Capítulo 12 #2
Mientras Olivia intentaba entender la situación, Victoria llamó a Mia, pero no contestó.
—Vic, no tiene sentido. Ella no sabía que tenía novia. ¿Cómo iba a planear esto? —continuó Olivia.
—Aún no lo sé, pero eso es lo que pasó.
—Espera... —recordó algo—. Sí sabía que estaba con alguien.
—¿Por qué dices eso?
—Porque hablé con Emily por teléfono. Solo que no mencioné nombres... creo. En realidad, ya no estoy segura de nada.
—Cómo esa vaca logró todo esto, no lo sé, pero lo hizo.
—Esto es de locos. Un día David, al siguiente Jane.
—A menos que estén compinchados.
—Eso sería demasiado.
—Liv, vamos al hospital...
—No, Vic. Si Jane hizo algo, no será rastreable... ¡Joder! Emm nunca me creerá...
—Si al menos pudiera verte como estás ahora. Pero Mia no contesta el maldito teléfono.
—Aunque me viera, pensaría que es todo una actuación. No me creería. Yo tampoco me creería. —Respiró hondo.
La desesperación de no saber cómo explicar lo inexplicable se apoderó de ella.
—Yo... no sé qué hacer... —Se llevó las manos a la cara y no pudo evitar echarse a llorar.
—Oye, no hagas esto... —la consoló su amiga.
Olivia nunca había tenido tanto miedo de perder a alguien.
En Del Carmen, se había derrumbado bajo la dureza de las palabras de Emy, pero entonces lo que sentía era pasión —pasión abrumadora, cierto, pero aun así pasión—.
Ahora era diferente. Esa mujer se había vuelto esencial en su vida.
No podía imaginar sus días y sus noches sin ella.
Un dolor inconmensurable le consumía el alma.
Su espera allí fue en vano. Ya había amanecido y seguía sin haber señales de Reed.
Victoria llamó a Mia innumerables veces y le dejó varios mensajes en los que decía que había visto a Olivia y que probablemente la habían drogado. Habló sin parar en las grabaciones, que Mia borró una por una, porque el dolor de Emily se había convertido también en el suyo.
Olivia se vio obligada a irse a casa por la cita y las pruebas de su madre. Pese a no estar en condiciones, decidió acompañarla, aunque no dejó de intentar localizar a su novia.
El día pasó y, al caer la tarde, ella y Vic estaban hablando en el dormitorio.
—Está en casa de Mia o en la de su hermano...
—Lo sé, Vic.
—¿Y...?
—Le doy una noche más. Mañana la encontraré esté donde esté. No voy a esperar otros cuatro años para que hablemos.
—¿Sabes qué? Mañana voy a ir a esa maldita empresa a hablar con Mia también.
—Espero que esto no interfiera en vuestra amistad.
—No te preocupes... necesitas descansar.
—Sí...
Victoria se dirigió a la puerta y luego se volvió hacia su amiga.
—Ah, arreglé tu teléfono. Está ahí cargándose.
—Lo vi. Gracias. Todavía no he aprendido a usar este teléfono nuevo.
—¡Únete al siglo veintiuno, Wess! —dijo, intentando aligerar el ambiente—. Buenas noches, grandullona.
—Buenas noches, Vic. Gracias por cuidar de mí...
Su amiga le guiñó un ojo y se marchó.
Olivia se tumbó y, al mirar la mesita de noche, vio el frasco que había recibido en casa de Tommy. Lo cogió e inspiró el aroma que tanto le recordaba a su novia.
—¿Cómo voy a explicártelo...? —dijo, mirando el frasco.
Aquella noche parecía interminable...
Llegó la mañana...
En casa de Tommy, a petición de Emily, Eve no sacó el tema. Emily era inflexible, y sus reacciones preocupaban a su cuñada.
Había pasado todo el día anterior de la misma manera y seguía extrañamente tranquila, sin sollozos ni lágrimas.
