Capítulo Doce #2
—Solo seguíamos órdenes. No teníamos opción —su mano golpeó la mesa metálica del interrogatorio.
Theo lo miró, enojado.
—Siempre hay opción. Ustedes eligieron continuar con el caos hasta que alguien fue asesinada.
Todos se quedaron callados.
—Lo que están admitiendo tiene consecuencias legales. Espero que lo sepan —dijo Theo—. Estuvieron manipulando resultados, manteniendo un ambiente inseguro. No removieron a un concursante peligroso. Esto ya no se trata de rating. Una mujer está muerta.
Simon miró hacia la mesa. Sus ojos parecían enfocarse en una mancha, tratando de evitar mirar a Theo.
Gwendoline se enderezó, limpiándose la cara.
—Creo que necesitamos abogados. No quiero contestar más preguntas sin un abogado.
Theo se lo esperaba. Asintió.
—Claro, es su derecho. Entiendo, pero sepan que esta conversación no ha terminado. Vamos a hablar otra vez.
Se levantó. Los tres estaban ahí sentados, más pequeños que cuando llegaron.
Hubo una vez que un estudiante de universidad le disparó a su profesor porque el profesor se estaba acostando con su novia.
Theo entró al cuarto de interrogatorio, confrontó al muchacho y en dos minutos el estudiante confesó todo.
Ese era el poder que Theo tenía. Intimidante.
Y los productores sabían que no tenían poder contra Theo.
Reynolds estaba esperando en el pasillo.
—Están asustados.
—Deberían estarlo —Theo tomó aire—. Snow los despidió y ellos están enojados con la cadena, pero quieren abogados ahora. Aunque no hayan matado a Cassandra, van a enfrentar consecuencias legales enormes.
Reynolds no parecía sentir lástima por ellos.
—¿Qué sigue?
—Izzy Jenkins. Necesito hablar con ella.
Estaba embarazada y la eliminaron por eso.
Puede saber que fue porque Cassandra le dijo a los productores.
Eso es motivo —Theo se arregló la corbata negra—.
Y necesito hablar con Maxwell Nakoa. Necesito saber si ese shippeo era más que solo fans asumiendo que había algo entre ellos.
Reynolds levantó una ceja.
—Esta situación tiene más drama que el programa.
Theo no debatió.
Izzy Jenkins llegó y se notaba que dejó la personalidad de celebridad en su casa.
No traía maquillaje, solo unos tatuajes en la cara.
El pelo recogido y bolsas bajo los ojos.
Traía un suéter enorme que le tragaba el cuerpo y no paraba de jalarse las mangas sobre las manos.
La rockera del programa ya no estaba. Esta era solo una mujer que se veía con problemas. Embarazada durante un programa.
Theo la miró cuando se sentó. Olía a cigarro, lo cual lo sorprendió. No recordaba que fumara en el programa y no debería estar fumando estando embarazada.
—Gracias por venir, Sra. Jenkins.
—No es como que tuviera opción, ¿verdad? —su voz era plana. Molesta.
—Necesito preguntarle directamente —dijo Theo—. ¿Estaba embarazada durante Fame Mansion: Miami?
La cara de Izzy se desmoronó. Presionó las manos contra la mesa. Luego asintió.
—Sí —apenas un susurro—. De alguna forma Cassandra se enteró. Ella sabía. Siempre sabía cómo encontrar lo que más te iba a lastimar.
—¿Cómo se enteró?
Izzy se limpió los ojos con la manga.
—Nos encontró a Maxwell y a mí juntos. En el baño besándonos.
Pensamos que nadie iba a ver, pero Cassandra sí.
Después de eso, nos tenía acorralados. Tratamos de amenazarla para que se callara, pero…
—soltó un respiro tembloroso—. No se asustó.
Pensé que sí, pero solo nos miró como si le estuviéramos dando un regalo. Fuimos unos idiotas.
Theo tragó saliva.
—Usted amenazó a Cassandra Drake —dijo Theo. No era pregunta.
Izzy asintió.
—Le dije que la iba a matar si decía algo —levantó la vista rápido—. No lo decía en serio, por favor. Fue estúpido, lo sé. Tenía miedo y dije algo terrible. Pero no la toqué. No hice nada. Lo juro.
—Y Cassandra fue con los productores —no debió haber dicho eso.
—¿Entonces sí fue ella? ¿Les dijo? Les dijo que yo podría estar embarazada.
Ni siquiera yo sabía con seguridad en ese momento.
Pero ella lo asumió y esa perra les dijo a los productores —parecía que quería golpear a alguien—.
Coleccionaba secretos de la gente y las usaba cuando le convenía.
Era una persona mala, Detective. Me alegra que esté muerta.
Theo observó las manos de Izzy. Estaban temblando.
—Después de que la eliminaron, ¿qué pasó?
La voz de Izzy se hizo pequeña.
—Me hice una prueba. Salió positiva —tragó saliva—. No lo podía creer.
—Maxwell Nakoa es el padre —otra vez, no era pregunta.
