Capítulo 44
Ya no tenía pinturas de guerra en la cara. Vestía un jersey, tejanos y botas. Gabrielle me había trenzado el pelo mientras me guiaba hasta el estado de ánimo apropiado para un paseo espiritual; tanto físico como real. Lo demás era parte de la interpretación que yo había hecho de eso. O…
El rostro de Bian estaba muy cerca de mí, había apartado a Gwen. Me estaba hablando. Me llevó un momento antes de que pudiera entender lo que decía. Parecía que estuviera escuchando a través de algún tipo de filtro que convertía sus palabras en un galimatías.
—Estoy bien —dije, hablando como si tuviera la boca llena de algodón—. Sólo un poco desorientada.
Apreté su mano y dejé que me ayudase a llegar al sofá.
Las palabras fluían sobre mí. Nada sobre hablar con Coyote y Cuervo. Nada sobre un cementerio. Nada sobre una iglesia a la luz de la luna.
Flint y Kane no querrían hablar delante de los demás. Me parecía bien.
Lo otro...
« Esa iglesia. No compartirla con nadie. Mía. Sólo yo estaba allí. Sólo yo vi esa iglesia. »
Ya se estaba desvaneciendo, como los sueños a la luz del día. Y, aun así, no quería compartirla con ellos.
Mientras tanto, alguien muy inteligente había pedido que nos trajeran café, y conseguí levantar una taza sin derramar nada.
—Supongo que Weaver se fue unos minutos después de ti. —Gwen me estaba hablando a mí, pero fue Bian quien contestó.
—Por lo que sabemos, Weaver cree que Kaothos está con Tullah.
Si potenció su hechizo para matar a Amber y dejó trampas explosivas en la casa, creo que significa que ha abandonado cualquier plan para utilizar a Amber como forma para llegar a Kaothos, y cualquier plan que tuviera para cooperar con la Liga de Adeptos del Norte.
—Lo que significa que se ha ido y que está buscando a Tullah —dijo Gwen—. Va a recurrir a su plan B, buscar con magia, pero utilizando a alguien de la comunidad de Denver en vez de a Amber.
—¿Funcionará? —preguntó Bian.
—Sí —dijo Gabrielle—. Puede que sea más lento que con Amber, pero funcionará.
—Y si no llegamos nosotros primero, ¿qué puede hacer una vez que encuentre a Tullah y se dé cuenta de que no tiene a Kaothos?
—Utilizarla como cebo —dijo Gwen—. Eso es lo que tú has llamado magia negra y necesitará mucho poder, pero se puede hacer. Necesitará a toda la comunidad de Denver y un lugar seguro y alejado de nosotros para evitar nuestras interferencias.
Gabrielle parecía tan mareada como yo, pero Bian continuó:
—Utilizar a Tullah como cebo no va a hacer feliz a Kaothos. ¿Qué crees que Weaver podría conseguir con el dragón después de haber hecho algo así?
Todos estábamos mirando a Gwen y ella se tomó su tiempo para contestar.
—Sospecho que, sin importar cómo lo consiga, su única intención siempre ha sido hacerse con Kaothos.
Lo que significa que creo que tiene un plan para someter al dragón.
No sé cómo. Necesitaría tener un poder de mayor magnitud de la que hemos estado hablando hasta ahora.
Pero si tiene éxito, ¿qué puede conseguir con el dragón cautivo?
—Suspiró, y continuó con evidente aversión—.
Los guías espirituales son poder en estado puro.
Es el anfitrión quien construye su propósito y la función de un hechizo, lo que quiere decir que los conjuros están limitados, hasta cierto punto, por lo que el anfitrión cree que se puede hacer y cómo piensa que debe trabajar el poder para conseguirlo.
La última vez que el mundo tuvo un dragón como guía espiritual, la tecnología militar se reducía a armaduras, flechas, espadas, lanzas y tal vez un poco de pólvora.
En aquel momento, un anfitrión podría haber encontrado la forma de invocar un relámpago si hubiera tenido ese tipo de nube cerca, o encontrar la manera de provocar un fuerte viento o niebla.
—Hizo una pausa y los dejó entrever hacia dónde se dirigía su pensamiento—.
Ahora tenemos el conocimiento de las estructuras atómicas, la luz y la electricidad, las leyes físicas que gobiernan el universo.
No es como como si el anfitrión y el dragón pudieran conseguir ese poder sin un gran esfuerzo y dedicación, pero al final, no puedo imaginar cuáles podrían ser las posibles limitaciones.
Todos nos sentamos en un silencio abrumador durante un minuto. Ese era el premio.
—No me extraña que el Imperio estuviera empeñado en encontrar a Kaothos —dijo Bian al cabo de un rato y, porque la conocía, sabía cuáles serían sus siguientes palabras—. Entonces, ¿qué cree la Liga de Adeptos del Norte que va a hacer con un dragón?
