El árbol de los sueños (Amber Farrell 6) Capítulo 19
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Capítulo 19

— Te lo advertí —dije, mientras me ponía de pie, todavía temblando

—¿Scott?

Julie soltó a Amanda y pasó corriendo a mi lado, justo cuando Scott parecía haber recuperado el control, aunque se veía inseguro.

Amanda no dudó ni mostró sorpresa; se arrodilló y le rodeó el cuello con sus brazos.

No habría recomendado hacerle eso a un hombre lobo, especialmente a uno novato que posiblemente también estaba sufriendo los efectos del crusis. Por suerte, Scott no se movió, sólo parecía un lobo avergonzado.

Fue Pia quien rompió el silencio, con una pequeña risa.

—Bueno, pues ahora ya sabemos lo que ocurre cuando impregnas a alguien. Salen híbridos.

Asentí.

—Eso parece. Aunque todavía no nos ha mostrado que sea Athanate, no veo porqué sólo se transformaría en lobo.

¿Cómo se sentía con eso?

Cuando Skylur y Diana se dieron cuenta de que era una híbrida, se sorprendieron.

Pero no fue nada comparado con la reacción de la mayor parte de la comunidad Athanate.

Yo era anormal, una aberración. En la Asamblea hubo gente que quería matarme.

Los más racionales decían que la influencia de convertirme en Licántropo mientras estaba pasando el crusis significaba que seguramente me volvería una renegada.

Los lobos no fueron mucho mejores. Supongo que lo superaron con el ritual de los escorchados, pero sospechaba que muchos de ellos seguían pensando que era una aberración. Puede que una aberración útil, pero una aberración, al fin y al cabo.

En cierta forma, disfrutaba de ser una aberración, y ahora ya no era la única.

Me sentí mal por eso.

Primero, ¿eso haría que Mykayla cambiara de opinión?

Segundo, y más importante, no podía dejar a Scott fuera de mi vista por un tiempo.

Sabía por mi propia experiencia lo difícil que es convertirse en Athanate y Licántropo al mismo tiempo.

Existía el riesgo de volverse renegado, y mis enemigos, tanto Licántropos como Athanate, estarían encantados de decir que mi impregnación provocaba eso.

Estaba bastante segura de poder mantener a Scott sano si se quedaba a mi lado, tal y como Alex me había ayudado.

—¿Es el primero? —Flint interrumpió mis pensamientos—. ¿Un híbrido? Quiero decir, mordiéndolo.

—Por lo que sabemos, sí —dije—. Vamos a llevarle dentro, fuera de la vista.

Kane recogió la ropa rasgada de Scott que había en el suelo.

—Le traeré algo de mi ropa.

Le dio una palmadita en la espalda al pasar, y Scott le mostró los colmillos en silencio. Amanda podía permitirse ciertas libertades, pero mejor que los demás no lo hicieran.

« Está claro que de momento no voy a perderle de vista. »

En el salón, nos sentamos y miramos a Scott pasear arriba y abajo, acostumbrándose a su nueva forma de lobo en todos los sentidos.

Estornudó al percibir algún olor y Amanda se rio con nerviosismo.

—¿Cuándo volverá a su forma humana? —dijo.

Scott giró la cabeza y me miró con sus ojos amarillos. Entendía perfectamente lo que estábamos diciendo, claro.

—Cuando él quiera —contesté.

Los hombres lobo podían perderse en su forma de lobo, pero era algo que afectaba principalmente a los más viejos, no a un cachorro como Scott.

Aunque, claro, él era un cachorro muy viejo.

¿Cuántos años me había dicho Amanda que tenía?

¿Doscientos treinta? Había sido un poeta contemporáneo de Shelley y Byron en la Inglaterra georgiana, antes de que ella lo hubiera acogido como pariente.

En cualquier caso, mi respuesta parecía haber satisfecho a Scott y él seguía caminando por la habitación y oliendo cosas.

—O cuando yo se lo pida —añadí.

« Soy tu Alfa y la Señora de tu Casa, Scott. »

Levantó un lado de sus labios; eso podría ser algo así como una sonrisa lobuna más que un gruñido, pero tenía la sensación de que hasta que no hubiéramos superado el crusis Athanate y descifrado las señales licántropas, Scott sería un hueso duro de roer, sin importar lo educado y agradable que fuera como hombre.

Un reto.

No me echo atrás ante los retos licántropos. No puedo, soy un Alfa.