Los ojos de Izzy se pusieron llorosos.
—Sabía que era de Maxwell. Mi esposo y yo no habíamos estado juntos en meses. El matrimonio ya se estaba cayendo a pedazos antes del programa.
Cuando Theo leyó el perfil de Izzy Jenkins leyó múltiples sitios de noticias sobre el estado de su matrimonio.
Se casó con Bobby Kendrick, un famoso productor musical de cincuenta años.
La diferencia de edad estaba en todas las noticias, la gente asumiendo que Izzy se casó por dinero.
Pero ahí estaba, admitiendo tener una aventura con Maxwell Nakoa, un hombre de cuarenta años. Le gustaban mayores.
—¿Maxwell lo sabe?
Izzy negó con la cabeza.
—No. Nunca le dije. No podía. Arruinaría todo, su matrimonio, su carrera, todo. Y luego ya no importó de todas formas porque… —su voz se quebró—. Perdí al bebé.
El cuarto se quedó en completo silencio.
Theo esperó. No presionó.
—Fue el estrés —dijo Izzy, ojos rojos—. El coraje. Ser eliminada así, sabiendo que Cassandra hizo todo para deshacerse de mí. Sabía de nuestra aventura. Estaba furiosa todo el tiempo. Con ella, con Maxwell, conmigo misma. Y luego una mañana me desperté y… —no pudo terminar.
—Lo siento —dijo Theo. Lo decía en serio. Cuando Alma estaba embarazada de Regina, casi pierde al bebé. Fue un momento aterrador para Theo. No podía imaginar su vida sin Regina.
Izzy se limpió la cara con fuerza.
—Cassandra me costó todo. Y mi bebé… —sollozó—. Abrió la boca con los productores y me sacaron por eso. Ahora lo sé. Se inventó algo en su cabeza y resultó ser verdad.
Era raro para Theo ver a Izzy llorar. Era conocida por tener una personalidad difícil. Rebelde. Fue su actitud la que hizo que su banda se separara. No la soportaban. Pero se veía tan vulnerable frente a Theo.
—¿Dónde estaba la noche que mataron a Cassandra? —Theo cambió la conversación.
Izzy parpadeó.
—En la casa de mi esposo. Tiene una aquí en Miami.
Me he estado quedando con él desde que me eliminaron.
Estaba en la cama a las nueve. Mi esposo estaba en la sala.
Nunca le dije que estaba embarazada, pasé por eso sola, pero él sospecha que algo pasa entre Maxwell y yo.
Creo que nuestro matrimonio ya se acabó, de todas formas.
—¿Él puede confirmar eso?
—Creo que sí, solo por favor no mencionen nada del embarazo. Los vecinos también pueden confirmar, me vieron. No fui a ningún lado esa noche. Estaba demasiado destrozada para ir a algún lado, Detective. Sigo destrozada.
Theo asintió. Lo anotó. Lo verificaría. Cámaras de seguridad en la calle, GPS del teléfono, una llamada al esposo. Estándar.
—Una cosa más —dijo Theo—. Dijo que odiaba a Cassandra. ¿Cree que alguien más en esa mansión la odiaba lo suficiente para matarla?
Izzy lo miró por un largo rato.
—Todos tenían razón para odiarla, Detective. Ella se encargó de eso. Pero odiar a alguien y matarla de verdad… —se quedó callada—. No sé. Con algunas de esas personas, la línea era delgada.
Theo extendió su mano. Izzy la apretó. Su agarre era débil.
—Ella me destruyó —dijo Izzy con ojos rojos—. Y me alegra que esté muerta. Eso probablemente me hace una persona terrible. Pero estoy demasiado cansada para que me importe.
—Gracias, Sra. Jenkins. Estaremos en contacto.
Se secó la cara con las mangas del suéter y se marchó sin decir una palabra.
Theo recogió el registro médico de la mesa. Leyó la línea una vez más. Prueba de embarazo: Positiva.
Cassandra Drake había convertido esa información en un arma. ¿Sabía? ¿Fue pura intuición? Los productores tomaron cartas en el asunto e Izzy perdió todo, incluyendo al bebé. Y alguien en esa mansión decidió que Cassandra había ido demasiado lejos. Izzy pudo haberle dicho algo a Maxwell.
Maxwell. Si Izzy le contó lo que Cassandra hizo, y Theo apostaba a que sí, entonces Maxwell tenía una mayor razón para matar a Cassandra.
Y el diario. Ese estúpido.
Reynolds entró al cuarto.
—Registraron la mansión otra vez —se veía decepcionado—. Revisaron cada esquina del cuarto de Cassandra. El colchón, todo.
—¿Y…?
—Nada.
Theo suspiró.
—Mierda.
Si Cassandra había escrito sobre algo de esto, la aventura, el embarazo, las amenazas, todo estaba ahí. Y quienquiera que la mató probablemente lo sabía también.
Quien mató a Cassandra se aseguró de deshacerse de ese maldito diario.