El aroma de la memoria Capítulo 3
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Capítulo 3

Liv ni siquiera lo pensó. Atrajo el cuerpo desnudo de Emily contra el suyo.

Emily se metió bajo el chorro de agua con aquella mujer de cuerpo esculpido.

Se besaron con un deseo que nunca antes había experimentado.

Todo con Liv era tan intenso que perdía toda noción del tiempo y el espacio.

Los labios de Liv le recorrieron el cuello, los hombros, con una mezcla de delicadeza y precisión, antes de que su lengua volviera a deslizarse hasta su boca.

Olivia le ofreció su lengua, y Emily la succionó al instante, sintiendo cómo su espalda se apretaba contra la pared mientras el cuerpo de Olivia se amoldaba al suyo sin romper aquel beso delicioso.

La mano de Olivia recorrió el cuerpo de Emily, abriéndose su propio camino, empezando por sus pechos y arrancándole un suave gemido. Pero Olivia quería mucho más, y no se detuvo hasta llegar entre sus piernas.

Cuando Emily sintió el roce de sus dedos, echó la cabeza hacia atrás, los labios entreabiertos, abandonándose a aquella caricia de lentitud tortuosa. Inesperadamente, Liv retiró los dedos, se apartó unos centímetros, y al mirarla, vio su propio reflejo en aquellos ojos azules.

Con una leve sonrisa, le besó el cuello y fue descendiendo por cada rincón de su cuerpo hasta llegar a su sexo. Sin dudarlo, la atrajo por la cintura y la lamió sin descanso.

—Oh, Liv… —murmuró excitada.

Gimió aún más, abandonando la sutileza, permitiéndose revelar todo lo que sentía.

Colocó la pierna derecha sobre el hombro de Liv, abriéndole el camino para un beso íntimo que le provocaba sensaciones que nunca había experimentado con tal intensidad.

Su mano acarició el cabello de Olivia y luego la sostuvo exactamente donde más placer le daba.

—Liv… —la llamó entre gemidos.

—¿Quieres que pare? —preguntó con una expresión absolutamente perversa.

—Si paras… te mato.

Se rio y volvió a lo suyo, lamiendo con agilidad y rapidez, haciendo que Emily, por instinto, se restregara contra su boca.

—Hazlo… qué bien se siente… —dijo, mordiéndose el labio inferior y moviéndose con más fuerza—. Voy a correrme… en tu boca… —advirtió con voz temblorosa, el cuerpo ya tensándose, los gemidos lo bastante fuertes como para oírse en toda la casa.

Olivia se deleitaba con las sensaciones que provocaba en Emily. Aquello le producía una satisfacción inexplicable.

Se incorporó y Emily la atrajo hacia un beso, saboreando cada rastro de aquella lengua… su propio sabor. Aquello excitó a Olivia de pies a cabeza.

—Ven… —Cerró la ducha y salieron, con los cuerpos mojados y dominados por el deseo. Liv la empujó sobre la cama, y Emily, sorprendida, sonrió mientras observaba cómo le abría las piernas con firmeza y autoridad.

Emm solo observó los movimientos de Olivia mientras encajaba su sexo contra el suyo, frotándose de una manera tan sensual que Emily apenas podía parpadear.

—Dios…

La palabra se le escapó, fascinada por la visión y aún más al comprobar que la excitación volvía a apoderarse de su cuerpo. Siguió los movimientos de Olivia sin siquiera darse cuenta.

Se movieron, frotándose la una contra la otra… aumentando el ritmo.

Era instintivo y placentero.

El cuerpo de Liv se inclinó hacia delante y cerró los ojos. Emily no pudo soportar la excitación y se llevó a la boca los pechos de la mujer que tanto deseaba, lamiéndolos y succionándolos.

—Mmm… Emm…

Olivia no pudo contenerse más, y al sentir que el orgasmo llegaba, se aferró a Emily. La cabeza le cayó hacia atrás y se corrió con fiereza.

Deliciosamente.

Intentaba recuperarse cuando se dio cuenta de que las caderas de Emy seguían moviéndose. De inmediato se movió con ella.

—Me vuelves loca de deseo… —admitió Emily.

—Mmm…

—Tus ojos me deshacen… tu cuerpo me hace… ahhhh… —Restregándose contra ella, meciéndose, la ola de placer volvió a recorrerle el cuerpo—. No pares…

Clavó las uñas en la espalda de Liv y gritó de placer.

A Olivia ni siquiera le importó el dolor de los arañazos. El placer de Emy era un regalo incomparable para ella.

