El Apagón de la Fama Capítulo Diecisiete #2
70%

Capítulo Diecisiete #2

Skye me clavó la mirada.

—No me asustas, Cassandra. Te voy a ganar en este juego, y cuando lo haga, vas a desear estar muerta.

—Ya veremos —maldita perra, murmuré saliendo de la mesa. Me paré y tiré lo que quedaba de mi spaghetti a la basura.

Fue detonante. En mi programa entrevisté a una chica que sobrevivió un secuestro de más de dos años. Abusada todos los días. Me marcó, esas cosas te marcan. Pero tal vez Skye fue más detonante. Tengo que pararla.

Esa misma noche estábamos todos en el jardín viendo las antorchas arder. Blair Pakin apareció para la ceremonia de salvación. Maxwell se paró frente a los nominados. Davi, Olympia, Reed y Whiskey. Yo no tenía poder sobre su decisión.

Blair le dio la palabra a Maxwell.

—La persona que voy a salvar —Maxwell sonrió y luego me miró—, es alguien que se mantiene alejado del drama. Un hombre prometedor —me guiñó el ojo. Disfrutando cada segundo—. Voy a salvar al Dr. Logan Reed.

Vi rojo. Ese estúpido idiota.

No fue sorpresa. Todos aquí hacen lo que sea para hacerme enojar. ¿El hombre que puede hacerte la peor operación y aun así ganar cuando lo demandan? No otra semana con él.

Blair sonrió a través de la tensión.

—La votación comienza ahora. Los tres nominados son Davi João, Olympia Bennett y Whiskey LaPuss.

Apenas escuché las palabras. Davi, Olympia, Whiskey. Necesitaba que Davi se fuera. No quiero que se vayan Olympia ni Whiskey.

Fui directo con Maxwell.

—¿Qué te pasa? ¿Por qué salvarías a Reed? ¡Le encanta el drama, Maxwell! ¡Se alimenta de él! Eres un mentiroso.

Podía escuchar a la gente cansándose de mí, pero no podía parar.

Maxwell me sonrió con superioridad. Me odia.

—¿Reed? ¿Drama? Es el único que mantiene la cabeza baja mientras el resto se destrozan entre sí. Tomé la decisión correcta. Solo estás enojada porque no te benefició. Esto es karma por todo lo que pasó con Izzy.

—¿Hablas en serio? ¿Cuánto falta para que te apuñale por la espalda?

La cara de Maxwell se oscureció.

—Cuida lo que dices, Cassandra. Nadie aquí te quiere. Has estado manipulando desde el primer día.

Y ahí fue cuando perdí el control. Ahí fue cuando el enojo me ganó y dije algo que no podía retirar.

—Ay, por favor, todos sabemos que este programa está arreglado. ¿Qué sigue? ¿Bella va a ser la siguiente acostándose con los productores para llegar a la final? Todos arreglan el juego, todos tienen secretos.

Las palabras salieron de mi boca y se quedaron ahí flotando. Acababa de usar el secreto más oscuro de Bella. Mierda. La aventura con el director mexicano que me contó en confianza. La cagué. No lo quise decir. Solo se me salió.

No me di cuenta de lo que hice hasta que me volteé. La cara de Bella lo dijo todo. Parecía que le había dado una cachetada. Ojos abiertos. La mano fue directo a su pecho.

—¿En serio, Cassandra? ¿Me vas a meter en esto? ¿Esto es lo que nuestra amistad significa para ti? ¿Usas todo lo que te confié para destruirme? —dijo Bella casi ahogándose en la última palabra.

—Bella… yo…

—Confié en ti —no dejaba de mirarme a los ojos—. Pero tal vez no debí. Eres igual que el resto, usando a todos a tu alrededor para tu beneficio —todo el Bótox de su cara desapareció, formando la expresión más enojada que había visto en mi vida.

