El alma del emperador Día dos #3
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Día dos #3

—El resellado repara un cuerpo y lo renueva.

Esto, sin embargo, es muy semejante a reencuadernar un libro con papel nuevo después de un incendio.

Sí, puede parecer exactamente igual, y puede parecer entero.

Pero las palabras… las palabras han desaparecido.

Le hemos dado un nuevo cerebro al emperador. Lo que ocurre es que está vacío.

—Hum —dijo Shai—. ¿Habéis descubierto quién intentó asesinarlo?

Los cinco árbitros intercambiaron una mirada. Sí, lo sabían.

—No estamos seguros —respondió Gaotona.

—En otras palabras —dijo Shai—, lo sabéis, pero no podéis demostrarlo del todo para hacer una acusación. ¿Alguna otra facción de la corte, entonces?

Gaotona suspiró.

—La Facción Gloria.

Shai silbó con suavidad. Pero tenía sentido.

Si el emperador fallecía, habría una buena oportunidad de que la Facción Gloria ganara la subasta para nombrar a su sucesor.

A los cuarenta años, el emperador Ashravan era todavía joven, para los baremos de los grandes.

Se esperaba que gobernara otros cincuenta años.

Si alguien lo reemplazaba, los cinco árbitros presentes en la estancia perderían sus puestos, lo cual, según la política imperial, supondría un enorme golpe a su estatus. Pasarían de ser las personas más poderosas del mundo a contarse entre las más bajas de las ochenta facciones del imperio.

—Los asesinos no sobrevivieron al ataque —dijo Frava—. La Facción Gloria no sabe todavía si su plan tuvo éxito o no. Tienes que sustituir el alma del emperador con… —Frava inspiró profundamente—. Con una Falsificación.

«Están locos», pensó Shai. Falsificar el alma propia ya era bastante difícil, y no había que reconstruirla partiendo de cero.

Los árbitros no tenían ni idea de lo que estaban pidiendo.

Naturalmente que no. Odiaban la Falsificación, o eso decían.

Caminaban por suelos de imitación ante copias de jarrones antiguos, dejaban que sus cirujanos repararan los cuerpos, pero no llamaban a ninguna de estas cosas «Falsificación» en su propia lengua.

La Falsificación del alma, eso era lo que consideraban una abominación. Lo que significaba que Shai era, en efecto, su única opción. Nadie en su propio gobierno sería capaz de llevarlo a cabo. Probablemente, ella tampoco.

—¿Puedes hacerlo? —preguntó Gaotona.

«No tengo ni idea», pensó Shai.

—Sí —respondió.

—Es preciso que sea una Falsificación exacta —dijo Frava con tono severo—. Si la Facción Gloria tiene alguna sospecha, atacará. El emperador no debe actuar de manera errática.

—He dicho que puedo —replicó Shai—. Pero será difícil.

Necesitaré información sobre Ashravan y su vida, todo lo que podamos conseguir.

La narrativa oficial servirá para comenzar, pero al final será demasiado estéril.

Necesitaré entrevistas extensas y escritos sobre su persona redactados por quienes lo conocieron mejor.

Criados, amigos, familiares. ¿Llevaba un diario?

—Sí —respondió Gaotona.

—Excelente.

—Esos documentos están sellados —intervino uno de los otros árbitros—. El emperador quería que se destruyeran…

Todos en la habitación se volvieron hacia el hombre. Este tragó saliva y luego agachó la cabeza.

—Tendrás todo lo que pidas —dijo Frava.

—Necesitaré también un sujeto de pruebas —prosiguió Shai—. Alguien con quien probar mis Falsificaciones. Un grande, varón, que tuviera mucho trato con el emperador y lo conociera a fondo. Eso me permitirá ver si hago bien la personalidad.

¡Noches! Hacer la personalidad como era debido sería secundario. Crear un sello que de verdad prendiera eso constituiría el primer paso. No estaba segura de poder conseguir siquiera eso.

—Y necesitaré piedra de alma, naturalmente.

Frava miró a Shai con los brazos cruzados.

—No esperaréis que lo consiga sin piedra de alma —dijo Shai secamente—. Podría tallar un sello de madera, si tuviera que hacerlo, pero vuestro objetivo ya es bastante difícil de por sí. Piedra de alma. En grandes cantidades.

—Bien —concedió Frava—. Pero se te mantendrá bajo vigilancia estos tres meses. Una estricta vigilancia.

—¿Tres meses ? —se asombró Shai—. Creo que esto requerirá al menos dos años.

—Tienes cien días —repuso Frava—. En realidad, noventa y ocho, ya.

«Imposible».

—La explicación oficial de por qué no se ha visto al emperador estos dos últimos días —intervino una de las mujeres árbitro— es que está de luto por la muerte de su esposa.

La Facción Gloria dará por hecho que estamos ganando tiempo tras la muerte del emperador.

Cuando los cien días de aislamiento hayan terminado, exigirán que Ashravan se presente a la corte. Si no lo hace, estamos acabados.

«Y tú también lo estás», implicaba el tono de la mujer.

—Necesitaré oro a cambio de este encargo —continuó Shai—. Coged lo que penséis que voy a pedir y duplicadlo. Saldré rica de este país.

—Hecho —dijo Frava.

«Demasiado fácil», pensó Shai. Magnífico. Planeaban matarla en cuanto terminara aquel trabajo.

Bueno, eso le daba noventa y ocho días para buscar una salida.

—Traedme esos archivos —dijo—. Necesitaré un lugar para trabajar, suficientes suministros y recuperar mis cosas.

—Alzó un dedo antes de que pudieran quejarse—.

No mis Marcas de Esencia, sino todo lo demás.

No voy a trabajar durante tres meses con la misma ropa que he llevado mientras estaba encarcelada.

Y ahora que lo pienso, que alguien me prepare un baño de inmediato.