Scott necesitaba que le guiara. Él no tenía ni idea de en lo que se había metido. Incluso si no se volvía un renegado, había leyes paranormales que podría romper que le llevarían exactamente al mismo lugar.

Kane volvió con un chándal. Al ver que Scott seguía en forma de lobo, gruñó y se sentó al lado de Amanda.

Él y Flint estaban uno a cada lado, con los ojos fijos en el lobo.

El labio de Scott reprodujo ese tic de nuevo, y pude sentir la leve vibración de una demostración de dominio licántropo que emanaba de él.

« Suficiente. »

Esta noche tenía un segundo problema, como si no tuviera bastante con el peludo y gruñón Scott.

—Mirad, esto es raro para todos nosotros —dije—, y todos tenéis preguntas, pero no estoy segura de tener las respuestas. Ahora necesito saber qué está pasando con Tove.

Pia parecía insegura.

—Dijo que estaba aburrida y que quería ir a bailar.

Amanda asintió, con los ojos todavía fijos en Scott.

—Se estaba poniendo nerviosa.

—¿Y qué pasó?

—No estaba segura de lo que tenía que hacer —dijo Pia—. Me refiero a que no es una prisionera, ¿verdad? En fin, ella no sabía dónde ir y tampoco tenía dinero, así que David se ofreció a ir con ella.

Culpa mía; había estado demasiado distraída para dejar instrucciones concretas sobre Tove.

Aunque, a decir verdad, no había querido pensar en ese tema.

Estaba empezando a arrepentirme de haberle ofrecido un lugar para quedarse.

No sólo porque iba a ser complicado gestionarla, sino por su propio bien.

Últimamente, no era seguro que la gente se relacionase con nosotros, y parecía que la cosa iba a ir a peor.

Nada de excusas. La decisión de David de ir con ella era mejor que nada, pero tampoco estaba contenta con eso.

La Liga de los Adeptos del Norte todavía no nos había amenazado, y los Adeptos de Denver sólo tenían un problema conmigo, pero aún y así, no quería que mi gente estuviera por ahí fuera sin refuerzos.

—¿Sabemos dónde están? —pregunté.

Pia asintió.

—The Pool. Creo que te oyó hablar de ese sitio.

The Pool era una discoteca, al sur de Capitol por Broadway. Su nombre de verdad no era ese, pero nadie recordaba el original.

Había estado hablando con Jofranka esta mañana y le dije que había oído que los DJ de esta noche eran Electric Beath. Eran mis favoritos del circuito ilegal de raves, y parecía que cada vez eran más populares.

Al mismo tiempo, Pia tenía razón: Tove no era una prisionera y no teníamos ningún derecho de impedirle hacer nada que quisiera; por muy destructivo que fuera para ella.

No estaba segura de que hubiera ido a buscar drogas.

De hecho, sospechaba que quería cambiar de vida.

El problema era que nadie había podido hablar seriamente con ella sobre lo que quería de verdad.

Tove había sido muy amable: había dado las gracias a Jen, a Yelena y a mí.

Aparte de eso, poco más, y con poco o ningún contacto visual.

Nick Grey parecía haber llegado un poco más lejos, pero el mismo motivo lobuno que ocupaba a Alex, le había absorbido a él también.

Así que era mi turno. Tenía que hacer progresos con Tove. Y tenía la impresión de que el tiempo que tenía para hacerlo sería muy limitado dentro de poco. Tendría que ser hoy: lo tomas o lo dejas.

—Me voy de fiesta —dije—. Con Julie y Keith.

—No es una buena idea, jefa —dijo Julie.

Ella y Yelena no estaban de acuerdo con algunas de mis decisiones en temas de seguridad últimamente. Tenían mi reconocimiento en esta ocasión, pero no tenía muchas alternativas.

—Puede. —Me reí y le di un abrazo—. Y nos llevamos a Scott —añadí.

Todos miraron al lobo. El lobo nos miró y levantó el labio otra vez.

—¿Dos piernas o cuatro patas? —preguntó Pia con media sonrisa en la boca.

—Aunque me encantaría llegar a The Pool con un enorme lobo, creo que sería mejor con sólo dos piernas —dije.

Me volví hacia los Adeptos.

—Y de vosotros dos, ¿quién es el mejor bailarín?

—Ese soy yo —dijo Kane.

Flint elevó los ojos al cielo, pero no se tomó la molestia de responder.

Cuando volví a mirar a Scott, ya estaba en su forma humana. Parecía… no precisamente avergonzado, pero sí un poco perdido por experimentar sus emociones lobeznas. Keith apartó el chándal con desdén y se llevó a Scott para prestarle algo de ropa.

