El Archivo de Nájera (El Secreto de San Millán: Tomo II) BLOQUE 2
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Gabriel Llorente vivía en una casa antigua en las afueras de Nájera.

No era coleccionista ni tenía experiencia profesional con documentos históricos.

Había trabajado como ingeniero y ya estaba retirado.

Su nombre aparecía dentro de una rama colateral vinculada por matrimonio con descendientes de Valdeterra.

Inés consiguió reconstruir la conexión.

La madre de Gabriel había recibido muebles y varias cajas de papeles cuando se vació una casa familiar.

La partición no individualizaba documento por documento.

Utilizaba categorías amplias donde se mezclaban libros y papeles personales con otros bienes domésticos.

Gabriel heredó después lo que su madre conservaba.

Aquello permitía una posibilidad importante.

Podía haber creído sinceramente que los documentos le pertenecían.

Otra cuestión era que jurídicamente todos ellos hubieran quedado adjudicados de manera válida.

Mauro pidió hablar con él.

Gabriel aceptó.

La casa no parecía la de alguien acostumbrado a comerciar con patrimonio. Conservaba libros y fotografías familiares junto con muebles que evidentemente llevaban décadas allí.

Recordaba perfectamente los documentos.

—Los encontré en una caja cuando vaciamos un cuarto después de que murió mi madre.

No sabía explicar con exactitud de qué rama familiar procedían.

Había vínculos con Valdeterra, pero nada más preciso.

Cuando Mauro preguntó por qué los había vendido, la respuesta fue simple:

—No me servían.

No había dramatismo.

Parecía la explicación normal de alguien que había heredado papeles cuyo valor histórico no comprendía.

Mauro le mostró la fotografía del lote que nunca llegó a subasta.

Gabriel lo reconoció.

Había muchos documentos más.

Parte seguía en la casa y otra parte había sido vendida.

—¿A quién recurrió primero?

—A Fontalba.

Eso modificó la reconstrucción.

Gabriel explicó que llevó una caja completa.

Fontalba revisó el contenido y le dijo que la mayoría de los papeles tenía poco valor comercial. Según su recuerdo, fue el propio gestor quien empezó a separar aquello que consideraba interesante.

Mauro preguntó cómo lo había hecho.

Gabriel describió una clasificación por contenido. Había distinguido cartas de escrituras y separado papeles administrativos de inventarios o documentos religiosos.

La explicación coincidía con una anotación ya conocida:

separar por contenido

Mauro preguntó si recordaba paquetes atados.

Sí.

Le mostró entonces la fotografía de la faja:

Obligaciones antiguas — no dividir.

Gabriel frunció el ceño.

—Me resulta familiar, pero había muchas tiras y paquetes parecidos.

No podía asegurar que hubiera visto exactamente aquella.

Tampoco podía reproducir palabra por palabra lo que Fontalba hubiera dicho.

Recordaba, de manera general, que le había restado importancia comercial a ciertas anotaciones antiguas.

Aquello podía ser útil como contexto, pero no como cita literal.

Mauro siguió con la cronología.

La idea de llevar seis piezas a subasta había surgido después, a través de Roldán.

Gabriel recordaba que terminaron retirándolas porque la casa pedía demasiada documentación.

Cuando Mauro preguntó quién había recomendado abandonar la operación, mencionó a Fontalba y también a Roldán.

—Me dijeron que por privado era más sencillo.

La frase podía significar varias cosas.

No necesitaban cargarla de una intención que Gabriel quizá nunca había percibido.

Mauro preguntó si conocía la oposición de otra rama familiar a la venta de determinados papeles.

Gabriel reaccionó con sorpresa.

Nunca había recibido esa información.

Tampoco recordaba que Fontalba le hubiera explicado que algunas piezas podían formar parte de un fondo mantenido en indivisión.

Eso empezaba a separar responsabilidades.

El consignante aparente podía haber actuado de buena fe mientras el gestor disponía de información que no le había transmitido.

Gabriel fue a buscar la carpeta de documentación relacionada con las ventas.

Había contratos y recibos.

Una hoja decía:

Autorización para gestión y venta de documentación antigua de propiedad del firmante.

Gabriel confirmó que Fontalba había preparado el texto.

Para justificar su propiedad había aportado la escritura de herencia de su madre, pero aquella escritura no individualizaba los documentos históricos.

La base no desaparecía por eso.

Sí se volvía menos sólida.

En otra hoja figuraba:

Relación de piezas seleccionadas para venta.

Las seis entradas coincidían con el lote presentado a la casa de subastas.

Al margen aparecía una anotación manuscrita:

Si subasta exige procedencia extensa, retirar y dividir.

Debajo estaban las iniciales:

E. F.

Mauro dejó de pasar páginas.

Gabriel reconoció la firma como la de Eduardo Fontalba.

Eso sí era diferente.

Ya no se trataba de una inferencia construida a partir de ventas posteriores.

Había una instrucción concreta para retirar el lote si la subasta exigía una procedencia extensa y dividirlo después.

Todavía podía existir una explicación comercial no delictiva. Preparar una venta pública podía ser más costoso y requerir información que un vendedor no quisiera o no pudiera reconstruir.

Pero la dispersión posterior dejaba de ser accidental.

Había sido deliberada.

Lo que seguía sin estar probado era el motivo exacto.