El Archivo de Nájera (El Secreto de San Millán: Tomo II) BLOQUE 2
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Baltasar había dejado un rastro bastante compatible con aquella fórmula.

No perfecto.

Pero suficiente para reconocer la práctica.

Sebastián reunió la carta escrita desde Azofra, la constancia posterior de Alesanco y el aviso conservado en Nájera.

El primero demostraba que el volumen seguía con él.

El segundo registraba que había continuado viaje.

El tercero decía:

mientras B. de E. continúe ausente, responderá del libro como hasta aquí y dará noticia si lo entrega.

Mauro observó las fechas.

—Entonces durante todo este tramo sigue siendo responsable.

—Sí.

La obligación se prolongó algo más de un año.

Baltasar aparece en distintas cartas mercantiles durante ese período, pero ninguna permite afirmar que el códice lo acompañara en todos sus viajes.

La última presencia física segura continuaba siendo Alesanco.

Después había un vacío.

Hasta que Irene encontró una diferencia en una copia posterior:

libro que B. de E. llevó consigo y después dejó por no poder continuar con él.

Sebastián se detuvo.

La copia era posterior al acto original, pero indicaba la fuente:

según escritura de relevo.

Había existido, por tanto, una escritura específica donde Baltasar había transferido la responsabilidad.

Podía haberse perdido.

También podía sobrevivir en otro fondo.

Mauro preguntó si aparecía el nombre del siguiente receptor.

La línea estaba dañada.

Solo se leía:

... de Grañón.

Sebastián no quiso completar lo que faltaba.

Grañón podía ser apellido o procedencia.

Necesitaban más.

El modelo de Salvatierra les indicaba qué tipo de información debía haber contenido el documento original.

Una causa para el relevo.

La aceptación del nuevo responsable.

Una referencia suficiente a la procedencia del bien.

Y, si la persona vivía o se desplazaba fuera de Nájera, alguna indicación geográfica.

Buscaron en varias escribanías próximas a la fecha estimada.

No apareció el acto completo.

Sí apareció un índice:

Relevo de obligación entre B. de E. y P. G. sobre libro ajeno.

Las iniciales no bastaban.

Inés localizó varias posibilidades.

Una de ellas era Pedro de Grañón.

Había también otros nombres compatibles.

El índice añadía algo:

por impedimento de viaje.

Eso encajaba con Baltasar.

Una carta comercial del mismo año mencionaba una caída de caballo y una lesión en una pierna.

Podía explicar la dificultad para continuar viajando.

También podía no tener ninguna relación con el relevo.

Sebastián dejó la hipótesis abierta.

La causa final apareció en una copia parcial conservada dentro de un fondo familiar:

por no hallarse Baltasar con disposición para continuar sus caminos, hace entrega a Pedro de Grañón, persona conocida y capaz de responder.

Ahora sí.

El nombre quedaba demostrado.

Pedro de Grañón.

Era una persona.

No una localidad utilizada como referencia.

La cadena continuaba.

No encontraron ningún parentesco demostrado entre Pedro y Baltasar ni con Martín de Nalda.

Era un comerciante de menor escala, con intereses distribuidos entre Nájera y otras localidades.

Irene preguntó por qué lo habían elegido a él.

La escritura lo explicaba:

por conocer los lugares donde suele pasar Baltasar y poder mantener noticia con las partes interesadas.

Sebastián volvió a leer.

Aquello añadía algo nuevo.

Pedro no había sido elegido únicamente porque fuera considerado una persona fiable.

Su conocimiento de los desplazamientos habituales de Baltasar también resultaba útil.

Podía mantener comunicación con quienes necesitaban saber dónde estaba el bien y conocía el entorno por el que su predecesor se había movido.

Irene miró el mapa.

—El camino empieza a ser parte de la elección del siguiente responsable.

Sebastián asintió.

No como un itinerario predeterminado.

Como continuidad práctica.

Un responsable móvil podía ser sustituido por alguien familiarizado con sus recorridos y con las personas que operaban en ellos.

La escritura incluía además otra cláusula:

Recibirá también las copias de aviso hechas durante el camino.

Eso explicaba por qué las constancias anteriores seguían teniendo valor después del relevo.

Pedro no recibía únicamente el volumen.

Recibía también documentación que mostraba dónde se habían dejado noticias durante el desplazamiento anterior.

Los puntos recorridos se convertían así en posibles puntos de comprobación.

Si más adelante aparecía una duda, podía recurrirse a los lugares donde habían quedado copias.

Sebastián escribió una nota:

los puntos del recorrido pueden funcionar también como lugares de verificación.

Eso empezaba a explicar por qué determinados topónimos podían repetirse.

No porque formasen estaciones reservadas.

Porque donde ya había una escribanía o una institución capaz de conservar una copia resultaba práctico volver a dejar noticia.

La memoria documental podía atraer nueva documentación.