CAPÍTULO 21 NADIE ENCONTRABA LA SEXTA CAJA
Nadie sabía dónde estaba la caja.
No los papeles.
La caja.
Aquella diferencia parecía menor hasta que Martín Arce decidió seguirla.
Durante semanas habían reconstruido el contenido de la sexta unidad, los préstamos realizados, las copias producidas y la posterior dispersión de sus documentos entre otras series.
Todo indicaba que la caja había dejado de funcionar como unidad archivística cuando sus papeles perdieron una clasificación común.
Sin embargo, ningún registro explicaba qué había ocurrido con el contenedor.
Adrián Valcárcel volvió a la última referencia inequívoca:
“Caja F, antigua, con papeles reservados.”
Después, nada.
El inventario siguiente hablaba ya de cinco cajas, legajos reorganizados y papeles sueltos.
La F había desaparecido.
Clara Montalvo preguntó si la caja podía haber sido desechada, desmontada o reutilizada.
Todas eran posibilidades razonables.
Una caja de madera no tenía por qué recibir el mismo seguimiento que los documentos guardados en su interior.
Pero aquella había funcionado durante años como una unidad reconocida.
Martín encontró una anotación de mantenimiento:
“Se reparan dos cajas antiguas de Burgos por hallarse dañadas de cerraduras.”
Era posterior a la dispersión parcial de la caja F.
No identificaba cuáles.
Otra referencia resultó más útil:
“Las cajas vacías se aprovechen para papeles comunes.”
Adrián comprendió inmediatamente la consecuencia.
Si una caja era reutilizada, podía continuar existiendo físicamente y perder por completo su identidad anterior.
Eso modificaba la búsqueda.
No tenía sentido esperar encontrar, siglos después, un contenedor intacto con una F perfectamente visible.
El responsable actual del archivo les permitió revisar varias cajas antiguas conservadas en dependencias secundarias.
Había piezas de distintas épocas.
Madera reutilizada.
Tapas cambiadas.
Herrajes modernos instalados sobre estructuras anteriores.
Etiquetas recientes adheridas a superficies mucho más antiguas.
Nada se parecía al orden preciso de los inventarios.
Clara examinó cada contenedor sin forzar ninguna conclusión.
Una caja era claramente posterior.
Otra utilizaba madera antigua con herrajes renovados.
Otra no conservaba marca alguna.
En una tapa quedaban restos de un trazo imposible de identificar.
Al final encontraron un arca estrecha.
Tenía madera oscura, cerradura posterior y una etiqueta moderna:
“Varios. Sin procedencia.”
En uno de los laterales se distinguía una zona de color diferente, como si durante mucho tiempo hubiera sostenido una pequeña placa, una cartela o algún tipo de señal.
Ya no estaba.
Adrián preguntó si podía tratarse de la caja F.
Clara negó.
Podía ser compatible con la época.
Nada más.
Y la dejaron donde estaba.
No iban a convertir una posibilidad material en evidencia.
BLOQUE 2
La respuesta apareció cuando Martín regresó a los libros de movimientos.
Si la caja había perdido su identidad al ser reutilizada, debía existir alguna orden que explicara la transición.
La encontró:
“Deshágase la caja sexta por no contener ya papeles propios y repártanse los que restan según materia.”
Clara se detuvo en una palabra.
—¿Deshágase significa destruirla?
—No necesariamente.
En aquel contexto administrativo podía significar suprimir la unidad archivística.
Dejar de considerarla sexta caja.
La línea siguiente lo confirmaba:
“El arca podrá aprovecharse para otros papeles.”
Ahí estaba la respuesta.
La caja no había sido necesariamente eliminada físicamente.
Había sido reutilizada.
Martín siguió leyendo:
“Quítese la señal antigua por no corresponder ya a lo que contiene.”
La F había sido retirada.
Deliberadamente.
Pero por una razón funcional documentada.
La caja ya no contenía los papeles de Fernando.
Adrián sintió que otra desaparición aparentemente misteriosa se volvía mucho más ordinaria.
La caja no había sido robada.
Había perdido su identidad documental.
Entonces Martín encontró una nota marginal:
“Antes de quitar la señal, háganse relación de los papeles que de ella proceden.”
Adrián levantó la vista.
La relación.
La misma clase de documento que venían buscando.
Martín localizó la referencia:
“Relación de papeles procedentes de la caja F después de su división.”
Aquella pieza debía funcionar como puente entre la clasificación antigua y las nuevas signaturas.
Si sobrevivía, podía revelar el destino de cada documento redistribuido.
También del papel del escribano.
La relación aparecía todavía en un catálogo moderno.
Después figuraba en una ficha de consulta.
El último investigador registrado era Julián Rojas.
Elena Salcedo llevaba varios minutos hablando por teléfono.
Cuando regresó, la situación había cambiado.
La hermana de Rojas había presentado una denuncia de localización.
Llevaba nueve días sin noticias de él.
Su teléfono continuaba apagado.
