EL VACÍO DE LO QUE YA NO ES
La noticia le llegó como un golpe seco. Alguien mencionó que la había visto mal, que había hablado de volver, de arrepentimiento. Pero para ella, esas palabras ya no tenían peso. Se miró en el espejo del recibidor y se dio cuenta de que no había ninguna reacción, ninguna chispa de esperanza.
—Ayer... —pronunció, y el peso de la palabra le resultó insoportable—. Ayer todavía tenía sentido esperar a que la puerta se abriera. Ayer todavía tenía la ilusión de que podíamos reconstruir lo que se había roto. Pero hoy, ese "ayer" suena como una melodía triste que ya no me pertenece.
Caminó por la casa sintiendo que el espacio que ella ocupaba había sido borrado.
No había rastro de su presencia, ni en los objetos ni en su memoria emocional.
Se dio cuenta de que la mujer de la que estuvo enamorada ya no existía para ella.
No era odio, era una desconexión total. La "dueña de todo su ser" se había convertido en un espectro, en algo que simplemente ya no tenía lugar en su realidad.
Cerró la puerta, no con rabia, sino con la frialdad de quien finalmente ha comprendido que la historia se terminó, sin vuelta atrás.