El Archivo del Monasterio (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo III) CAPÍTULO 24 QUIÉN BUSCABA LA CAJA ANTES DE DESAPARECER
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CAPÍTULO 24 QUIÉN BUSCABA LA CAJA ANTES DE DESAPARECER

Julián Rojas ya no buscaba la caja.

Eso fue lo primero que Elena Salcedo comprendió al ordenar sus últimas consultas con una cronología más precisa.

La sexta caja había sido el punto de entrada a la investigación porque desaparecía de los inventarios y porque durante años había conservado una identidad propia.

Pero una vez que Rojas entendió que aquella unidad archivística había sido deshecha, que sus papeles se habían repartido y que el contenedor podía incluso haber sido reutilizado, dejó de perseguir el objeto.

Empezó a seguir el recorrido de los documentos.

Dentro de ese recorrido había una pieza que aparecía una y otra vez en sus últimas solicitudes: el tercer papel.

Adrián Valcárcel revisó las anotaciones extendidas sobre la mesa.

Rojas lo había mencionado con fórmulas distintas según el documento que consultaba.

En unas ocasiones hablaba de “papel retenido para copia” ; en otras, de la “nota del escribano” o de una copia que había quedado fuera del circuito de la fundación.

También intentaba reconstruir qué documentación había permanecido en Burgos después de la devolución parcial.

No parecía interesado ya en saber dónde estaba una caja.

Quería saber qué había ocurrido con la pieza que no había regresado a Santa María.

Elena había reconstruido además sus desplazamientos durante los días anteriores a su desaparición. Rojas había trabajado en archivos públicos y en documentación vinculada con la catedral, pero una de sus visitas no figuraba entre las solicitudes archivísticas ordinarias.

Había acudido a Navas Patrimonio y Archivo .

Martín Arce levantó la vista.

Hasta ese momento habían interpretado la visita de Roberto Salcedo Navas a la casa de huéspedes como el primer contacto conocido entre ambos.

El registro de entrada de la asesoría demostraba lo contrario.

Rojas había ido antes a buscarlo.

Había permanecido en sus oficinas cerca de una hora.

No existía constancia de la conversación ni de que saliera con documentos, pero el encuentro cambiaba la relación entre los dos hombres.

Rojas no había sido simplemente abordado por una persona que seguía la misma documentación.

Había buscado deliberadamente a Navas.

Dos días después, Navas acudió a verlo a la casa de huéspedes.

Aquello obligaba a descartar una explicación demasiado sencilla.

Navas podía haber sido un competidor, pero también una fuente profesional a la que Rojas recurrió voluntariamente porque sabía que la consultora trabajaba con procedencias privadas.

Entre las solicitudes de Rojas apareció una referencia que apoyaba esa posibilidad:

“Consultoría de procedencia que ha trabajado fondos Valderrama.”

Elena encontró además un correo enviado por Rojas a un colega.

Decía:

“No soy el único buscando esta documentación. Hay una consultora privada siguiendo la misma línea desde antes de que yo llegara.”

Más abajo añadía:

“Ellos empezaron por la procedencia de los papeles. Yo por el monasterio. Estamos llegando al mismo punto.”

Aquella frase aclaraba mucho más que cualquier suposición sobre rivalidades.

Existían dos investigaciones distintas.

La de Navas había comenzado desde documentos de procedencia privada.

La de Rojas había avanzado desde Santa María.

Ambas terminaban convergiendo sobre la misma documentación.

BLOQUE 2

Elena consiguió acceder al listado de reproducciones solicitadas por Navas Patrimonio y Archivo en instituciones públicas durante los meses anteriores.

No podían conocer aún la identidad del cliente ni el contenido contractual del encargo, pero sí las referencias documentales que la consultora había pedido.

Martín las comparó con las de Rojas.

La semejanza era evidente.

Navas había investigado primero documentación genealógica de los Valderrama y después títulos vinculados con la propiedad de Castilla. Más tarde aparecían peticiones relacionadas con Santa María de Valdecilla y, tiempo después, referencias expresas a la caja F.

Al final de la secuencia surgía también el interés por correspondencia de escribanos.

La diferencia no estaba tanto en el destino como en el orden.

Navas había llegado a la caja varias semanas antes que Rojas.

Adrián observó que, sin embargo, la consultora no parecía haber estudiado los inventarios monásticos con la misma profundidad.

Sus peticiones eran más directas.

Eso podía significar que partían de una referencia obtenida en otra fuente.

La confirmación parcial apareció en una solicitud realizada por Navas en un archivo distinto:

“Buscar referencias a traslado no devuelto procedente de Santa María.”

La petición era anterior a la llegada de Rojas a Burgos.

Por tanto, la consultora conocía ya la existencia de un problema de devolución antes de que Rojas reconstruyera la secuencia desde el monasterio.

No sabían de dónde procedía esa información.

Podía venir de un inventario privado, de documentación familiar o de un expediente de procedencia al que ellos no tenían acceso.

Cualquiera de esas opciones era compatible con el trabajo profesional de Navas.

Elena evitó que la discusión se desviara hacia el cliente desconocido.

Lo importante era establecer qué había aprendido Rojas después de contactar con la consultora.

Una nota conservada en una de sus solicitudes proporcionó parte de la respuesta:

“La consultora cree que la caja fue enviada entera a Burgos. Los registros demuestran lo contrario.”

Rojas había detectado un error en la reconstrucción de Navas.

La caja no había viajado completa en aquel movimiento.

Habían salido determinadas piezas.