—Traemos a Tullah de vuelta. Llevamos a Kaothos de vuelta a donde pertenece. Luego protegemos y guiamos —dijo Gwen.
Bueno, ahí teníamos una semana completa de discusiones sobre lo que significaba « guiar » , pero Gabrielle actuó con suficiente rapidez para redirigirnos a lo esencial.
—Repasemos de nuevo lo que hemos visto por si se nos ha pasado algo por alto —sugirió—. Los recuerdos de los viajes espirituales se desvanecen rápido, igual que las materializaciones.
—Explícanos la jerga en cuanto hayamos terminado —dije.
Gabrielle miró a Gwen, quien asintió.
Me obligué a hablar con frases completas y les expliqué todo lo que pensé, oí o vi, hasta el momento en que salimos de la casa de Weaver y me fui sola a otro lugar.
No podía recordar ningún olor, sabor o tacto de la casa. Hablar de ello llevó más tiempo que el paseo espiritual en sí mismo, y no tenía nada nuevo que añadir: Weaver estuvo allí. Se había ido rápidamente, no sin antes llevarse algunos libros, matar a su colega y dejar trampas.
Era un enemigo poderoso al que habíamos subestimado, pero al menos ahora teníamos una idea clara de a qué nos enfrentábamos.
Y Gabrielle tenía razón sobre mis recuerdos del paseo espiritual: ya parecían desvanecidos, más irreales, más oníricos. Incluso la última parte: el terror de estar atrapada en la tierra, alimentándome de la descomposición de los cuerpos.
Todos los demás seguían hablando.
—Así es como funciona el mundo espiritual —dijo Gabrielle—.
Paseo espiritual y salto espiritual son proyecciones del aura a nivel de la superficie del mundo espiritual.
—Juntó las manos y se las frotó—. Este mundo y el mundo espiritual se tocan en la superficie todo el tiempo.
Se influencian mutuamente, pero no se mezclan demasiado.
Pero incluso así, una proyección en el mundo espiritual tiene un efecto.
Piensa como poner tu mano en el riachuelo de una montaña.
Se influencian mutuamente, pero no se mezclan mucho.
El agua alrededor de tu mano será más turbulenta y tu mano se enfriará.
Si la sacas, el agua vuelve a correr como lo hacía antes. Tu mano vuelve a calentarse.
—No estás completamente en el mundo espiritual —dijo Flint—. Tu cuerpo se queda exactamente donde estaba, pero tu aura está ahí y puede ser dañada, y te traes ese daño de vuelta.
—Pero en RiNo fue diferente —dije—. Estábamos allí.
—Sí, ese es el siguiente nivel —dijo Gabrielle—. El primer nivel de materialización. Pero están relacionados. Temía que al perder el control de la proyección que estábamos intentando hoy, terminases creando una materialización.
Empezó a dar vueltas.
—La jerga —le recordé.
—El mundo espiritual es diferente, es flexible. No es nada de lo que creemos que es.
Me estremecí con esa frase y Bian volvió a mostrarse preocupada. Me tocó el brazo suavemente.
Le dediqué una sonrisa y me enderecé.
« No debo desconectar. No debo ver cosas que no están ahí. »
No había ninguna forma de que Gabrielle supiera que esa frase se parecía mucho a la que Habla-con-Lobos me había dicho: « No eres ninguna de las cosas que creen que eres. »
Y puede que hubiera imaginado toda la escena de las iglesias.
Gabrielle no se dio cuenta de mi reacción y Gwen tomó la palabra.
—Para esta proyección de aura, creas una interpretación basada en el salto de espíritu que hiciste con los árboles, Amber.
Tuviste sensaciones diferentes sobre el paso del tiempo, lo que te llevaron a la forma en la que viste los edificios como estructuras no permanentes, y que se tradujeron en ese tipo de imágenes traslúcidas y fantasmales.
Como en un sueño. Del mismo modo, puedes empezar un sueño desde un único punto de vista imaginario y luego justificar e interpretar toda tu experiencia posterior basándote en ese único punto de vista.
—Para una materialización, necesitas una interpretación convincente, unas reglas convincentes, como un telón de fondo que se mantenga por sí solo durante un tiempo.
—Gabrielle volvió a tomar la palabra, demasiado emocionada para dejar que Gwen lo explicase todo—.
Es difícil de hacerlo como un sueño cuando tienes un grupo porque nuestros sueños son muy diferentes.
E incluso si tienes una materialización consistente, añadir a otras personas puede hacerla vulnerable.
Si hubiéramos creado un cielo verde cuando te secuestramos en RiNo, tendríamos que haber luchado contra tu creencia de que el cielo no podía ser verde.
