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Como ya empezaba a ser costumbre en los últimos días, los tres policías encargados del caso se reunieron en el despacho del comisario a primera hora de la mañana.
Las pesquisas del día anterior les habían llevado a reducir la lista de sospechosos a cinco.
Tres anestesistas: los doctores Robert, Martí y Vélez y dos intensivistas: los doctores Costa y Viñals.
Los motivos que les llevaron a mantener las sospechas sobre ellos eran que ninguno de los cinco había podido aportar una coartada sólida, todos habían tenido enfrentamientos de cierta importancia con el Dr. Torres y todos habían coincidido con el Dr. Trullols en algún momento no muy lejano.
Además, se añadía el hecho de que vivían en una casa que les podía haber facilitado el manejo de un cuerpo inerte, por estar inconsciente o muerto, o que en su defecto tenían una torre, aunque no habitaran en ella, como era el caso del Dr. Martí y del Dr. Viñals.
La inspectora introdujo en la conversación la idea que su compañero había manifestado el día anterior: podían estar ante unos asesinatos en serie. Si encararan la investigación bajo esa premisa quizá les podría facilitar dar con el asesino.
El comisario estuvo de acuerdo con la manera de afrontar la investigación que había aportado la inspectora y les solicitó que le explicaran cómo iban a hacerlo.
—Ayer, mientras conducía hacia Girona, pensando en que el nuestro podía ser un asesino en serie y basándome en que las dos muertes presentaban diferencias en cuanto al modo en el que los ejecutó, pero sobre todo en el tiempo que tardó en matarlos, y el sufrimiento que les causó, que en ambos aspectos fue in crescendo , llegué a la conclusión de que estos dos asesinatos no tenían por qué ser los primeros de la serie.
—A ver, David, explícate mejor.
—Lo que quiero decir es que puede que estos no sean los primeros asesinatos.
El hecho de que haya diferencias entre ellos, que haya una evolución hacia causar más sufrimiento físico y psicológico, me hace pensar que igual todo viene de una etapa diferente.
¿Me entendéis? —les preguntó a lo que ambos asintieron con ligeros movimientos de su cabeza—.
Es como si entramos en una estación de ferrocarril y vemos que un tren está pasando, pero no sabemos si los vagones que estamos viendo son los primeros que han pasado o cuántos lo han hecho ya o si son vagones de la parte media del convoy o del final.
—Sí, David, ya te habíamos entendido sin necesidad de este ejemplo para parvulitos —le dijo su compañera con cierto grado de enojo.
—Disculpadme, no quería ofenderos, es que me ha venido a la cabeza la imagen del tren y me ha parecido una buena analogía —se excusó el subinspector.
—Y lo es, lo es —le replicó la inspectora.
—Y, ¿cuál sugieres que sea nuestro siguiente paso? —le invitó el comisario a que acabara de exponer su plan.
—Si hubiera habido en Barcelona o en el resto de Catalunya asesinatos de médicos con la firma de nuestro asesino …
—El carné de colegiado en la boca —se solapó la inspectora en la explicación.
—Efectivamente, el carné de colegiado en la boca —asintió el subinspector con cierta molestia por la interrupción—, si hubiera habido otros asesinatos con esta firma, lo sabríamos, es un detalle suficientemente importante para que pase inadvertido para el resto de las comisarías.
—A no ser que piensen que puede haber un topo —matizó el comisario.
—Sí, tienes razón, Jordi, pero difícilmente se hubiera podido ocultar a largo plazo.
—En eso te doy la razón, pero mejor asegurarnos. Yo me encargo de ese detalle —se ofreció el comisario.
—Y, ¿cómo sigue tu plan? —le apremió la inspectora.
—Mi idea es que, si hubiera cambiado sus hábitos y con anterioridad no firmara sus asesinatos, podría haber alguna muerte que pudiera haber sido debida a nuestro asesino y que formara parte de una serie.
—¿Y? —se impacientó la inspectora.
—Creo que deberíamos buscar muertes prematuras de médicos en toda Catalunya e investigarlas —finalizó el subinspector manteniendo la calma a pesar de la presión a la que le estaba sometiendo su compañera.
—Investigar muertes de médicos que estuvieran en activo, o en edad de estarlo, en el momento del fallecimiento. ¿Es eso lo que propones? —deseó asegurarse el comisario de que había comprendido la idea del subinspector.
—Sí, esa es mi idea. Remontarnos a principios de año y buscar esas muertes e investigarlas de nuevo.
Si son fallecimientos por causas naturales estará todo muy claro, pero si no lo fueron, habrá autopsia e investigación policial que nos podría ayudar en este caso —finalizó el subinspector la exposición de su plan.
—Pues yo empezaré a contactar con mis colegas de otras comisarías para ver si la firma del asesino, el carné de colegiado en la boca de la víctima, ha permanecido oculta por algún motivo y vosotros os dedicáis a buscar esas otras posibles muertes de médicos en Catalunya durante este año 2020 —les planteó a modo de despedida.
