El Archivo de Nájera (El Secreto de San Millán: Tomo II) CAPÍTULO 4 Aquello que Sancho no entregó
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CAPÍTULO 4 Aquello que Sancho no entregó

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La frase de Álvaro Riaño estaba equivocada.

O, al menos, eso parecía.

Bernardo recibe. No entrega todo.

Sebastián llevaba casi veinte minutos observándola cuando comprendió que habían aceptado demasiado rápido la interpretación más evidente.

Todos habían supuesto que Riaño se refería a Bernardo de Villamediana.

Era lógico.

La frase aparecía junto a las notas donde había identificado al administrador de la Casa de Valdeterra como responsable posterior del volumen.

Pero Riaño tenía una costumbre que Sebastián ya conocía.

No siempre escribía una conclusión junto al documento que la había provocado.

A veces volvía después.

Añadía una flecha.

Una palabra.

Una corrección.

—No habla de Bernardo —dijo Sebastián.

Irene levantó la vista.

—¿De quién?

—Todavía no lo sé.

—Extraña forma de corregirnos.

Sebastián deslizó la fotografía hacia ella.

—Mirá la tinta.

Irene se acercó.

La frase había sido añadida con otra lapicera.

Más oscura.

El trazo también era ligeramente distinto.

—Es posterior.

—Sí.

—Eso no demuestra que se refiera a otra persona.

—No.

Sebastián señaló entonces una flecha apenas visible junto al margen.

No conducía hacia Bernardo.

Apuntaba a una referencia situada más arriba:

S. Martínez — entrega inicial.

Irene dejó de moverse.

—Sancho.

—Eso parece.

—“No entrega todo.”

—Sí.

Mauro, que hablaba con Inés al otro extremo de la sala, vio sus caras.

—¿Qué pasó?

Sebastián le mostró la hoja.

Mauro leyó.

—Entonces llevamos medio día preguntándonos qué retuvo Bernardo y Riaño hablaba de Sancho.

—Eso indica la flecha.

—Gracias por no decir “probablemente”.

Sebastián ignoró el comentario.

Inés se acercó.

—Si se refiere a Sancho, tenemos que volver a la primera entrega.

Eso significaba retroceder.

Sancho Martínez había transferido el volumen mediante Alonso de Heredia.

Alonso lo había mantenido solo durante el tiempo necesario para formalizar la recepción.

Diego de Arce había asumido la responsabilidad.

Todo parecía claro.

Pero la escritura conocida no decía que Sancho hubiese entregado la totalidad de los documentos que conservaba junto al manuscrito.

Inés recuperó la copia completa.

Sebastián volvió a leer.

El cuerpo describía el volumen.

Después aparecían papeles.

Más adelante, otros bienes menores.

La fórmula empleada era precisa:

de los bienes cuya continuación de guarda se dispone, se entregan los que se relacionan

Sebastián se detuvo.

—Ahí.

Irene se acercó.

—Eso no dice que entregue todo lo que tenía.

—Exactamente.

Mauro miró la cláusula.

—Entonces podían quedar otras cosas con Sancho.

Inés asintió.

—Una escritura de relevo puede referirse solamente a los bienes cuya responsabilidad cambia. Lo demás puede continuar en la misma situación.

Sebastián volvió a las relaciones vinculadas con Sancho.

La primera no estaba completa.

Pero Santa María conservaba una copia parcial.

Otra vez una segunda línea documental.

Inés la pidió.

Mientras esperaban, Irene comparó la escritura con la copia institucional.

Se detuvo de pronto.

—Hay algo acá.

Sebastián se acercó.

La copia conservaba una frase ausente en la versión del protocolo:

queda en poder del responsable la relación antigua de procedencia

Nadie habló.

Sebastián volvió a leerla.

La relación de procedencia no había viajado íntegramente con el volumen.

Mauro frunció el ceño.

—Entonces Sancho entrega el libro y se queda con el documento que explica de dónde viene.

—Con una relación de procedencia —corrigió Sebastián.

—¿Por qué?

Sebastián no respondió de inmediato.

Inés sí.

—Porque podía necesitar demostrar qué había recibido y qué había entregado.

Mauro entendió.

—Un descargo.

—Exacto.

Sebastián volvió a mirar la frase.

Eso cambiaba por completo la interpretación.

Sancho no estaba reteniendo documentación por interés personal.

Al contrario.

Había una razón administrativa perfectamente comprensible para conservar constancia de que había cumplido.

Si entregaba el volumen y además desaparecía toda prueba de su propia actuación, quedaba sin respaldo documental.

Irene dijo:

—Entonces no es ocultamiento.

—No.

—Es una copia de seguridad de su responsabilidad.

Sebastián asintió.

Y aquella copia, separada desde entonces del volumen, podía haber seguido un recorrido completamente diferente.

Regresó a la fotografía de Riaño.

S. Martínez — entrega inicial.

La flecha.

Después:

No entrega todo.

Debajo había otra anotación:

Buscar papel que queda.

Mauro señaló.

—Eso es mucho más claro.

Sebastián asintió.

Álvaro no estaba buscando un objeto desaparecido.

Buscaba el documento que había quedado con Sancho cuando el manuscrito siguió su camino.

Irene volvió a la copia.

La expresión era:

relación antigua de procedencia

Sebastián comprendió que la investigación se dividía de nuevo.

El volumen había seguido una ruta.

La prueba de su origen, otra.

Y si aquella relación terminaba dentro de una familia distinta, podía explicar por qué generaciones posteriores conservaban fragmentos de información que ya no acompañaban al propio manuscrito.