El Archivo de Nájera (El Secreto de San Millán: Tomo II) BLOQUE 3
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La pieza por la que Héctor Valcázar había pagado más no mencionaba el códice.

Lo que contenía era una referencia a desplazamientos.

Mauro la encontró cuando Valcázar aceptó recibirlos después de que Valdemora facilitara el contacto.

La visita fue diferente de las anteriores.

Valcázar no estaba investigado y tampoco parecía sentirse interrogado.

Su colección se encontraba cuidadosamente organizada y cada adquisición conservaba documentación suficiente para explicar cuándo había ingresado, quién la había vendido y qué referencias adicionales había reunido después.

Sebastián recorrió varios archivadores.

—Usted no colecciona documentos por separado.

Valcázar sonrió.

—Me interesan las relaciones entre ellos.

Irene preguntó por qué.

—Porque una pieza aislada puede hacernos creer que entendemos una historia cuando solo tenemos una parte.

Se corrigió enseguida.

—No quiero decir que el documento mienta. Lo que puede engañarnos es la falta de contexto.

La frase no estaba demasiado lejos de lo que Sebastián llevaba meses sosteniendo.

Valcázar abrió una carpeta.

—Supongo que esto es lo que quieren ver.

La pieza pertenecía a otra serie y no tenía numeración Valdeterra.

Era una relación posterior donde figuraban distintas entregas de libros y papeles.

Los recorridos no eran idénticos.

Sí aparecían lugares donde los responsables habían dejado constancia.

Junto a una entrada se leía:

continúa por camino habitual

Sebastián se interesó.

—¿Tiene otra versión?

—Sí.

Valcázar sacó una copia paralela.

La segunda formulaba la referencia de manera más extensa:

por el camino que usan mercaderes y personas de paso

Irene miró a Sebastián.

Él no se adelantó.

Aquello todavía no demostraba una ruta estable para manuscritos.

Solo mostraba que los movimientos utilizaban caminos ordinarios.

Mauro preguntó cuánto había pagado Valcázar.

La cifra era muy elevada para una relación notarial sin autor famoso.

—¿Por qué tanto?

Valcázar sacó otra hoja.

Era una entrega anterior del mismo libro.

Sin la primera pieza, la historia terminaba allí.

La segunda permitía continuarla.

—Necesitaba ambas para reconstruir qué ocurrió después.

Mauro entendió.

—Entonces pagó por completar la relación.

—Exactamente.

Valcázar lo expresó de otra manera:

—El papel vale lo que vale. La información que conecta puede valer mucho más.

Eso resumía el comportamiento que Mauro llevaba varios días observando.

Preguntó por las piezas procedentes de Valdeterra.

Valcázar había comprado dos.

No conocía la disputa familiar cuando las adquirió.

Cuando la descubrió, solicitó un informe jurídico y decidió no vender ninguna hasta aclarar la situación.

—Si se determina que una pieza salió sin autorización suficiente —explicó—, la devolveré a quien corresponda y reclamaré contra quien me la vendió.

Inés Arbizu participaba por videollamada.

Preguntó si conservaba la documentación original de adquisición.

Valcázar respondió que sí.

Permitió que realizaran copias.

Una factura procedía de Roldán.

La otra había sido emitida por Echevarne.

Las descripciones comerciales eran abreviadas, pero Valcázar conservaba también los intercambios anteriores.

En uno había preguntado a Echevarne:

¿Existe procedencia anterior a colección particular?

La respuesta fue:

Lote familiar riojano, atribución no suficientemente acreditada para usarla en ficha.

Sebastián consideró prudente aquella formulación.

Echevarne no afirmaba una procedencia que no podía probar.

Tampoco negaba que existiera una historia anterior.

La respuesta de Roldán había sido diferente:

Procedencia Valdeterra según vendedor. Sin relevancia jurídica conocida.

Roldán había confiado, al menos en parte, en la garantía que Fontalba le ofrecía.

Eso volvía a distinguir responsabilidades.

No todos habían tenido la misma información.

Tampoco habían reaccionado igual ante ella.

Mauro estaba consiguiendo una reconstrucción mucho más interesante que la aparición de un único culpable.

Cada participante conocía una parte.

En algún punto de esa secuencia, sin embargo, alguien había ofrecido una garantía cuya exactitud empezaba a ser difícil de sostener.

Sebastián regresó a los documentos antiguos de Valcázar.

El Códice de San Millán no aparecía en aquella relación porque correspondía a otro momento.

Pero dos de los libros coincidían con referencias conservadas en Santa María.

Eso reforzaba la idea de que las mismas prácticas podían repetirse en períodos distintos.

Los bienes se desplazaban bajo responsabilidad y utilizaban caminos ordinarios. En determinados puntos se dejaba constancia suficiente para poder seguirlos.

Todavía no tenían base para hablar de una ruta fija.

Sí empezaban a tener elementos para estudiar movimientos.

Antes de que se marcharan, Valcázar guardó la carpeta y dijo:

—¿Saben por qué estas piezas pueden llegar a ser caras para alguien como yo?

Mauro esperó.

—Porque cuando falta una hoja, falta una relación. Y cuando aparece, deja de faltar.

Sebastián asintió.

Ése era el mercado que estaban investigando.

Una hoja podía tener un precio modesto para casi todos y adquirir un valor enorme para quien poseía el documento anterior.

Un inventario aparentemente rutinario podía cambiar de importancia cuando completaba una procedencia.

El valor no nacía necesariamente del objeto.

Nacía de su posición.

Y precisamente por eso fragmentar un archivo podía producir dos efectos opuestos.

Algunas piezas se volvían más valiosas para quienes entendían qué huecos llenaban.

Al mismo tiempo, el conjunto se hacía más difícil de comprender para cualquiera que no supiera cómo volver a reunirlo.

Mauro repasó lo que ya podía demostrar.

Habían encontrado evidencia de una división deliberada después de que se exigiera una procedencia más extensa. También podían acreditar que Fontalba conocía la oposición familiar cuando aseguró que no existían limitaciones relevantes.

Las fichas comerciales posteriores mostraban, además, una progresiva simplificación de la historia moderna de las piezas.

Todavía faltaba algo decisivo.

Demostrar por qué se había fragmentado el conjunto.

La separación podía haber facilitado las ventas sin que hubiera existido intención de dificultar la reconstrucción del origen.

Eso necesitaba probarse.

Sebastián, mientras tanto, observaba otra línea de investigación.

Los documentos reunidos por Valcázar empezaban a mencionar caminos con mayor frecuencia.

Hasta entonces habían seguido sobre todo a las personas que recibían cada libro.

Pronto necesitarían estudiar también sus desplazamientos.

La pregunta estaba cambiando.

Ya no bastaba con saber quién había recibido un volumen.

Empezaba a importar por dónde se había movido después.