El Apagón de la Fama Capítulo Uno
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Capítulo Uno

CASSANDRA DRAKE

TRES MESES ANTES DE FAME MANSION: MIAMI

EL BESO LA DESPERTÓ.

Los labios de James contra los suyos, suaves pero insistentes.

Cassandra abrió los ojos y pensó en el aliento mañanero.

Los besos de televisión siempre eran una mentira.

Los guionistas y directores convenientemente se olvidaban de ese detalle en particular.

Pero James le sonreía de todas formas con esa mirada que siempre le daba, una que decía todo va a estar bien aunque no fuera así.

—Buenos días, amor.

Su voz era suave. Como si ella pudiera romperse.

—Buenos días, guapo —levantó la mano para tocarle la cara, forzando una sonrisa. Lo que realmente quería era que él preguntara: ¿Por qué nos haces esto? Pero nunca lo haría. Así no era James.

Se movió por el cuarto como siempre lo hacía. Seguro y sin prisa.

Un cardiólogo reconocido. Respetado y estable. Cassandra amaba eso.

Se sentó. Las sábanas cayeron. Su bob rubio corto, todavía parte de la imagen que pasó años construyendo, se reflejó en el espejo del tocador al otro lado del cuarto.

Traía un camisón de seda azul marino. Muy Cassandra Drake. Excepto que cuando se veía en el espejo ahora, apenas reconocía a la mujer que le devolvía la mirada.

Un año atrás, la habían cancelado. La palabra en sí era casi graciosa.

La había usado tantas veces en The Cassandra Show , hablándoles de arriba a abajo a los famosos, diseccionando sus fracasos con lupa.

Reventando las burbujas de la gente famosa y de alguna forma burlándose de ellos. Pero el karma la alcanzó.

La entrevista que terminó con todo empezó mal y se convirtió en un desastre hostil.

La cadena cortó lazos en cuarenta y ocho horas.

Los famosos que habían peleado por estar en su programa no le devolvían las llamadas.

Los amigos desaparecieron. Había vivido de ahorros y de las pocas apariciones de televisión que Benji, su publicista, podía conseguir, cada una le recordaba lo bajo que había caído.

Pero su familia seguía aquí. Apenas sosteniéndose, pero aquí.

El éxito de James los mantenía a flote. Las cenas elegantes y la casa en Los Ángeles. La ropa que nunca podría pagar sin él. Y debajo de todo, la depresión. Se le sentaba en el pecho cada mañana y presionaba más fuerte cada noche. Nunca se lo mencionó a nadie.

—¿Mamá?

Lesly estaba en la puerta. Hermosa de esa forma natural de la juventud, pelo rubio largo, ojos grandes que todavía no se habían endurecido.

Estaba tratando de abrirse paso como actriz.

Cuando cancelaron a Cassandra, a Lesly empezaron a etiquetarla como nepobaby .

Su hija nunca dijo nada al respecto, pero Cassandra lo podía ver en su cara.

—¿Sí, cariño?

—Estás despierta temprano —Lesly entró al cuarto—. No dormiste bien otra vez, ¿verdad?

—No —Cassandra se apretó la bata de seda—. Pero eso no es nada nuevo, corazón. Benji me consiguió una aparición en un programa matutino. Tengo que verlo después.

Cruzó el cuarto, pasando junto a Lesly.

—Ven. Vamos a desayunar.

En la cocina, Lesly dudó.

—Sabes, eres diferente cuando estás con nosotros.

La mano de Cassandra descansó en la barra de mármol frío.

—¿A qué te refieres? —Sabía exactamente a qué se refería Lesly.

—Es solo que… —Lesly miró hacia sus pies—. En la casa eres cálida. Cariñosa. Pero cuando trabajabas, eras… Nunca entendí cómo podías cambiar así.

—Todas somos diferentes en el trabajo, corazón. Especialmente las mujeres. Si eres trabajadora, si tomas decisiones fuertes, te etiquetan como difícil.

Lesly no se veía convencida.

—Mira. Sé que fui dura con la gente. De verdad lo sé. Pero así es como sobrevives en este negocio. O empujas o te empujan —Cassandra le tomó la cara con las manos—. Pero aquí, contigo, con tu papá, con Layla, esto es diferente. Son mi familia. No necesito ser nadie más. Te amo.

—Solo desearía que no tuvieras que ser tan dura allá afuera. Tal vez las cosas habrían sido…

—¿Diferentes? —Cassandra terminó la oración—. Tal vez. Pero hice lo que hice. Estoy lidiando con las consecuencias ahora. Pero eso no cambia cuánto te amo.

Lesly se recargó en su mano.

—Lo sé, mamá. Solo odio verte así.

—Voy a estar bien, cariño —la mentira sabía amarga—. He pasado por cosas peores.

Se volteó hacia la cocina, se sirvió café y no dijo nada más.

El café en West Hollywood era exactamente el tipo de lugar que Cassandra solía amar. Decoración minimalista. Luz dorada entrando por ventanas enormes. Donde los aspirantes de Hollywood y las estrellas establecidas se mezclaban, esperando ser vistos.

Ahora lo odiaba.

Se sentó en la esquina con su espresso oscuro, rezando por la más mínima interacción. ¿Eres Cassandra Drake? ¿Te puedo tomar una foto? Lo que fuera. Se había dado cuenta de algo últimamente: la atención era peor que la cocaína y había probado ambas.

Benji Ortega llegó con su confianza habitual, pelo castaño teñido cayéndole por los hombros.

Parecía más celebridad que publicista, lo cual probablemente era la razón por la que sus clientes confiaban en él: entendía el juego desde ambos lados.

