El árbol de los sueños (Amber Farrell 6) Capítulo 38
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Capítulo 38

Recobré el conocimiento al oír a Diana y Kaothos preguntando insistentemente por mí, mientras se libraban intensas discusiones en el fondo.

Bian me sostenía la cabeza y la mitad de mi Casa me observaba con ansiedad.

Me senté y saludé a la cámara con una mano, para que desde Haven pudieran ver que estaba bien.

La conversación que estaban teniendo era enrevesada.

La paciente eliminación de los hechizos por parte de la Hécate había activado la última trampa y casi me mata.

Era cierto, pero sin ella, los hechizos me habrían matado de todas formas, o me habrían vuelto loca.

Y, por lo que a mí respecta, «casi matarme» no cuenta.

Además, la Hécate y Gabrielle no habían intentado matarme. Los hechizos, sí.

En relación con ese tema, también intentaban entender cómo funcionaban los hechizos.

Los conjuros que drenan la energía de la propia víctima para alimentarse eran sofisticados, pero parece ser que eran un modelo bastante común.

El efecto dominó, que pasaba la energía del conjuro que se hubiera anulado al siguiente, era lo que lo convertía en complejo e inusual.

Era ese tipo de trampa, estilo interruptor secundario, lo que casi me había matado al final.

Gabrielle explicó la teoría de cómo Weaver me había lanzado los hechizos al tocarme, lo que llevó a la cuestión de cómo había conseguido Weaver ser tan poderoso. Alice no podía creer que fuera él, pero no parecía haber otros candidatos.

Entonces, llegó la parte en la que Gwen ofreció su teoría sobre el hecho de que algunos de los daños en mis sistemas inhibitorios fueran más antiguos, de antes de Weaver.

Afirmaba que los hechizos de Weaver se entretejían a estructuras que habían sido formadas con anterioridad y reparadas de manera insuficiente.

Esa teoría fue bien recibida por Diana y Alice.

—Esto empieza a ser ridículo. No se pueden hacer hechizos adaptativos como esos —insistió Alice—.

Empezaste diciendo que los hechizos estaban tan inteligentemente estructurados que respondían a las amenazas.

Luego, afirmaste que los Adeptos de la comunidad de Denver habían sido afectados por dichos hechizos sin ni siquiera darse cuenta; así que no sólo son increíblemente complejos y poderosos, sino que se pueden lanzar sin que la víctima se dé cuenta.

—Puede que nunca hayas visto este nivel de habilidades aquí en las Rocosas —respondió Gabrielle.

—Pero lo hemos visto antes —dije, mientras golpeaba la mesa para llamar su atención.

Funcionó. Hubo un silencio. Era incómodo tener la mirada de hielo de la Hécate dirigida a mí. Por un momento, noté la vastedad resplandeciente de una figura a su alrededor. Y entonces desapareció. Nadie más pareció darse cuenta.

¿Había sido su guía espiritual? ¿Qué era?

Ya había percibido el guía espiritual de Gabrielle sin pensar realmente en ello: un halcón rojo. ¿Pero su líder? Excepto por esos atisbos que me ha parecido vislumbrar, nada.

Moví la cabeza para despejarme las ideas.

—Hemos visto hechizos como estos —dije—. En otoño, en la última Asamblea que tuvo lugar en Haven.

Alice y Bian lo entendieron. Ellas habían estado allí. Enseguida supieron a lo que me refería.

—Explícate —dijo la Hécate.

—Dos Athanate estaban afectados por unos hechizos que los obligaban a traicionarnos. En cuanto lo descubrimos, los hechizos cambiaron de objetivo. Aunque no mataron a las víctimas.

—¿Qué hicieron? —preguntó Gabrielle.

—Les borraron la mente —anuncié con un escalofrío. Podía recordar perfectamente, con demasiada claridad, el momento de vacío horrible y absoluto en los rostros de Marlon Pruitt y el magistrado Phillipe Remy.

—No teníamos suficiente información sobre los movimientos de Remy antes de la Asamblea —dijo Bian tranquilamente—.

Pero podíamos detallar todos los meses anteriores en el caso de Marlon.

Eso es lo que nos confundió: creíamos que no tuvieron tiempo de someterlo a una coacción tan fuerte, que es lo que pensamos que era en aquel momento.

—Los resultados son muy similares —dijo la Hécate—. Lo admito, creo que sería demasiada coincidencia que ambos escenarios, la Asamblea y la comunidad de Denver, no estuvieran relacionados.