Habló con su hermano, que había regresado de viaje esa mañana. Conversaron sobre el lanzamiento de su perfume, sin dejar traslucir nada.
Eve lo observaba todo, incrédula y temerosa del momento en que el dolor desbordara.
—Espera un momento, ¿te vas? ¿Y el lanzamiento? Es dentro de unos días —preguntó Eve.
—Volverá a tiempo —le explicó Tommy a su mujer.
—Puede que vuelva, Eve. Ya sabes que odio esas fiestas.
—¡Es tu creación, Emy! —protestó Eve.
—Hermanita, tiene razón. Tú creaste esta fragancia. Si necesitas este descanso, lo entiendo, pero me gustaría que estuvieras en la fiesta.
—He creado otras y no estuve en el lanzamiento.
—¡Esta es especial! —dijo su cuñada, indignada.
—Todas lo son.
Tommy escuchaba el intercambio y notaba la irritación entre ellas, pero prefirió no intervenir en ese momento.
—Está bien, pero ¿adónde vas? —preguntó Tommy.
—A casa de la abuela.
—A ver si puedes traerla de vuelta. La echamos mucho de menos aquí —pidió el empresario.
Las cuñadas siguieron intercambiando miradas. Eve no estaba de acuerdo con que Emily huyera de un encuentro con Olivia. Creía que lo mejor para ella sería aclarar las cosas, pero guardó silencio.
Todo esto sucedía mientras Liv, que llevaba en casa de los Reed desde primera hora de la mañana, esperaba a que Emily apareciera. Llevaba ya varias horas allí cuando recibió un mensaje de texto. En cuanto terminó de leerlo, salió corriendo, se subió al coche y arrancó a toda velocidad.
Unas manzanas más allá...
—¿Seguro que no quieres que te lleve alguien? —preguntó el hermano de Emily mientras se despedían en la entrada de la casa.
—Claro que no. Son solo unas horas, y quiero pensar.
—Por favor, intenta volver para el lanzamiento —pidió Eve.
—Prometo que lo pensaré... —Seguían hablando cuando Alice las interrumpió.
—Tía Emy, trae a la bisabuela, porfi, porfi... —Juntó las manitas en gesto de súplica.
—La tía te jura que lo intentará, ¿vale? —La besó con ternura y se puso de pie.
—¿Mia te trajo toda la ropa que pediste?
—Sí, Eve. La recogió ayer. Es suficiente.
—Vale. Si necesitas algo, ya sabes...
—Ajá... —Se despidieron con un abrazo, y lo mismo hizo su hermano.
Emily se subió al coche, tocó brevemente el claxon y se dirigió hacia la salida.
En el instante en que su coche atravesó la verja, otro vehículo le cortó el paso y la obligó a frenar en seco.
—¡Maldita sea! —gritó, sin poder ver todavía quién le había cortado el paso.
Tommy, que había estado observando, intentó acercarse, pero Eve lo detuvo.
—Déjalo.
—¿Qué está pasando aquí exactamente?
—Necesitan hablar. Entremos y te lo explico todo.
—¿Ellas? —Miró hacia atrás para ver quién era—. ¿Olivia?
La mirada de Eve lo decía todo, así que, aunque a regañadientes, Tommy aceptó la sugerencia de su mujer, sobre todo por la curiosidad de su pequeña.
Desde el coche, con la mirada al frente, Emily vio a Wess salir del otro vehículo con el rostro serio y caminar hacia ella.
Emily se desabrochó el cinturón de seguridad, abrió la puerta y salió gritando, furiosa.
—¿Estás loca? ¡Podríamos haber chocado!
En unos pocos pasos, Olivia ya estaba frente a ella.
—¿Vas a huir otra vez? ¿Tengo que esperar otros cuatro años para que hablemos? —dijo, seria y contenida.
—No estoy huyendo. Simplemente no tengo nada que decirte.
