El asesinato de la profesora de lengua (El asesinato del profesor 1) 14. Las SIETE partidas El misterio de las SIETE esferas
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14. Las SIETE partidas El misterio de las SIETE esferas

Las siete partidas + El misterio de las siete esferas

Alfonso X el Sabio + Agatha Christie

A hora sí mostraron su consternación.

—¡No puede haber dejado el sobre dentro!—se asustó Ana.

—Estará por ahí, en cualquier parte.—Gaspar escudriñó la pequeña fachada.

—¿Y en el cajero automático?—conjeturó Tasio colándose dentro.

Era la única posibilidad, así que se metieron dentro de la cabina y lo revolvieron todo.

Nada.

—Hemos cometido un error, no puede ser tan retorcida—se mordió el labio inferior Ana.

—Ha dicho que tuviéramos cuidado—recordó Gaspar.

—Veamos.—Ana estudió de nuevo la hoja con los nombres y las obras.

—No hay error posible—fue firme Tasio—. Sobran Bécquer y la obra de Neruda.

— Veinte poemas de amor y una canción desesperada —dijo Ana.

— Veinte poemas de amor y una canción desesperada —lo repitió Gaspar.

—Qué burros somos—lanzó Tasio un profundo suspiro.

—¿Por qué?—lo miraron expectantes.

—Porque no es el número veinte, ¡sino el veintiuno! ¡«Veinte poemas y una canción»! ¡Veintiuno! ¡Por eso nos decía que tuviéramos cuidado, la muy...!

Ana miró al otro lado de la calle.

—¡Pero ahí enfrente hay un cine, y está abandonado, cerró hace tiempo!

Salieron del cajero automático y cruzaron la calle.

En efecto, el viejo cine Ideal hacía meses que ya no funcionaba, devorado por las multisalas de los centros comerciales.

Ana incluso recordaba que su madre le había dicho que el primer beso se lo dio su padre en ese cine, cuando eran muy jóvenes.

Ahora, sin embargo, no lo miró con nostalgia, sino con apremio.

Todavía tenía algunas fotografías de las últimas películas exhibidas en las vitrinas de los lados, con los cristales rotos. ..

En una de ellas vio el sobre.

—¡Ahí!—señaló abriendo los ojos.

Tasio fue el primero en llegar, porque estaba al lado. No le resultó difícil extraer el sobre por entre el hueco de los cristales. Nadie que pasara por allí habría reparado en él.

—Calle Gustavo Adolfo Bécquer 21—suspiró Gaspar—. Por los pelos...

Se sentaron de nuevo en el bordillo y extrajeron la hoja de papel escrita a mano por la profesora de lengua.

—¡Tenemos cuatro letras y nos faltan cuatro más!—les animó Ana—. ¡Vamos allá!

PRUEBA N.º 5

Este elegante, estupendo, excelso eremita ennoblecido, estaba esperando el eficaz estreno, encerrado entre enormes equipajes en la estación estatal, en el efímero ejercicio elegido, ensombrecido espectro extraordinario, emocionado eco elocuente empeñado en este efecto.

Esto es un tautograma. Bueno, casi, porque hay una letra que lo estropea vilmente. Si descubrís cuál es, ya tenéis la quinta.

PISTA PARA EL SIGUIENTE SObrE

¿Qué os parece esta serie de figuras? Curiosas, ¿verdad?

Pues como veis, faltan la primera y la última.

Si descubrís cuáles son, tendréis las dos primeras letras del nombre de la persona que guarda el siguiente sobre.

Pensad con la cabeza, no con el corazón, y menos con las prisas del hígado o la ansiedad de los riñones.

—Vaya palabreja—Gaspar la leyó para estar seguro—: tautograma.

—La SOS se las inventa todas—reconoció Tasio—. Menudo pozo de sorpresas. ¿Por qué no nos ponía estos juegos en clase, en lugar de dar tanta historia y tanto rollo?