—Entonces, ¿quién creemos que fue responsable de lo de Pruitt y Remy? —pregunté—. Si Weaver hubiera estado implicado en aquel momento, Mary lo habría sabido.

Por aquel entonces, la madre de Tullah todavía era la líder de la comunidad de Denver, y era lo suficientemente astuta para saber lo que ocurría en la comunidad mágica.

—¿Y Matlal? —sugirió Pia.

—No tiene sentido —dijo Pia—. Matlal intentó entrar en la mente de Amber y ella le pateó el culo. No podría ser un maestro Adepto capaz de lanzar ese tipo de hechizo tan poderoso.

Hubo un repentino silencio en el estudio.

—¿Intentó una coacción Athanate y fracasó? ¿Es por eso que Basilikos lo destituyó como líder? —La voz de la Hécate era cortante—. Porque era excepcional que una Athanate tan joven pudiera vencerlo.

Era como si hubiéramos ofrecido un hueso jugoso a un perro bien entrenado; Gabrielle casi estaba temblando.

—¿Y si lo excepcional no fuera su debilidad? —dijo, e hizo una pausa antes de continuar—. ¿Y si fuera la fuerza de Amber?

Bian frunció los labios.

—Fue más bien la Diakon de Matlal, Vega Martine, quien le dio una apariencia de fortaleza. De hecho, ella sí que podría ser un maestro Adepto, pero no estaba en la Asamblea así que no podría haberle ayudado.

Tuve un escalofrío al recordar a Vega Martine.

Sí, estaba de acuerdo en que ella debía ser el poder tras Matlal, pero si ella hubiera tenido este tipo de fuerza con la magia en el momento de la Asamblea, mi instinto me dice que lo habría utilizado de alguna forma, y no lo hizo.

Gabrielle no estaba escuchando a Bian; estaba centrada en mí.

—¿Y si ese enfrentamiento con Matlal hubiera sido la primera vez que ponías en práctica tus poderes ocultos?

Negué con la cabeza.

—No funciona así. No puedo hacer lo que quiera yo sola. No tengo una capacidad real, necesito utilizar las habilidades de otras personas.

—No lo creo, pero piensa otra vez en aquel momento, Amber. —La Hécate se levantó y rodeó la mesa—. ¿Qué recuerdas de cuando venciste a Matlal?

Bian se tensó, pero la Hécate no hizo ningún movimiento más y no se me erizó la piel, así que posiblemente no estaba haciendo nada mágico.

—Dolor —dije—. Ira. Su ataque fue un ataque mental Athanate. Era fuerte y estaba enfadado. Fue como si me hubieran pegado en la cabeza con un piolet.

Cerré los ojos y dejé que volvieran los recuerdos de ese día: Jen había sido secuestrada y torturada.

Nos estampamos contra las puertas del almacén para rescatarla.

Jen mató a Hoben, pero estaba tan malherida que casi murió.

E incluso así tuvimos que salir corriendo para llegar a la Asamblea, pasar por los Lyssae y luego soportar los interminables ataques políticos tanto de Panethus como de Basilikos dirigidos a mi Casa y a mí.

Y, al final de todo, la afrenta definitiva, el ataque mental de Matlal.

Bian me dio su apoyo durante toda la Asamblea. Yo estaba tan enfadada durante toda la reunión, que quería matar a la gente ahí mismo y Matlal rompió algo en mi interior y me dio una excusa para contraatacar con todas mis fuerzas.

Era una ira enterrada, una ira tan violenta y sin forma que hizo arder todo mi cuerpo.

Hablaba sin darme cuenta y titubeé antes de terminar:

—Cogí todo ese dolor y esa ira, y los expulsé a través del canal que Matlal había abierto en mi cabeza. Él se derrumbó y entonces pensé que no era él quien era tan fuerte. Que tenía que ser Vega Martine.

—Rompió algo en ti —dijo la Hécate con énfasis—.

Y entonces buscaste en tu interior y encontraste un pozo de emociones con dolor e ira que pensaste que eran tuyas.

NO tuviste que manipularlo, Amber. No necesitabas la habilidad.

Una vez que Matlal abrió el canal, todo lo que tuviste que hacer fue devolvérselo.

—Si era la misma mierda que me hiciste a mí, me sorprende que no acabaras con él —dijo Gabrielle—. Tiene que ser fuerte para haber sobrevivido.

Diana nos hizo parar un momento y repasar, paso a paso, lo que había ocurrido en los últimos días.

El secuestro para obtener nuestra atención, el salto espiritual a los árboles, los cuervos espías, la reunión en la discoteca, el desafío de la manada de El Paso, cómo maté a Victoria, la visita a Weaver en la casa de Erie.

