CAPÍTULO 25 Una cadena mayor que el códice
BLOQUE 1
La segunda cadena era más corta.
Precisamente por eso resultó más útil.
No pertenecía al Códice de San Millán ni comenzaba en Suso. Las personas que aparecían en ella eran distintas y el recorrido había durado mucho menos tiempo.
El libro procedía de una pequeña comunidad religiosa y había salido durante unas obras que afectaban la estancia donde normalmente se conservaba.
Era un traslado práctico.
Nada en su origen sugería una situación excepcional.
Sebastián eligió ese caso porque estaba documentado con una claridad que el volumen emilianense no ofrecía.
Podían reconstruir desde la primera salida hasta la devolución final y sabían quién había asumido la responsabilidad en los cambios intermedios. También conservaban avisos suficientes para seguir el movimiento físico sin depender de conjeturas.
Irene colocó las copias sobre la mesa.
—Si queremos demostrar que esto era una práctica más amplia, este libro es mejor que el códice.
Sebastián asintió.
Mauro entendió el método.
—Primero reconstruimos el caso completo y después vemos qué coincide.
—Exactamente.
La relación comenzaba en Nájera.
El primer responsable había aceptado el volumen mientras se realizaban las reparaciones.
Poco después tuvo que ausentarse.
La escritura decía:
por no poder mantenerlo consigo durante su ausencia, lo deja bajo responsabilidad de persona suficiente, quedando noticia en la escribanía donde consta la primera entrega
Sebastián subrayó la fórmula.
No era idéntica a la utilizada en las escrituras del códice.
La lógica sí.
Cuando quien respondía dejaba de poder hacerlo, otra persona asumía la obligación y el cambio quedaba documentado.
El nuevo responsable vivía fuera de Nájera.
La copia conservada añadía:
se remitirá noticia a la casa de origen y se conservará otra donde se hace el relevo
Irene señaló el detalle.
—La documentación vuelve a multiplicarse.
—Sí.
El libro avanzó después hacia Azofra y más tarde apareció en Alesanco.
No porque alguien hubiera diseñado un itinerario para aquella pieza.
El responsable se desplazaba y dejaba constancia cuando cambiaba su situación.
Sebastián marcó los puntos.
La comparación con el códice resultaba significativa precisamente porque no era perfecta.
Las personas eran distintas.
También lo eran las fechas y la causa inicial de la salida.
Sin embargo, algunos lugares reaparecían.
Mauro miró el mapa.
—Entonces el parecido no depende de un mismo responsable ni de un mismo libro.
—No.
Sebastián señaló el entorno.
Lo que podía repetirse era la infraestructura disponible.
Había localidades donde un viajero podía encontrar a alguien conocido o formalizar una entrega. En otros puntos existían instituciones capaces de conservar una copia o prestar resguardo temporal.
Nada había sido construido alrededor de los manuscritos.
Los manuscritos utilizaban estructuras que ya formaban parte de la vida cotidiana.
Inés Montalbán había encontrado además el documento final.
El segundo libro volvió a su lugar de origen antes de que transcurrieran cuatro años.
La escritura decía:
cesa la obligación por haber vuelto el volumen a la casa de donde salió
Sebastián permaneció mirando la frase.
Eso era lo que faltaba en la historia del códice.
Un cierre.
Cuando aquel segundo libro regresó, dejó de ser necesario seguir asentando responsables y movimientos.
El volumen emilianense, en cambio, continuaba fuera.
La diferencia fundamental no estaba en la primera salida.
Estaba en que uno de los expedientes terminaba y el otro seguía abierto.
Mauro comprendió.
—Por eso el códice genera cada vez más documentación.
—Sí.
No porque alguien hubiera creado desde el principio una estructura especial para protegerlo.
Su obligación simplemente no se cerraba.
Sebastián superpuso ambos casos.
El segundo libro compartía con el códice el tramo de Nájera hacia Azofra y Alesanco.
Después regresaba.
El códice continuaba hacia poniente.
La coincidencia era parcial, pero suficientemente clara como para demostrar que esos puntos no pertenecían exclusivamente a la historia de San Millán.
Irene añadió un tercer caso.
Era el volumen retirado por humedad.
También había quedado bajo responsabilidad particular y había generado documentación externa.
Además aparecía relacionado con Alesanco.
Sebastián dejó el lápiz.
Ya no estaban ante una coincidencia fácil de atribuir a una sola familia o a un único propietario.
Distintos bienes utilizaban algunos de los mismos lugares porque esos lugares permitían mantener la responsabilidad localizable.
Irene miró el mapa.
—Entonces ya no estamos siguiendo únicamente al códice.
Sebastián tardó un instante antes de responder.
—No.
Por primera vez podían afirmarlo sin exagerar.
El volumen emilianense formaba parte de una práctica más amplia.
Era el caso más prolongado que conocían.
Quizá también el más difícil de cerrar.
Pero no era el único.