Un silencio necesario se hizo entre ellas, permitiéndoles abandonarse en los brazos de la otra.

Cada una tenía sus dudas y miedos. Olivia intentaba comprender por qué Emily le provocaba sensaciones tan intensas. Emily ya había dejado de intentar entender lo que Olivia despertaba en ella; solo podía pensar en cómo volvería a su «realidad» y tendría que renunciar a todo lo que había sentido.

Acallaron sus pensamientos y se durmieron.

Esa misma tarde…

—Así que, además de hacer café, la señorita también sabe cocinar —bromeó Emily, sentada mientras observaba a Olivia preparar algo de comer, dado que solo habían tomado café.

—Entre otras cosas… —Le guiñó un ojo.

—¿Cómo se llama este plato?

—Guacamole.

—Mmm… tiene buena pinta.

—Espero que sepa bien. Eso es lo que importa.

Sirvió el plato con nachos.

—Está delicioso y ligero —elogió Emily.

—Me gusta… —Mientras comía, Olivia se puso las gafas para leer un periódico.

—¿Sabes que pareces una intelectual con gafas? —Liv sonrió y la miró por encima de los cristales.

—Me sorprende que leas las noticias en papel y no en el móvil.

—No vivo pegada al móvil como tú y Vic.

—¿Yo? No me ves con el móvil.

—Te he visto revisándolo unas cuantas veces.

—Mentirosa.

—Para nada.

—Vale, pero es por trabajo, y no puedo desconectar del todo.

—¿Solo trabajo, Emm? —Le sostuvo la mirada.

—Liv...

—No tienes que decir nada. No hablaremos del mundo real... —Notó cuánto incomodaba ese tema a Emy.

—Dime... esto... —Emily señaló a Olivia y luego a sí misma—. ¿Es real?

Liv se acercó y, quitándose las gafas, la miró de nuevo.

—Esto es lo más real que he tenido en mi vida...

La seriedad de su respuesta fascinó a Emy. Se levantó de la silla, se acomodó en el regazo de aquella mujer y la besó. Olivia le devolvió el beso.

Después, fueron a la hamaca y se quedaron allí un buen rato, hablando.

—Dios... podría vivir aquí el resto de mi vida. Es tan hermoso. —Acurrucada contra Olivia, Emily contemplaba el impresionante paisaje que se extendía ante ellas.

—No podrías. Este lugar siempre será un sitio de vacaciones para ti.

—¿Por qué dices eso?

—Mírate, Emm. Se nota que eres sofisticada, y estoy segura de que te gustan cosas que este lugar no podría darte.

—¿Cómo lo sabes?

—Créeme, todo esto no es más que unas vacaciones para ti.

Emily se incorporó para mirarla a los ojos.

—¿Estás diciendo que tú no eres más que parte de estas vacaciones para mí, Olivia? —Había cierta severidad en su tono.

—No exactamente...

—¿En serio? Entonces explícamelo. —Se acomodó para escuchar la explicación, esperando que fuera muy buena.

—Mi rubia enfadada. Lo que quise decir es que somos diferentes... Yo podría vivir aquí hasta hacerme vieja, pero no te veo a ti haciendo lo mismo.

—¿Y puedo preguntar por qué? —Entrecerró los ojos.

—Mira, Emm, Vic y yo nos criamos de forma sencilla, jugando con los chicos de la calle en nuestro barrio, la mayoría latinos. Soy una persona de hábitos simples, y...

—Y yo soy una niña mimada que siempre lo tuvo todo demasiado fácil y nunca podría vivir sin lujos. Entendido. —Hizo una mueca.

—Estás molesta, pero esa no era mi intención.

—No es eso, Liv. Aun sabiendo tan poco sobre mi vida, así es como me ves, y eso me entristece.

—No supe expresarme. ¿Ves lo tosca que soy? —dijo, intentando bromear con ella.

—Mírame, Olivia —dijo con seriedad, sosteniendo el rostro de Liv entre las manos—. Tú eres mi perdición, porque cuando estoy contigo, no quiero estar en ningún otro lugar del mundo, ni siquiera en mi propio mundo. ¿No te das cuenta de lo que siento?

La respiración de Olivia cambió al sentir la verdad en esas palabras y lo mucho que ella sentía lo mismo.

Le acarició el rostro a Emily, atrayéndola hacia un beso... uno de esos besos que dicen más que las palabras.

—Solo te pido una cosa, Emm... —susurró con los labios entreabiertos—. No huyas más de mí. He bajado todas mis defensas. Soy completamente tuya.

Emily sonrió y la besó de nuevo.