que servía buena comida y ofrecía música en directo con regularidad.

Alex conocía bien al dueño y, si no recordaba mal, su mejor amigo Torben y él ya habían tocado allí siete veces.

Llevaban años con un proyecto de cantautores: se limitaban a sentarse en taburetes con sus guitarras acústicas y cantar sus canciones.

Sin embargo, últimamente la cosa se había calmado un poco.

Aún faltaban dos meses para su siguiente actuación.

Alex y Hanna estaban sentados en uno de los rincones del fondo, donde al menos podían hablar un poco por encima de la música de aquella sudorosa banda de rockabilly. Los músicos habían dejado de tocar diez minutos antes, pero el pub abarrotado no se había vuelto mucho más silencioso.

Alex miró a Hanna, al parecer durante un instante más de la cuenta, y ella le sonrió. Le encantaba que lo mirase así, con tanta franqueza y naturalidad.

—¿Quieres compartirlo? —preguntó ella.

—Solo podría hacerlo si te miraras en un espejo —dijo él, logrando que su sonrisa se ensanchara aún más. Hanna frunció los labios un instante y después dio un sorbo a la cerveza.

—No quiero ser poco romántica —dijo entonces, inclinándose ligeramente hacia delante—, pero creo que deberíamos marcharnos discretamente dentro de un momento.

Inclinó un poco la cabeza hacia la izquierda.

Alex se recostó, extendió los brazos por el respaldo del banco y recorrió el local con una mirada despreocupada hasta descubrir a qué se refería Hanna.

Sin embargo, no pudo apartar la vista con suficiente rapidez.

—Mierda —dijo, mientras sonreía y saludaba con la mano a los dos compañeros de comisaría que se acercaban a Hanna y a él con sus jarras de cerveza medio llenas.

—¿Vienen hacia aquí? —preguntó ella sin mirar. Sacó con disimulo una carpeta del bolso y la dejó a su lado. No contenía ningún caso, solo hojas en blanco. Hanna siempre la llevaba consigo por si se encontraban con algún conocido cuando salían juntos.

—Sí —consiguió decir él entre dientes, sin dejar de sonreír.

—Kuper y... Ah —dijo Avci al reconocer a Hanna. Sin el traje y con el pelo suelto, podía llevar un momento reconocer a la fiscal—. Disculpe. No pretendíamos molestar...

—... Solo queríamos saludar —añadió Meyer, a quien también Alex había tardado en reconocer sin el mono de cuerpo entero. Con vaqueros y sudadera ofrecía una imagen completamente distinta, y Alex se sorprendió al ver en él el logotipo de The Who .

—Si quieren participar en la conversación sobre el caso actual, acompáñennos —ofreció Hanna con tono profesional mientras cogía la carpeta y se deslizaba hacia la pared para dejarles sitio.

—No, no —dijo Avci, lanzando una breve mirada a los papeles—. Prefiero disfrutar de mi tarde libre.

Dicho esto, ambos se despidieron y se retiraron a la barra, situada al otro extremo del pub.

—Adiós a nuestra velada tranquila —dijo Hanna.

—Lo siento. De verdad que no pensé que fuéramos a encontrarnos precisamente con ellos dos, ni con ninguna cara conocida de la comisaría, aquí.

—No te estoy culpando —dijo ella, intentando reprimir una reveladora sonrisa tierna, pero fue en vano. Debió de ver en los ojos de Alex que volvía a derretirse.

—¿Seguimos hablando del caso en tu casa? —preguntó Alex.

—Deberíamos —respondió ella, y su sonrisa se ensanchó—. Pero no seamos demasiado evidentes. ¿Qué te parece si salgo yo primero y te espero en el coche mientras tú te tomas una copa rápida con tus compañeros?

—¿Esto va a ser una especie de experiencia tántrica? —bromeó Alex.

—Si así te resulta más fácil.

—Pues no.

—Entonces, hasta ahora —dijo ella, sonriendo mientras se levantaba y se marchaba.

Alex la siguió con la mirada. Cuando Hanna salió del pub, se acercó a sus compañeros. Sabía que no debía preguntarle a Avci por su estado de ánimo en la escena del crimen, pero un simple «¿Cómo estás?» y un poco de charla intrascendente difícilmente podían hacer daño.