El asesinato de la profesora de lengua (El asesinato del profesor 1) 2. Historia de DOS ciudades
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2. Historia de DOS ciudades

Historia de DOS ciudades

Charles Dickens

A la hora del recreo, no se hablaba de otra cosa.

—Qué fuerte, ¿no?

—Una pasada.

—¿Ya no vamos a dar clase de lengua lo que queda de curso?

—¿Cómo no vamos a dar clase de lengua, hombre?

—Pues ya me dirás.

—Mañana estará bien.

—¿Y si no lo está? A la Úrsula tuvieron que llevarla al hospital.

—Porque se le cruzaron los cables y se volvió loca de golpe.

—Pues la SOS está en camino.

—No seáis bestias, va. A todos nos cae bien, ¿no?

Tuvieron que admitir que sí, que de largo era la mejor.

—Ya, pero caen como moscas.

La reflexión de Ana Álvarez Aroca, rebautizada como Triple A, les alcanzó de lleno. Por sus mentes pasaron no solo la señora Úrsula, hospitalizada de urgencia, sino también el profesor Sancho y la profesora Asunción, de baja por depresiones de caballo.

—Parecemos asesinos en serie—admitió Sonia Romero.

—Menuda racha llevamos.

Salvo Ana, que era del grupo de las listas, se habían quedado solos los peores de la clase: Tasio, Gaspar, Sonia, Pedro y Fernando. Los seis intercambiaron miradas culpables.

—El otro día dijeron en la tele que ser profe tiene casi tanto riesgo como ser corresponsal de guerra. A muchos los acosan, y los alumnos más bestias van a por ellos. Ruedas pinchadas, pintadas, bromas pesadas...

—Nosotros no hemos llegado a eso—quiso dejarlo claro Gaspar.

—Pues en el fondo es lo mismo—suspiró Ana—. La señorita Soledad se siente muy herida, como si le hubiésemos fallado. Yo nunca la había visto así.

—¿Y qué quieres que le hagamos, Triple A?—se ensombreció Tasio.

—Tampoco nos pide tanto.

—Yo iba a leerme el libro—dijo sin mucho convencimiento Gaspar.

—Yyo—le secundó Tasio.

—Ya—bufó Ana.

—¿Por qué no me decíais que lo habíais sacado todo de internet?—refunfuñó Sonia.

—¿Y tú? ¿Por qué no lo decías tú?—protestó Pedro.

—No se me ocurrió—admitió la chica.

—Si lo malo no es sacarlo de internet. Lo malo es copiarlo tal cual—puso el dedo en la llaga Fernando—. Ahí sí se ve lo burros que somos.

—Pues ahora vamos a pringar todos, está claro.

El abatimiento les pudo.

Un panorama gris, casi negro, se cernía sobre ellos.

Y la crisis parecía no haber hecho más que empezar.

—Ami padre, si le llevo un cuatro, siempre puedo decirle que metí la pata, y que en septiembre recupero, pero un cero...

—Un cero pesa.

—Jo, si pesa.

Siguieron deprimidos.

Tasio y Gaspar miraron a Ana. Siempre estaban juntos, inseparables, TNT, Gol y Triple A, pero a diferencia de los dos chicos, a ella le gustaba leer.

—Yo es que cojo un libro y empiezo a ver palabras que no tengo ni idea de lo que significan y me pierdo y...—musitó sin esperanza Tasio.

—¿Cómo vas a entenderlo si no lees nunca?—dijo Ana—. Las palabras se hacen familiares a medida que lees, y entonces ya no se olvidan. Y tampoco cuesta tanto mirar de vez en cuando el diccionario si una palabra es importante para comprender algo esencial.

—Así de fácil—protestó Gaspar.

—Pues sí—insistió Ana—. Y ya sabéis lo que pienso yo: que no leéis por miedo al qué dirán.

—Sus ojos fueron de Gaspar a Tasio—. Yo pienso que hoy en día es lo más progre que hay.

La auténtica rebeldía. Mi hermano mayor me dijo ayer que yo era rara porque leía, y se rio de mí, pero el raro es él, que hace lo que la mayoría, como un borrego.

Hoy toca fútbol, hoy toca emborracharse, hoy toca tal y mañana cual, sin personalidad propia, sin iniciativa.

Leer un libro es el acto más individual que existe hoy en día.

¿No estamos todos en contra de la globalización y nos manifestamos hace unas semanas por ello?

Pues leer es el equivalente de esa rebeldía.

Tasio y Gaspar contemplaron a su amiga con admiración.

Era estupenda.

—Bueno—insistió en el tema que les ocupaba Fernando—. Tenemos un problema con la SOS. ¿Qué hacemos?

—Sí, ¿qué hacemos?—le apoyó Sonia.

Ninguno tenía una respuesta para eso, y menos con los hechos tan recientes. Solo confiaban en que al día siguiente las aguas hubieran vuelto a su cauce.

Una esperanza.

O eso, o lo pasarían mal.