Capítulo 2 #2
—No empieces con esas. Vic dijo que te dejó con Liv hoy. ¿Qué pasó?
Hubo una pausa y un suspiro de Emy.
—Me besó ayer.
—Dios mío, ¡eso es increíble! ¿Y?
—¿«Eso es increíble»? Se supone que debes aconsejarme que no ande por ahí besando a la gente.
—Deja de dar rodeos. ¿Y?
—Hoy la besé yo.
—¿Tú? Ahora soy yo la que necesita unos chupitos.
—Luego volví a huir.
—¿Qué? Me estás mareando más que el tequila de anoche.
Emily se acercó al oído de su amiga.
—Se puso medio desnuda delante de mí. No supe cómo actuar —susurró.
—¿Medio desnuda?
—Sí.
—Es una mujer. ¿Qué tiene eso de nuevo para ti?
—No lo entiendes.
—Sí lo entiendo. Solo te estoy tomando el pelo. Escucha... esto es nuevo para ti. Es normal que te sientas así. Sobre todo con todo eso.
Emily entrecerró los ojos, desaprobando el comentario.
—¿Por qué me miras así? Es la verdad.
Victoria regresó a la mesa, interrumpiendo aquella conversación.
—Aquí está tu tequila. —Vic dejó la bebida sobre la mesa.
—Esta noche, solo tú y yo, Jose Cuervo —le dijo Emily a la botella.
—Dios santo, y eso antes de que hayas bebido nada —se rio su amiga.
Emily bebió unos chupitos con una velocidad peligrosa.
—Chica, ve más despacio.
—Vic, siempre voy despacio. —Ya empezaba a arrastrar las palabras. No estaba acostumbrada a las bebidas fuertes.
—Solo tenemos una opción... cuidar de ella —decretó Mia, dejando que su amiga tuviera su momento de borrachera en paz.
—En ese caso... ¡arriba! —bromeó Vic.
Con cada minuto, otro chupito.
Pasó media hora, y también muchos chupitos.
—Hola.
Olivia apareció.
Pasó la mirada de Emily a la botella.
—Hola, amiga. Siéntate.
—Hola, Liv —dijo Mia.
—Hola, Olivia —respondió Emily lentamente, ya la más propensa a acabar borracha esa noche.
—¿Estás borracha? —preguntó Olivia enseguida.
—¿Y si lo estoy?
—Solo se está divirtiendo, Liv —intentó suavizar Vic, pero su amiga la ignoró.
—Mia, ya está borracha. Va a acabar en el hospital —dijo irritada.
De hecho, la irritación ya estaba ahí.
Mia no tuvo tiempo de responder. Emy habló primero.
—No empieces, Olivia. No sé si alguien te lo dijo, pero mi vida es mía.
—Vale. Que te den, chica.
Usó el mismo tono.
—¿Qué demonios os pasa a las dos? No podíais quitaros las manos de encima, ¿y ahora estáis peleando? Liv, siéntate y bebe tú también. Venga.
—Estoy de acuerdo contigo, Vic —dijo Mia, y le susurró a su nueva amiga al oído—: Esto es deseo reprimido.
Se rieron de ese hecho innegable.
Olivia, por su parte, se sentó frente a Emily. No dijeron nada, pero se fulminaron con la mirada.
Emily se tomó otro chupito y, sin dejar de mirar a Liv, hizo una mueca evidente. Como respuesta, Olivia hizo lo mismo y se terminó la bebida sin inmutarse.
Se provocaban la una a la otra, y la verdad era que ni siquiera sabían por qué, pero siguieron haciéndolo.
Cuando empezó a sonar una canción latina, Emily gritó.
—Quiero bailar.
En cuanto se levantó, un joven que llevaba un rato observándola la invitó a bailar, y ella aceptó.
En la mesa, Olivia intentó disimular la incomodidad que sentía.
—Voy a buscar algo de comer —anunció, y se dirigió al mostrador donde estaba Juan, el dueño del bar.
—¿Es cosa mía o tu amiga está celosa de la mía? —preguntó Mia.
—Está actuando raro, pero los celos no van con Liv.
—Créeme, Liv no es la única que está actuando raro... —dijo Mia mientras observaba a su amiga bailar.
Olivia regresó a la mesa con muchos aperitivos, pero poca conversación. La rubia, mientras tanto, bailaba y charlaba con el joven lugareño.
—Vic, deberías trabajar en Los Ángeles o Nueva York —dijo Mia, iniciando una conversación en la mesa.
—Esa gigante de ahí no para de insistirme para que vuelva a Estados Unidos, pero ¿cómo voy a abandonar este paraíso?
—Sí... en eso tienes razón —dijo Mia—. Y tú, Liv, ¿cuándo vuelves?
—El mes que viene.
—Qué bien.
Hizo una pausa.
—Liv, me encanta el color de tu pelo —dijo.
Olivia ni siquiera la oyó.
—Liv, Mia te está hablando.
—Perdona, Mia. ¿El pelo? —dijo distraída.