—No seas bruto, hombre—le reprochó Ana—. Ya nos dijo que si hubiéramos ido mejor, al final nos habría contado estas cosas.

—Es increíble—se enfadó—. ¡Nos quiere matar y tú aún la defiendes!

—Se ha vuelto loca por nuestra culpa, ¿no?

—¿Y si nos concentramos en resolver los dos problemas?—los detuvo Gaspar—. ¿Habéis visto la hora que es?

No querían ni saberlo.

—Está claro que un tautograma es una forma de escritura en la que todas las palabras empiezan por la misma letra—suspiró Ana.

—¿Y qué letra lo estropea vilmente, como dice ella?—frunció el ceño Gaspar.

—La L—dijo Tasio.

—Todo empieza por E menos ese «la» de ahí en medio, donde pone «equipajes en la estación estatal» y bla-bla-bla—lo confirmó Ana.

—Así que la quinta letra es... ¡la L!

—Chupado—se encogió de hombros ella.

—¿Seguro que no tiene truco?—A Gaspar se le antojaba demasiado sencillo.

—Más difícil es la pista para dar con el siguiente sobre.—Tasio se afianzó sobre sus codos.

—Yo nunca había visto unas figuras así—reconoció Ana.

Permanecieron callados unos segundos, tan y tan largos que al final se les hicieron eternos.

A su alrededor, el mundo se movía rápido, pero sus mentes, de pronto, funcionaban a cámara lenta.

Por más que se esforzaban, no le veían la menor lógica a la concatenación de aquellas formas, y menos para encontrar la primera y la última, y que, además, ellas les dieran como resultado las dos letras iniciales del nombre de la persona que tenía el nuevo sobre.

—Creo que esta vez nos ha pillado—empezó a rendirse Gaspar.

—La carta dice que pensemos con la cabeza—apuntó Ana.

—Es lo que hago—se enfadó él.

Pasaron varios segundos, más de un minuto. Ana incluso sacó el bolígrafo y un papel para intentar hallarle una lógica a la serie de figuras.

Nada.

—Estamos jugando con letras, todo el rato—dijo entonces Tasio—. Letras y palabras.

Ana se quedó paralizada.

—¡Pues claro!—exhaló una bocanada de aire—. ¡El mismo enunciado de la pregunta lo dice: «Si descubrís cuáles son, tendréis las dos primeras letras del nombre de la persona»!

—Ya, ¿y qué?—dijo Gaspar.

—¡Que son letras!

—¿Cómo que son letras?

—¡De alguna forma, son letras!—insistió Ana—. ¿Cómo, si no, vamos a tener las dos primeras letras del nombre de esa persona? ¡Esas figuras representan letras aunque no demos con la fórmula para interpretarlas!

Tasio miraba el escaparate de una tienda situada al otro lado de la calle. Se veían reflejados en el cristal.

Por supuesto que al revés de como estaban, porque en un espejo todo se ve al revés.

—Un espejo—se quedó helado al decirlo.

—¿Qué?—no le entendió su compañero.

—¡Un espejo!—lo captó Ana.

Entonces, con su bolígrafo, trazó una raya vertical por el centro de cada una de las figuras, dividiéndolas en dos partes, una a la derecha y otra a la izquierda.

Gaspar abrió los ojos tanto como la boca.

—¡Letras reflejadas en un espejo imaginario! ¡Qué borde!

—No, qué astuta—le corrigió Ana. Y mirando a Tasio agregó—: Y qué listos nosotros por haberlo descubierto, porque esta prueba sin duda no era fácil.

Volvieron a destilar orgullo.

—Entonces las dos letras que buscamos son la A del comienzo y la G del final—mantuvo su atención Gaspar—, porque la serie va de la B a la F. La primera es la A y la última la G.

—¿A quién conocemos cuyo nombre comience por AG?—se quedó en suspenso Ana.

El nombre lo pronunciaron los dos chicos a la vez, pero con mayor entusiasmo Gaspar:

—¡Agamenón!