—Puede que tú no, pero yo sí. No tienes que creerme, pero sí tienes que escucharme.
—Ya veremos... —Emily volvió a meterse en el coche, dispuesta a arrancar, cuando Olivia abrió la puerta, le quitó la llave y la dejó lívida.
Se alejó del coche, se ajustó las gafas y la miró fijamente.
—Sí... ¡ya veremos...! —Levantó la llave.
En ese instante, lo único que se oyó fue el puño de Emily contra el volante y el grito furioso que escapó de sus labios.
—¡Odio esto! —gritó.
—¿Puedes salir de este maldito coche de una vez y escucharme?
—Devuélveme esa llave, Wess.
—¿En serio sigues pensando que eso va a pasar? —Su tono destilaba ironía.
Emm respiró hondo, sintiendo una irritación colosal, pero cuando se dio cuenta de que no tenía otra opción, salió y cerró la puerta del coche de un portazo. Se cruzó de brazos y la miró.
—Tienes cinco minutos…
—¿Tengo cinco minutos? —Olivia se acercó—. Yo te di muchísimo más que cinco minutos cuando encontré en internet una foto tuya besando a tu exnovio.
La indignación en su voz era inconfundible. Al fin y al cabo, ella la había escuchado, ¿por qué Emy no iba a hacer lo mismo?
—Es muy diferente, ¿no te parece?
—¿Acaso me viste acostándome con esa mujer?
—¿De verdad crees que necesito responder a eso después de lo que vi?
—Sí. Porque no viste eso, ¡y yo no recuerdo una mierda de esa noche! —espetó.
—¿Esa es tu excusa? ¿No recordar?
—Vale… mi excusa no es tan buena como decir que tu ex te agarró.
—¡Me agarró! —perdió el control.
—Y yo no sé qué hice porque simplemente no lo recuerdo. ¡Dios, no estoy mintiendo! —gesticuló.
—Te vi, Olivia. Maldita sea, ¡te vi! —Se le quebró la voz.
—Me viste inconsciente. Y ahora dime, ¿cómo me quedé inconsciente después de, como mucho, dos copas de champán?
—Genial. Así que admites que estabas bebiendo champán con ella cuando deberías haber estado ¡TRABAJANDO! —terminó gritando.
—Emm…
—¡No me llames así! —Miró a su alrededor—. Por favor, quita el coche de en medio de la calle. No sé si te has dado cuenta, pero la gente está pitando.
Y así era.
—¡Mierda! —Olivia fue hacia el vehículo y despejó la calle.
En ese mismo momento, dentro de la casa, hacían falta algunas explicaciones.
—Nana, por favor, lleva a Alice a jugar a su habitación —pidió Eve a la niñera.
—Ya lo sé… conversación de adultos… —La pequeña puso los ojos en blanco, pero obedeció.
Después de que se fuera, Eve y Tommy iniciaron una conversación incómoda.
—¿Puedes explicarme qué está pasando, por favor?
—Siéntate, cariño… Tengo algunas cosas que contarte…
Eve le contó todo desde el principio: que Emily y Olivia se habían conocido en el viaje que ella había hecho hacía poco más de cuatro años y que se habían enamorado.
—¿Mi hermana enamorada de una mujer? —dijo sorprendido.
—Sí, Tommy. Y aunque se separaron allí en México, ella rompió con David en cuanto volvió.
—Sí, eso fue extraño, porque lo dejó de repente. Incluso pensé que estaba con alguien, pero se quedó sola.
—Olivia y Emy no hablaron durante todo ese tiempo y se reencontraron en…
—Mi oficina… ¡Dios mío! —Se recostó en el sillón.
—Después de eso, y tras algunas peleas, volvieron… pero las cosas se complicaron de nuevo.
—¿Qué cosas?
—Todavía no lo sé muy bien, pero como has visto ahí fuera, tienen problemas.
—Esto solo ha sido un momento de debilidad de Emy. No llegará a nada —concluyó.