—Como ella misma dice, es una casi pelirroja temporal —bromeó Vic.
—¿Temporal? ¿Por qué?
—Cosas de la moda —explicó Vic.
De repente, Olivia se levantó.
—Chicas, nos vemos mañana... y no os preocupéis por esa rubia loca. Yo me encargo de ella.
Las mujeres no tuvieron tiempo de reaccionar. Olivia fue hacia Emily, que seguía hablando con el chico del pueblo.
Cuando la alcanzó, la agarró del brazo y prácticamente la arrastró, dejando al joven confundido y a sus amigas muertas de risa mientras observaban la escena.
A los pocos metros, Emily logró soltarse.
—¿Adónde crees que me llevas? —espetó Emily.
—A mi casa. Vamos.
Olivia le cogió la mano y tiró de ella.
—Suéltame.
—Ya has bebido y bailado suficiente.
Emy se detuvo, riendo.
—¿Celosa?
—Celosa mis narices, chica —dijo indignada.
—¿Por qué no lo admites? Tú, Olivia, te mueres de celos por mí.
—Basta, Emily.
—¿Crees que es difícil admitir que estás celosa? Yo admitiré algo mucho peor.
Respiró hondo y la miró fijamente.
—Pensar en ti me está volviendo loca.
Liv finalmente le prestó toda su atención.
—¿Eso te asusta? Imagina cómo me siento yo. Soy heterosexual. ¿Lo entiendes? Heterosexual.
La modelo no se movió, y Emy dio un paso adelante.
—¿Te das cuenta de lo que me estás haciendo, Liv? ¿Te das cuenta? Joder.
Sonó como una súplica, y Olivia entendió algunas de las reacciones de Emily.
Como respuesta, le acarició el rostro con una mezcla de afecto y cuidado. Emy cerró los ojos, queriendo sentir ese contacto, y su irritación desapareció con el sutil y delicado roce.
La besó suavemente en los labios.
—¿Crees que yo no tengo miedos también? No eres la única a la que esto pilló por sorpresa, Emm.
—¿Emm?
—Tienes cara de Emm.
—Mi abuela me llama así.
—Pues a partir de ahora, ella y yo te llamaremos así.
—Liv…
Hizo una mueca.
Era evidente que el tequila estaba haciendo efecto.
—Ya lo sé. Venga, reina del tequila.
La abrazó.
—Tenemos que intentar paliar la resaca de mañana.
—Dios mío, ¿por qué habré bebido tanto?
Olivia se rio, imaginando la resaca inolvidable que le esperaba.
—Deja de reírte.
—Vale, vale.
Contuvo la risa, aunque no del todo.
No tardó mucho en que Emily empezara a encontrarse mal, y Olivia estuvo a su lado en todo momento.
Tras una larga ducha, Emily consiguió dormirse.
Antes de acostarse, Olivia se sentó en la cama y se quedó contemplando a Emily mientras dormía. En tan poco tiempo, aquella mujer se había vuelto muy especial para ella.
A la mañana siguiente, la luz del sol despertó a Olivia. Al abrir los ojos, vio que Emily seguía durmiendo plácidamente. Procurando no hacer ruido, preparó el desayuno.
Poco después, dejó de estar sola.
—Hola.
—Buenos días, chica del tequila.
La picó al verla aparecer.
—Ni me lo recuerdes… Encontré el agua y la pastilla en la mesita de noche. Gracias. Me hacían mucha falta.
—Ya me lo imaginaba.
—Y gracias también por el cepillo de dientes.
Olivia sonrió.
—Venga, ven a desayunar. Necesitas comer algo.
—Solo me entra un poco de café.
Se sentaron a la mesa, charlando de cosas sin importancia mientras tomaban el café.
—¿Te acuerdas de todo lo de ayer?
—Dios mío, ¿qué hice?
—¿De verdad no te acuerdas?
—Liv, me estás asustando. No me digas que me subí a una mesa o hice alguna locura.
—No sé ni cómo decírtelo…
Emy entrecerró los ojos y por fin se dio cuenta de que Olivia le estaba tomando el pelo.
—Me estás vacilando, ¿verdad?
—Sí.
Y estalló en carcajadas.
—Qué pesada.
Emily también se echó a reír.
Después del desayuno, Olivia se levantó.
—Bueno, si me disculpas, voy a darme una ducha, pero no tardo nada.
—Claro. Me vuelvo al hotel.
—No. Quédate… Vuelvo enseguida.
Emily asintió.
Liv subió las escaleras. En el salón, la neoyorquina dejó las tazas en el fregadero y entonces oyó, procedente del dormitorio, la canción que había sonado la otra noche.
Sonrió, con la mirada fija en las escaleras.
Al poco, Olivia se llevó una sorpresa cuando la puerta de la ducha se abrió y Emily apareció completamente desnuda.
—¿Sigue en pie la invitación de ducharnos juntas? —preguntó Emily.
Liv se quedó sin palabras.