El vehículo había sido localizado en Burgos, a pocas calles del lugar donde se alojaba.
Nada de eso permitía saber todavía qué había ocurrido.
Pero Rojas ya estaba formalmente sin localizar.
Martín volvió a la ficha de consulta.
Rojas había pedido exactamente la relación que explicaba cómo se habían distribuido los papeles después de desaparecer la caja F como unidad.
Adrián preguntó si constaba su devolución.
Sí.
El sistema registraba el cierre de la consulta y la comprobación del personal del archivo.
El documento había sido devuelto.
Ahora, sin embargo, no aparecía en su ubicación.
Podía tratarse de una colocación incorrecta reciente.
No había evidencia suficiente para vincular su ausencia con la situación de Rojas.
Elena fue tajante.
Una persona sin localizar no convertía automáticamente un documento mal archivado en prueba de delito.
Y la ausencia de un documento tampoco explicaba lo ocurrido con Rojas.
Ambas cuestiones debían investigarse por separado hasta que apareciera una conexión demostrable.
BLOQUE 3
La búsqueda de la relación ocupó el resto de la tarde.
Martín revisó las signaturas adyacentes.
Después las cajas de tránsito.
Luego el espacio destinado a documentos recién consultados antes de su devolución definitiva al depósito.
Nada.
El responsable del archivo comenzó a inquietarse.
Aquella pieza debía estar allí.
No constaban movimientos recientes de la serie.
Tampoco digitalización o restauración.
Clara preguntó cuándo había sido consultada por última vez antes de Rojas.
Años atrás.
Sin ninguna incidencia.
Después, Rojas.
La solicitud moderna describía el documento:
“Relación de papeles apartados y distribuidos después de deshacerse la caja F.”
Era exactamente la pieza que necesitaban.
La ficha señalaba seis folios en buen estado.
Rojas había solicitado además autorización para realizar reproducciones personales.
La autorización había sido concedida.
No existía constancia técnica de cada fotografía.
Por tanto, era posible que hubiese fotografiado las seis hojas.
Nada más podía afirmarse.
Elena preguntó por su computadora.
Rojas utilizaba una propia.
A veces se conectaba a la red del archivo.
Cualquier análisis de sus dispositivos o conexiones correspondía ya a la investigación policial.
Martín siguió mirando la ficha.
—Si encontramos esa relación, podemos reconstruir dónde terminó cada pieza después de la división.
—Y quizá identificar definitivamente el papel del escribano —añadió Adrián.
Clara observó que Rojas debía haber comprendido la importancia del documento.
Era razonable.
Pero seguían sin conocer qué había leído exactamente.
Elena recibió otra llamada.
Habían localizado el alojamiento de Rojas.
Él no estaba allí.
Había dejado parte de sus pertenencias: ropa, algunos libros y documentación general.
No estaban su computadora ni su teléfono.
Tampoco todo su equipaje.
Aquello no permitía determinar si había salido voluntariamente.
Había pagado el alojamiento por adelantado y no existía aún un registro claro de su salida.
La policía continuaría con la revisión formal del lugar.
Elena insistió en una regla.
No debían interpretar la ausencia de Rojas desde los documentos históricos.
Primero necesitaban hechos contemporáneos.
Antes de abandonar el archivo, Adrián volvió a la última referencia de la caja sexta.
La explicación histórica resultaba ahora casi prosaica.
La caja había dejado de existir porque la administración decidió deshacerla como unidad.
El contenedor podía ser reutilizado.
La señal F fue retirada porque ya no correspondía al nuevo contenido.
Los papeles restantes se repartieron entre otras series.
Y una relación debía conservar el mapa de esa redistribución.
Durante semanas habían hablado de una caja perdida.
En realidad, la caja había sido transformada.
El verdadero problema era otro.
Faltaba la relación que explicaba en qué se había convertido su contenido.
Y el último investigador que la había consultado también estaba sin localizar.
Clara miró el espacio vacío del depósito.
—Entonces nadie encontraba la sexta caja porque ya no existía como sexta caja.
—Exactamente —dijo Martín.
—Y ahora tampoco encontramos el documento que explica a dónde fue cada cosa.
Martín asintió.
Adrián no respondió.
Había una tercera ausencia mucho más urgente.
Julián Rojas.
Durante siglos, el archivo había acumulado reclasificaciones, pérdidas parciales y olvidos administrativos.
Todo aquello podía explicarse históricamente.
Lo que todavía no podían explicar era por qué un investigador que había seguido prácticamente el mismo recorrido documental que ellos había dejado de comunicarse poco después de consultar la pieza capaz de unir todos los fragmentos.
La caja F ya no existía como unidad.
La relación no aparecía en el depósito.
Y Julián Rojas había dejado de ser un nombre repetido en fichas de consulta.
Ahora era una persona a la que estaban buscando.
Al día siguiente ya no bastaría con seguir los documentos de Fernando.
También tendrían que reconstruir los últimos movimientos conocidos del hombre que había intentado encontrarlos antes que ellos.