Eso podía haberle dado una ventaja interpretativa.

Otra anotación era todavía más clara:

“Ellos buscan el contenedor. Yo busco la pieza.”

Clara comprendió entonces que la diferencia entre ambas investigaciones no era menor.

Navas había seguido todavía durante un tiempo la hipótesis de la caja física.

Rojas ya había abandonado esa vía y concentraba su trabajo en el documento que había quedado retenido.

El segundo encuentro entre ambos ocurrió después de que Rojas localizara la relación de papeles apartados.

Navas acudió a la casa de huéspedes y permaneció allí menos de veinte minutos.

La propietaria recordaba que, después de la conversación, Rojas parecía serio, aunque no asustado.

También recordó una frase:

“Ahora saben que no estaba en la caja.”

No podía saberse qué significaba exactamente.

Podía referirse al original retenido, a una copia posterior o a alguna otra referencia que Rojas hubiese localizado.

Lo importante era que la conversación parecía haber modificado la búsqueda de Navas.

Después de aquel encuentro, la consultora dejó de insistir en la caja como objeto y orientó sus consultas hacia correspondencia vinculada con el escribano.

BLOQUE 3

La llamada recibida por Rojas la noche en que dejó de ser localizado empezó a adquirir un contexto algo más preciso cuando Elena recibió información técnica sobre la línea perteneciente a Navas Patrimonio y Archivo.

El número que había contactado con Rojas pertenecía efectivamente a la consultora.

Eso ya estaba establecido.

Lo que seguía sin resolverse era quién había utilizado el teléfono en ese momento.

La actividad de la línea permitía confirmar que había sido empleada desde la oficina unas horas antes y que volvió a utilizarse al día siguiente desde Madrid.

Nada de eso situaba personalmente a Roberto Salcedo Navas en Burgos durante la llamada.

El vínculo con la asesoría era real.

La identidad del usuario seguía abierta.

Navas ya había prestado una primera declaración.

Reconocía conocer a Rojas y admitía que ambos habían trabajado sobre documentación Valderrama. También confirmaba haberlo visitado en la casa de huéspedes.

Negaba, sin embargo, haber utilizado deliberadamente el nombre de Javier Mendizábal.

La tarjeta empleada para pagar la reproducción estaba a su nombre y las cámaras lo situaban en el archivo, pero Navas sostenía que la reserva había sido preparada por un colaborador y que él no había introducido personalmente el nombre consignado en la ficha.

Era una explicación que debía comprobarse.

Sobre el motivo de sus consultas respondió que trabajaba para un cliente cuya identidad estaba protegida por confidencialidad contractual mientras no existiera un requerimiento formal.

No podían avanzar todavía por esa vía.

Sí aportó un dato más útil.

Afirmó que Rojas había acudido a él porque necesitaba confirmar una referencia que aparecía en un antiguo inventario de procedencia privada.

La referencia hablaba de:

“Una nota que mencionaba un papel separado de la caja y conservado en Burgos.”

Navas dijo que no había mostrado a Rojas el inventario ni revelado dónde se encontraba porque pertenecía a documentación de cliente.

Eso explicaba cómo Rojas había empezado a seguir una pista que no figuraba en los catálogos públicos.

Navas podía haber sido, al menos en parte, su fuente.

Después los dos habían continuado buscando lo mismo desde lugares distintos.

Según la declaración de Navas, Rojas terminó encontrando algo que él todavía no había conseguido localizar.

Cuando Elena preguntó cómo podía saberlo, respondió que el propio Rojas se lo había dicho.

La frase que recordaba era:

“La pieza no se perdió. Cambió de circuito.”

Aquello coincidía con la reconstrucción histórica de Rojas.

El documento no había desaparecido necesariamente cuando dejó de estar en el archivo de la fundación.

Podía haber pasado a otra serie, a una custodia profesional o a un circuito documental diferente.

Navas interpretó que debía buscar un archivo distinto.

Rojas parecía haber llegado más lejos.

Durante la visita a la casa de huéspedes había mencionado una “habitación junto al archivo” .

Navas aseguró que no sabía a qué se refería.

La frase adquirió importancia cuando Elena revisó el historial de búsquedas recuperado de una de las cuentas de Rojas.

Horas antes de desaparecer había consultado referencias sobre dependencias anexas a archivos históricos y sobre una antigua sala utilizada por escribanos. Una búsqueda posterior mencionaba de manera más concreta una habitación situada junto a un depósito documental.

Ya no perseguía la caja.

Ni siquiera parecía limitarse al archivo general.

Buscaba un espacio físico.

Adrián comprendió el nuevo recorrido.

La caja F lo había conducido hasta la pieza que no regresó.

Aquella pieza lo llevó a la actividad de un escribano y a una referencia documental fuera del circuito de la fundación.

Desde allí había terminado buscando una dependencia próxima al archivo.

Elena reunió las hojas.

Seguían sin conocer la identidad del cliente de Navas.

Tampoco sabían quién había utilizado la línea telefónica durante la última llamada ni podían atribuir significado penal a la falsa identidad sin terminar de reconstruir cómo había sido creada la reserva.

Y continuaban sin saber qué le había ocurrido a Rojas.

Pero una cuestión sí podía afirmarse.

Antes de desaparecer, Julián Rojas ya no estaba buscando la sexta caja.

Buscaba el lugar al que había llegado una pieza procedente de ella.

Y sus últimas búsquedas indicaban que creía haber reducido ese lugar a una dependencia concreta situada junto a un archivo de Burgos.