—¿Cómo sugieres que busquemos esas muertes prematuras de médicos? —le planteó la inspectora a su compañero.
—Cuando yo estaba colegiado recibía cada trimestre una revista del Col·legi de Psicòlegs de Catalunya y en ella había un apartado de altas y bajas de miembros y también el de defunciones en el que se indicaba la edad del fallecido.
Supongo que los colegios de médicos tendrán sus propias revistas en las que aparezca esta información.
—¿Estás sugiriendo que busquemos las revistas de los cuatro colegios de médicos de Catalunya desde enero hasta ahora y que busquemos en ella los fallecidos y su edad? —preguntó la inspectora con cierta incredulidad y crispación.
—No, no estoy sugiriendo eso. Lo que digo es que, si esa información está publicada en una revista, aunque sea en la de un colectivo privado, es una información pública, por lo que no tendría que haber ningún problema en que nos la facilitaran telefónicamente sin tener que revisar una a una las publicaciones de estos últimos once meses —aclaró el subinspector.
—De acuerdo. Eso ya me parece mejor —respondió ya algo más calmada—. Pues nos dividimos los colegios: yo Lleida y Tarragona y tú Girona y Barcelona. ¿Te parece bien? Así cada uno contacta con su tierra natal —le propuso a su compañero.
—Me parce perfecto. Y así, si por lo que fuera tuviéramos que hacer una investigación presencial, nos sería más fácil con esta distribución.
—Pues manos a la obra.
Los dos policías se sentaron delante de sus ordenadores y buscaron en internet los teléfonos y los horarios de los colegios de médicos provinciales que a cada uno de ellos les había correspondido.
Una vez conseguida la información y hechas las llamadas correspondientes obtuvieron varios nombres, pero las secretarias de los colegios de médicos no les podían informar de la causa de los fallecimientos.
Eso deberían investigarlo por su cuenta.
—¿Qué has encontrado, David? —preguntó la inspectora al ver que su compañero dejaba el bolígrafo sobre sus notas.
—En Barcelona este año han fallecido tres médicos de forma prematura y, en Girona, dos. No sé si realmente son muchos o pocos, pero espero que estas cifras sean algo excepcional por el bien de los médicos. Y tú, ¿has acabado tu búsqueda?
—Pues yo he encontrado uno y uno. Es curioso que en todas las provincias hayan muerto médicos más jóvenes de lo que deberían —dijo sorprendida la inspectora—.
El siguiente paso es intentar descubrir la causa del fallecimiento.
Si la muerte no fue natural debería haber un informe policial y una probable autopsia, por lo que deberíamos cotejar los nombres que hemos descubierto con los archivos policiales. ¿Estás de acuerdo ?
—Por supuesto. Ahora me pongo con los míos.
—Y yo con los que he encontrado en Tarragona y Lleida.
Ambos policías empezaron a teclear en sus ordenadores, buceando en la intranet policial, la N.I.P.
, en busca de archivos que hicieran referencia a los nombres de los médicos que habían obtenido desde los colegios profesionales.
Si los nombres aparecían en alguna diligencia esto les aportaría suficiente información para determinar si eran susceptibles de haber sido asesinados por la persona que buscaban o no.
Si no obtenían ningún resultado lo más probable es que la muerte del médico en cuestión se hubiera producido por causas naturales.
El sistema informático ese día estaba un poco renqueante y los resultados tardaban en aparecer por lo que decidieron esperar a que la búsqueda diera sus resultados e ir a comer algo.
Cuando regresaron de reponer fuerzas, en las pantallas de sus ordenadores tintineaban diversas alarmas lo cual significaba que la búsqueda había obtenido resultados positivos.
—David, mi búsqueda ha terminado y los dos doctores que buscaba aparecen en los archivos policiales —informó la inspectora a su compañero.
—La mía también ha terminado y un positivo en Barcelona y otro en Girona, por lo que no sé nada de dos doctores en Barcelona y uno en Girona. ¿Quieres que empiece por los míos?
—Adelante —le invitó la inspectora.
—De acuerdo. La primera muerte tuvo lugar el doce de enero de 2020. El Dr. Pasqual Balfegó Redolat murió a consecuencia de las heridas provocadas por un arma blanca en el contexto de un atraco en el que unos individuos intentaron robarle un reloj de elevado valor económico.
—Ahora que lo dices, recuerdo el caso. Si no me equivoco fue en el Raval y los atracadores fueron detenidos en el acto y supongo que deben estar en prisión en espera de juicio —relató la inspectora haciendo gala de su buena memoria.
—Efectivamente, así está detallado en el informe que estoy leyendo.
—De acuerdo. Los otros de Barcelona no constan en los archivos, ¿verdad?
—No. Ni el Dr. Miquel Pol i Martí ni el Dr. Jeroni Clavé i Pujol aparecen.