Poco a poco las piezas iban encajando.

En lo que a Diana y Alice respectaba, ellas sabían desde hacía tiempo que yo arrastraba una maldición familiar. Tuve que retroceder en el tiempo para contárselo a la Hécate y Gabrielle.

Fue la madre de Tullah, Mary, quien me lo dijo primero, aunque había sido vaga.

Me dijo que tenía un poder oculto en lo más profundo de mí y que podría ser para bien o para mal, una bendición o una maldición.

En aquel momento, no la creí realmente, ni siquiera cuando tuve sueños en los que mi abuela, Habla-con-Lobos, me llamó maldita y bendita.

Por su parte, Alex había elaborado un cuadro genealógico de nuestra rama de los Farrell desde su llegada a América. Todos y cada uno de los primogénitos habían muerto, ya fuera al nacer o en la infancia. Yo sobreviví porque mi gemela, Tara, había nacido unos instantes antes que yo.

« Así que era obvio que estaba maldita. No bendita. »

Lo había dejado de lado ya que, como Athanate, no podía tener hijos; la maldición no se transmitiría.

Pero, ¿y si este poder que había estado utilizando procedía de la maldición? ¿Y si era como los conjuros de Weaver, y podía adaptarse a las circunstancias? ¿Y si decidía que mi generación no había pagado suficiente? ¿Y si...

—¿Amber?

Parpadeé. Desconectar no era una buena idea hoy.

—Tendría sentido si el poder emanara de la maldición —dije—. No entiendo cómo, pero es magia negra, ¿verdad?

La Hécate no estaba de acuerdo.

—No hay magia negra, o toda la magia es oscura. Todo poder conlleva su propio potencial maligno, y cuanto más fuerte sea el poder, mayor es el potencial.

—Pero es oscuro —dije—. Este poder es sobre el odio y la ira.

—Acepto eso, pero la asociación negativa de magia negra viene porque las emociones oscuras son más fáciles de despertar y más difíciles de controlar de forma positiva.

—¿Estás diciendo que Amber podría utilizar la ira como recurso para un hechizo que produzca un buen resultado? —dijo Flint.

—Sí.

—Pero es más fácil alinear un resultado con el poder emocional del hechizo —dijo Kane—. Es más fácil matar a alguien si el poder que estás utilizando se basa en el odio.

—Más fácil, sí. No quiero entrar en la semántica de lo que puede ser un resultado positivo visto desde los lados opuestos de un conflicto —dijo la Hécate, y desestimó los argumentos con un gesto de la mano—.

Toda la magia se puede usar para hacer el mal.

Toda la magia puede ser destructiva. Toda la magia puede ser adictiva.

Cuanto mayor sea el poder, mayor es el potencial.

Se sentó de nuevo y continuó:

—Todo esto es extremadamente peligroso para Amber, no está entrenada y está herida.

En cualquier otro momento, habría recomendado descanso y sanación, pero no tenemos tiempo.

Weaver quería utilizar a Amber para encontrar a Tullah porque son amigas, pero él puede utilizar a otros miembros de la comunidad de Denver, y lo hará.

Debe estar buscando a Tullah ahora mismo.

Si la encuentra, y descubre que el dragón no está con ella, la utilizará como cebo, físico o mágico.

Hará que Tullah sea la debilidad de Kaothos.

Dejó de hablar y, durante un minuto, todos guardamos silencio.

—Dime, Hécate. —La voz de Diana sonaba monótona a través de los altavoces—. ¿Estás dispuesta a que Kaothos vuelva con Tullah?

—Sí —contestó sin dudar—. Están hechas la una para la otra. Cualquier otro trato debilita su poder.

—¿Y después de eso?

—Podemos hablar sobre cómo proceder —dijo con cuidado—.

Coincido contigo y la Casa Altau en que la Revelación está cerca.

Por muy oportunas e inteligentes que sean las políticas de Skylur orientadas a los humanos, hay ciertas cosas que los Athanate no están haciendo, o de las que no son completamente conscientes; asuntos que hemos abordado hoy.

Hay temas que son tan importantes como la Revelación.

La Asamblea tiene que trabajar con la Liga de Adeptos del Norte.

Otro silencio largo.

—Bian, trae a la Hécate a Haven —dijo Diana.

—Diana…

—Soy consciente de que esto es un incumplimiento de las reglas de seguridad de Skylur. Él no está aquí. Hazlo bajo mi autoridad. Trae también a Amber y sus Adeptos.

Respiré profundamente mientras Bian discutía los detalles a regañadientes con la Hécate.