EPÍLOGO EXTRALena
Seis meses después
Aún no había asimilado que en unos meses estaríamos celebrando nuestra boda.
La boda que siempre había imaginado, junto a mi hombre perfecto.
Nathan se había convertido en todo aquello que había deseado alguna vez.
Como cuando vi por primera vez a Gabriella y a Troy Bolton y supe que yo quería un hombre que bailara conmigo frente a las adversidades de la vida.
Eso era Nathan para mí, mi baile, un baile que no quería que terminara jamás.
—Estás preciosa —comentó Fallon detrás de mí.
Me miré de nuevo en el espejo y sonreí. El vestido era increíble, lo que siempre había soñado.
De una manera u otra, habíamos materializado ese sueño al diseñar esta prenda única: un vestido palabra de honor que realzaba mi pecho, con el cuerpo ajustado, marcando la silueta con delicadeza y sutileza, y una falda que caía con ligereza, acompañando mis pasos al caminar.
—Fallon tiene razón —dijo Chiara—, te queda espectacular.
El teléfono que sostenía la videollamada con Sara emitió un sonido. Al centrarme en la pantalla, pude ver cómo se sonaba los mocos con un pañuelo.
—No sabes cómo me encantaría estar ahí. Estás preciosa, gordi. ¿Cuántas veces habíamos soñado con este momento, eh?
—La verdad es que es perfecto. —Asentí—. La diseñadora ha conseguido reflejar todo lo que quería desde el primer boceto hasta hacerlo realidad. Es increíble. ¿Creéis que a Nathan le gustará?
—¿Estás de broma? —dijo Elaia—. Es imposible que no le guste.
—Creo que se emocionará tanto que ni siquiera será capaz de verlo con nitidez —añadió Fallon.
Mientras hablábamos, me coloqué una tiara plateada y un collar elegante con dos lágrimas en el centro que representaban a mis abuelos.
Siempre me había imaginado apareciendo en el altar vestida de princesa, así que esos detalles no podían faltar.
Era el primer día que me probaba el vestido, la primera prueba, pero quería verme con el atuendo casi completo para estar tranquila.
Para completarlo, solo faltaban los pendientes que llevó mi madre el día de su boda y la liga que Sara me iba a traer de España.
Contuve una sonrisa al imaginarme a Nathan cuando me viera aparecer y, sin querer, me distraje pensando en lo guapo que iba a estar él con el traje azul.
Seguro que se le ajustaría lo suficiente como para realzar su figura.
Me imaginé sus fuertes músculos bajo aquel atuendo y un escalofrío me recorrió entera.
No solo iba a casarme con el hombre más increíble del mundo, sino también con el más guapo.
No veía el momento de cruzar el altar y sellar nuestro amor con un beso mientras él me sostenía de la cintura y me inclinaba hacia atrás.
Y así daríamos paso a nuestra nueva etapa. Puede que, al final, mi caos siempre hubiera llevado su nombre.