El asesino de ángeles (Bajetzky y Kuper 4) Capítulo 40
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Capítulo 40

—C reo a ese Johannes Marx —dijo Emma mientras se dejaba caer tras su escritorio al final de la tarde.

—Yo también —respondió Alex, sentándose frente a ella.

Con una rápida mirada a su ropa impermeable en el perchero, se preguntó si todavía la necesitaría hoy o si debería dejar que Emma lo llevara a casa.

No estaba tan lejos, en realidad; siempre podía ir empujando la bicicleta.

Pero estaba bastante agotado y quizás debería ahorrar las pocas fuerzas que le quedaban.

—En ese caso, deberíamos dar prioridad a nuestra teoría sobre Julia Marini —sugirió Emma.

—¿Y si el director está detrás de todo? Para asegurarse de tener pruebas contra Julia y todos los demás, las grabaciones de vídeo tendrían que ser utilizadas como chantaje por alguien que realmente estuviera allí.

—Julia se encargó de las invitaciones. Además, no creo que Carlos Romero y Frank Peterhanwa se rebajaran tanto como para preparar una fiesta, con todo lo que eso conlleva.

—¿Incluidos los narcóticos en las bebidas?

—Me imagino que eso es lo único que organizaron ellos mismos.

—Tenerlo todo listo antes de que llegaran los hombres y las chicas le habría dado a Julia tiempo de sobra para instalar cámaras ocultas o activarlas —dijo Alex.

—Así que filmó a los hombres echando somníferos en las bebidas y luego les enseñó las imágenes. ¿Es así como conseguía los mejores papeles? —sugirió Emma, planteando la idea una vez más—. Tenía mucho más que ganar con ello que cualquier otro.

—Al menos sería una explicación y una teoría creíble.

—En ese caso, Elsa podría haberse enterado. O más bien su hermano, después de que consiguiera acceder al teléfono móvil de Julia.

—Lo que significaba que Elsa y su hermano podían presionar a Carlos Romero y a Frank Peterhanwa con algo más que los vídeos sexuales.

—Y también tenían algo contra Julia.

El teléfono sonó. Emma vio un número desconocido con el prefijo de Bielefeld y puso el manos libres.

—Bajetzky, Policía Criminal de Bielefeld...

— ¿Avez-vous perdu la raison? —interrumpió la inconfundible voz de Geneviève Beaumont, la dueña de la escuela de ballet Maison de l’Art.

—¿Cómo dice? —preguntó Emma, aunque había entendido perfectamente que le preguntaba si había perdido el juicio.

—Saben que el estreno es mañana. ¿Por qué irrumpen aquí en medio del ensayo general y secuestran a mi actriz principal, al director y al diseñador de vestuario?

Así que ya venían de camino. Excelente. El fiscal Aufderheide era tan fiable como de costumbre. —No los hemos secuestrado, simplemente los hemos traído para...

— Ferme-la , ¡no me importa! ¿Es que no podían haber esperado a que pasara el estreno de mañana?

—Para mañana, puede que sea demasiado tarde para Sophia Winterfeld.

Geneviève Beaumont masculló algo en francés.

Emma no pudo entenderlo, pero estaba segura de que la mujer estaba recorriendo toda una gama de insultos antes de volver a hablar en un volumen audible: —Mis abogados están de camino.

Y yo misma estaré allí pronto. Pienso demandarlos a todos ustedes y me llevaré a mi gente de vuelta conmigo.

—Ya que se pone —dijo Alex con naturalidad—, todavía tenemos que recibir esa lista de reparto de la otra obra que nos mencionó.

Emma pudo oírla resoplar al otro lado.

— Crétin —dijo simplemente, y colgó.

—Buf —suspiró Emma, cortando el tono de llamada continuo del otro lado—. Esto va a ser divertido.

—Tengo ganas de verlo —replicó Alex—. Si los traen a todos desde el ensayo general, llegarán al mismo tiempo. Antes de que la buena señora aparezca por aquí también y empiece una trifulca: ¿a quién es mejor interrogar primero, tácticamente hablando?

—Buena pregunta. —Antes de que Emma pudiera reflexionar más, la puerta se abrió de par en par.

—¿Es gracias a vosotros que tengo que aguantar que me insulten en francés por teléfono?

—Tiene toda la pinta —dijo Emma.

Krüger se apresuró hacia la ventana. En el reflejo, Emma pudo ver cómo se le tensaban las facciones—. Los sospechosos llegarán en cualquier momento. Encárgate primero del director. Tenemos más contra él que contra el otro o contra esa tal Julia.