Se volteó y se fue. Maxwell me sonrió, sabiendo que ganó. Me quedé ahí parada, congelada por lo que acababa de hacer. ¿En qué estaba pensando? Mis emociones me ganaron. Soy una idiota.

Reed y Davi miraban desde un lado. Sonriendo.

Acababa de perder a la única persona con la que de verdad podía contar.

Me pasé todo el jueves tratando de arreglar las cosas con Bella. No me miraba. Siempre tuve la sensación de que se mantenía cerca de mí porque me tenía miedo. Entendía que era mejor tenerme como amiga que como enemiga, pero ahora estaba furiosa. Ya no había miedo. Solo enojo.

Finalmente la encontré sola en la cocina, cocinando, sujetando la barra como si tratara de mantenerse entera.

—Bella —mi voz salió más suave de lo que quería. No se volteó—. Lo siento. No quise decir lo que dije. Se me escapó.

Se volteó. Fría y distante.

—¿Se te escapó? —repitió riéndose con sarcasmo—. ¿Esa es tu excusa? Tiraste mi confianza a la basura, Cassandra. ¿Para qué? ¿Porque estabas enojada con Maxwell? Yo de verdad te quería.

—¡Somos amigas! Bella, no quise lastimarte… vamos, por favor… —a veces se me olvida que nos filman las veinticuatro horas. Que el mundo ve cada palabra. Que nada de esto es privado.

—Lo arruinaste, Cassandra. Rompiste mi confianza y ya se acabó, ¿me oyes? ¡Se acabó! —gritó.

—Bella, por favor…

—Te odio —se acercó más. Ojos ardiendo. Un cuchillo de cocina en la mano por lo que estaba cocinando, pero la forma en que lo sostenía me erizó la espalda—.

Confié en ti. Sabías lo que eso significaba para mí y lo tiraste a la basura como si yo fuera basura —apuntó el cuchillo hacia mí. Parecía que podía matarme.

Pero tenía razón. Yo había tomado algo precioso, nuestra amistad, su confianza, y lo destrocé porque este juego me estaba convirtiendo en alguien que no reconocía.

—No fue así —susurré—. Significas más para mí que eso. Nuestra amistad significa todo. Tú lo sabes.

—¿Ah sí? ¿Significa todo para ti? Pues no se ve así —el cuchillo seguía apuntándome—. Estabas pensando en ti misma, Cassandra. Eres una mujer egoísta y todos tienen razón sobre ti. Hicieron bien en cancelarte.

Mi pecho. Eso dolió porque era verdad. Acciones como estas fueron las que me cancelaron.

—Bella, eso no es justo. Te he cuidado la espalda todo este tiempo…

—Me cuidaste la espalda hasta que ya no te convenía —me interrumpió.

Me encogí.

—¿Te das cuenta de lo que hiciste? Si esto sale a la luz. Si alguien se entera de lo que te confié… —ahora la audiencia va a saber que guarda un secreto y la gente curiosa eventualmente va a descubrir qué es. Yo creé esto. Fue mi culpa.

—No voy a decir nada, te lo juro.

—Si esto sale, Cassandra, te juro que no solo vas a estar muerta para mí. Vas a estar muerta para todos.

Dejó el cuchillo y salió. Me quedé sola en la cocina, escuchando sus pasos desaparecer por el pasillo. La promesa que le hice se sentía rota. No dije su secreto directamente, pero sabía lo que mis palabras implicaban. Y todos los demás también.

Debería haber estado tramando algo pero no podía concentrarme. Me quedé en la esquina del jardín, mirando la fiesta del viernes, lejos de la música, lejos de las risas, tratando de procesar lo que había pasado.

Luego Whiskey me encontró. Estaba en full drag caminando lento y con intención. Me pregunto si le cansa arreglarse. Pero luego me di cuenta de que es lo que hace para ganarse la vida. Se recargó en la pared junto a mí. Por un rato ninguna dijo nada.