—¿Estará bien? —me preguntó Amanda en voz baja.

—No hace falta que susurres; tiene un oído de lobo ahora. —Sonreí y luego me puse seria—. Para responder en parte a tu pregunta… será mejor para él si está conmigo de momento. Siento mucho no poder darte más garantía que eso.

Amanda no estaba contenta, pero guardó silencio.

—Sé que es difícil —dije—. Imagino que todavía sientes que es tu pariente, tu responsabilidad. Pero ahora también es un hombre lobo, y soy su Alfa. Se ha convertido en mi responsabilidad.

—O un híbrido, en vez de hombre lobo —dijo Julie—. Todavía más claro que es responsabilidad de Amber.

Puede que Amanda estuviera incómoda, pero al final asintió.

Estaba de pie cerca de mí. Tomé una profunda respiración, saboreando la esencia de su marca y sentí cómo mis ojos se oscurecían de deseo por su Sangre.

El pulso en su cuello reaccionó. Nuestros instintos Athanate no tenían en cuenta todo lo que estaba sucediendo.

Pero ella salió corriendo tras Keith y Scott, lo que posiblemente fuera una buena idea.

Julie se aclaró la garganta.

—No podemos entrar con armas en la discoteca, pero creo que deberíamos llevar alguna en el coche —dijo.

—Buena idea.

Los demás salieron para cambiarse, y me quedé con Pia.

—¿Vas a ser la mentora de Scott? —preguntó.

—Creo que tengo que hacerlo —dije mientras ella asentía.

—Sí, mi experiencia es limitada…

—¿Pero? —la corté.

—Cuando estaba en Casa Altau, solíamos tener mucha relación con la manada de Denver.

—Recuerdo que Félix comentó algo sobre eso —dije.

—Bien, nunca tuvimos un híbrido, naturalmente, pero sí que teníamos nuevos lobos colaborando con nuevos Athanate, así que tuve la oportunidad de ver cómo actúan los nuevos lobos.

Bian y Diana también me habían dicho algo sobre eso. Un Athanate en crusis tiene la urgencia de morder, justo cuando todo depende de un torrente de sentidos agudizados y cambios emocionales impredecibles. Era peligroso. Había que entrenar a sus parientes sobre cómo gestionar eso.

Era parecido con los nuevos lobos; la violencia era parte de lo que los hacía ser hombres lobo. Tenían que aprender a controlar su violencia.

Y aunque Scott hubiera empezado transformándose en lobo, yo tenía que asumir que pronto tendría colmillos de Athanate. Tendrá los problemas de ambas partes.

La Casa Altau y la manada de Denver solían tener algún tipo de colaboración en la que tanto los nuevos lobos como los nuevos Athanate pudieran desahogarse juntos.

Me sentía un poco lenta esta noche, pero por fin vi a dónde Pia quería llegar.

—A ver si lo he entendido —dije—. ¿Todos esos novatos solían salir juntos y follar hasta agotarse?

—Sí —dijo Pia—. Parecía eficaz. Pensé que debía decírtelo.

—Claro, buena idea —dije, sin dejar reflejar en mi cara lo que realmente estaba pensando. Yo era Athanate, pero creo que no lo suficiente.

Mientras me quitaba la chaqueta —la chaqueta de Alex para ser sincera—, mi teléfono sonó.

Jen.

—Ey —dijo, intentando parecer alegre —. Sólo quería escuchar tu voz. Hemos aterrizado en Cincinnati y tengo algo de tiempo mientras repostamos.

—Hola, jefa —intervino Yelena—. ¿Todo bien?

Resoplé y les expliqué todo lo que había pasado en Haven y aquí.

—Así que ahora tienes que salir y traer de vuelta a Tove y David, ¿verdad? —preguntó Jen.

—Tengo que encontrar a David. Si Tove decide volver, es asunto suyo.

—Debes encontrar a Tullah y luego dejar que ella y Kaothos se enfrenten a los Adeptos —dijo Yelena—. No tienes que tomar riesgos como esta noche. ¿Julie o Keith irán contigo?

Lo que de verdad quería decir Yelena es que yo no tenía que salir para nada.

—Los dos —dije—. Todo irá bien, pero ¿hay algún tipo de sabiduría cárpata que quieras compartir conmigo?

Pensó durante un par de segundos.

—Hay un dicho ucraniano, muy famoso: La mujer que chupa cuchillos, algún día se cortará la lengua.