Pero nunca había lidiado con alguien cayendo tan bajo y tan rápido.

—Vaya, vaya, Cassandra, hola.

—Vaya, vaya, miren lo que trajo el gato —su saludo habitual.

—Tengo noticias —Benji siempre tenía esperanza. Nunca la perdía, sin importar qué.

—Te conseguí esa aparición en el programa matutino que te mencioné. Vas a presentar unos chismes de famosos. No es glamuroso… —dijo, poniendo los codos en la mesa.

—Déjame adivinar —Cassandra arqueó una ceja—. ¿Otro divorcio de famosos? ¿O tal vez cuál actriz se pasó de Bótox? Por favor…

—Sé que no es a lo que estás acostumbrada, pero estas apariciones te están regresando a la pantalla. No puedes desaparecer, Cassandra —dijo Benji.

—Alguna vez fui una periodista seria, Benji —respiró hondo—. Tenía mi propio programa y la gente me respetaba. Me temían. Ahora soy otra más peleando por unos minutos al aire. Es muy triste… e injusto.

Benji le puso la mano sobre la suya.

—Lo entiendo. Pero te estamos reconstruyendo. Y sabes que no va a pasar de la noche a la mañana. Solo sigue apareciendo y lo demás va a llegar.

Cassandra buscó esperanza falsa en sus ojos. Pero Benji había estado con ella en todo. Si había una persona en quien podía confiar, era él.

—Está bien —Cassandra suspiró—. ¿Qué más tienes?

Benji sonrió.

—De hecho, algo más interesante. ¿Has oído hablar de Fame Mansion?

Cassandra asintió despacio.

—¿El reality show ? No me digas. ¿Un montón de celebridades en una mansión? Creo que el original era en Bangkok. James lo veía.

—Correcto. Bangkok explotó así que hicieron UK, luego Latinoamérica, luego Nueva York, Corea del Sur. Ahora están lanzando Fame Mansion: Miami. Edición de verano.

—¿Y?

—Y te quieren a ti —Benji sonrió con ganas—. Los productores me llamaron. Quieren gente que vaya a causar problemas en cámara y les dije, bueno, tengo a la mujer perfecta para ustedes.

Miró su café. Un reality show . Se habría burlado del programa hace dos años. Pero hace dos años tenía una carrera.

—Te pagan semanal —agregó Benji—. Mientras sigas en el show, te pagan.

Y el tipo de gente que ve este programa, Cassandra, estamos hablando de millones.

¿Te acuerdas de Annette Holbrooke? Su carrera estaba muerta.

Después de Fame Mansion consiguió varios contratos de películas.

Antonio López tiene su propio reality ahora.

Hasta Cherry Moore está de gira otra vez y esa mujer ya estaba acabada —los contó con los dedos. Todos ganadores de Fame Mansion.

Cassandra pensó en Annette Holbrooke. La había entrevistado una vez, cuando Annette era nadie. Ahora Annette estaba filmando películas mientras Cassandra hablaba de algún actor siendo infiel, a las siete de la mañana, en un canal que nadie veía.

—¿Entonces? —la voz de Benji era más suave ahora—. ¿Qué piensas?

Miró su café. Ya estaba frío.

—Está bien. A la mierda, apúntame —levantó la mirada—. Pero más vale que valga la pena. No me voy a humillar por nada.

—No te vas a arrepentir —dijo Benji mientras le sostenía la mano.

Pasaron los siguientes minutos repasando la logística. Cassandra iba ya tres pasos adelante. Analizando quién más estaba en el show. Qué podía usar. Cómo jugarlo.

—¿A quién más metieron en este circo? —No sonaba convencida—. ¿Quién más se une a Los Juegos del Hambre ?

Benji sonrió y abrió su laptop.

—Oh, mi chica en llamas. Ya firmaron a cuatro más. Primero, Elliot St. James.

Cassandra arrugó la frente.

—¿Elliot St. James… Broadway, verdad? —hacía un año que no le importaban otros famosos. Tal vez ella era la que estaba debajo de todos ahora.

—Sí, Broadway. Era una estrella infantil, ahora hace teatro. Es talentoso pero imposible para trabajar. Se porta como diva, pelea con cada director. Lo despidieron de una producción grande y nadie lo quiso contratar después de eso.

—Apenas he oído de él —Cassandra movió la mano—. Tal vez vi uno de sus shows hace años. Otro actor olvidado desesperado por migajas —mira quién habla, pensó.

—Tal vez —Benji se rió—. Pero tiene esa energía teatral. A los productores les encanta eso. Bueno, la siguiente. Kara Everett.

Cassandra se quejó antes de que Benji pudiera decir otra palabra.

—¿Kara Everett? ¿La modelo? No puede ser. Estuvo en mi programa hace años y fue una pesadilla total. Grosera y muy creída. Tenía esa competencia de modelaje que cancelaron, ¿verdad? ¿Acusaciones de acoso?

—Sí. Y todavía tiene esa actitud.

—Dios. Compartir reflector con ella —Cassandra le dio un trago a su café frío—. Esto va a ser miserable. ¿Quién más?

—Dr. Logan Reed. El cirujano plástico.

—James lo podría conocer —Cassandra se enderezó—. ¿Famoso por trabajar con famosos, verdad? ¿Narices y pechos que nadie admite?

—Ese mero. Y hay chismes. Demandas, pacientes inconformes. El hombre tiene un ego enorme pero no creo que sea tan bueno en lo que hace.

—Suena a cirujano plástico —pausó—. ¿Y el último?

Benji cerró los ojos.

—Skye Morgan.

Cassandra casi se ahoga.