Así que lo hicimos lo más parecido al mundo real que podrías aceptar.
De esa forma, inconscientemente intuiste que era un mundo espiritual y cambiaste tu forma de ver las cosas para que encajaran con tu forma de pensar sobre el mundo espiritual.
« ¿Una zona de Denver sin gente y en una estación diferente? Volver a mi legado nativo americano me había parecido obvio. »
—Pero, de hecho, puedes mover tu cuerpo completo y tu mente a una materialización, y a menos que puedas establecer unas reglas que redefinan las leyes de la física, estas se seguirán aplicando —dijo Gabrielle.
Me había perdido algo.
—Dijiste que las armas de fuego no funcionaban —señalé—. Funcionan con las leyes de la física.
—Sí, eso es más complejo…
Nos interrumpió un golpe en la puerta. Era Julie.
—A Diana le gustaría tener una actualización —dijo.
—Sí, deberíamos volver. —Bian se levantó rápidamente y nos llevó de vuelta hasta la biblioteca en la que se escondía el ascensor que descendía a la mazmorra de Skylur.
El ascensor podía llevar hasta tres personas a la vez.
Invité a los demás, hasta que sólo quedamos Bian y yo, y le cogí el brazo.
—Tenemos que hablar —dije.
Bian no me miró a los ojos.
—Estás preocupada —dije directamente.
—Ver un paseo espiritual asusta más de lo que había imaginado —dijo.
—No me refería a eso y lo sabes.
Ante un problema de Bian, opté por una solución de Bian. La cogí y la inmovilicé contra la pared.
Ella había sido Athanate durante más tiempo que yo, era más fuerte que yo. Pero el peso y la masa corporal también contaban. Luchó un poco, hasta que se dio cuenta de que yo me lo estaba pasando bien.
—Estás preocupada —repetí.
Ahora me había ganado una mirada fulminante.
—No te tomaré la palabra.
— « Ven a una fiesta de pijamas » es una frase, no una palabra.
—Listilla.
—A ver si lo entiendo… —Seguí manteniendo la presión y me incliné hacia ella. Eso también me gustaba—. ¿Crees que la única razón por la que te invité es porque mis inhibidores estaban dañados por el hechizo de Weaver?
—Es un análisis razonable, ¿no?
—Es una suposición y no es correcta.
Además del corazón acelerado y el calor que aumentaba en mi cuerpo, estaba liberando muchas feromonas Athanate y seguía sin llegar a ella. Así que la besé. Con fuerza.
Su torpe rigidez desapareció. Los labios de suavizaron y se separaron. Sus manos sujetaron mi cabeza y sus piernas rodearon mis caderas.
El ascensor volvió a subir con un susurro y ella finalizó el beso con un suspiro y una pequeña sonrisa traviesa.
—Pueden esperar —refunfuñé—. Este era sólo uno de los temas que quería discutir contigo.
—Considérame convencida por tus argumentos —ronroneó, y me besó el cuello—. Por otro lado, tenemos que bajar; posiblemente Diana pueda oler tus feromonas desde la mazmorra. Va a saber exactamente porqué llegamos tarde.
Me reí por su forma de expresarlo.
—¿Y qué? Mis inhibidores están dañados. ¿Quién puede culparme?
—No puedes utilizar el mismo razonamiento en sentidos opuestos, Amber. ¡Vamos!
Sus ojos me avisaron de que iba en serio, así que avanzamos. Entramos cogidas de la mano a la plataforma del ascensor. Las puertas transparentes se deslizaron y nos rodearon.
Coloqué mis labios contra su oreja. Hubiera o no alguien mirando y escuchando, yo era muy consciente de que Skylur tenía sistemas de vigilancia por todo Haven. Que no pudiera ver ninguno en este ascensor no quiere decir que no lo hubiera.
—El otro tema era: ¿qué te molestó tanto en la conversación de esta mañana con el nuevo Diakon de Skylur? ¿No te gusta?
—La nueva Diakon —me corrigió. Me besó de nuevo rápidamente y sus labios mordieron deliciosamente mi lóbulo—.
Tienes razón —susurró, volviendo a su voz de negocios—.
Tú y yo tenemos que hablar. Para empezar, no me fío de tu Hécate.
Puede que sea porque he empezado mal el día.
O debería decir, hemos empezado mal el día.
Vamos a recibir órdenes de Skylur, y sé que no van a ser fáciles.
Vamos a tener que hacer planes, contingencias y opciones.
Hay un montón de problemas que llegan desde Nueva York, pero para mí el mayor de todos es a quién ha elegido como Diakon.
—No estarás celosa, ¿verdad?
—No. La razón por la que estoy enfadada es que su nueva Diakon no es Panethus. Es una maldita Basilikos.