El aliento de los dioses Capítulo 46 #3
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Capítulo 46 #3

—Necesitan un Mandato para despertar, igual que todo lo demás. Incluso tu religión habla de los Mandatos: dice que Austre es quien Manda volver a los retornados.

Ella asintió.

—Comprender la teoría de los Mandatos es difícil.

Mira los sinvidas, por ejemplo. Hemos tardado siglos en descubrir las formas más eficaces de llevar a un cuerpo a un estado sinvida.

Incluso ahora, no estamos seguros de si comprendemos cómo funciona.

Creo que esto es lo primero que me gustaría que asimiles.

Que el biocroma es complicado y que, en realidad, no alcanzamos a comprenderlo en su mayoría.

—¿Qué quieres decir?

—Exactamente lo que he dicho —respondió Vasher, encogiéndose de hombros—. En realidad no sabemos muy bien lo que hacemos.

—Pero pareces muy técnico y preciso en tus descripciones.

—Hemos descubierto algunas cosas —asintió él—.

Pero los despertantes no llevan tanto tiempo en activo.

Cuanto más se aprende del biocroma, más cuenta te das de que hay más cosas que no sabemos que cosas que sí.

¿Por qué son tan importantes los Mandatos específicos, y por qué tienen que pronunciarse en tu lengua materna?

¿Qué devuelve a la vida a los entes de clase uno, los retornados, en un principio?

¿Por qué son los sinvidas tan obtusos de mente, mientras los retornados son plenamente conscientes?

Vivenna asintió.

—Crear entes biocromáticos de clase tres es lo que tradicionalmente llamamos despertar —continuó Vasher—.

Es cuando creas una manifestación biocromática en un anfitrión orgánico que dista mucho de haber estado vivo.

La tela es lo que mejor funciona, aunque se pueden usar palos, juncos y otras plantas.

—¿Y los huesos? —preguntó Vivenna.

—Son extraños. Para despertarlos hacen falta muchos más alientos que un cuerpo que se mantiene unido por carne, y no son tan flexibles como la tela. De todos modos, el aliento se adhiere a ellos bastante fácilmente, ya que una vez estuvieron vivos y mantienen la forma de un ser vivo.

—¿Así que las historias idrianas que hablan de ejércitos esqueléticos no son meras invenciones?

Él se echó a reír.

—Ah, sí que lo son. Si quisieras despertar a un esqueleto, tendrías que unir todos los huesos en sus lugares correctos.

Es mucho trabajo para algo que requerirá más de cincuenta o cien alientos para despertar.

Los cadáveres intactos son mucho más prácticos en términos económicos, aunque el aliento se adhiera tan bien a ellos que luego es imposible recuperarlo.

De todas formas, he visto hacer cosas muy interesantes con esqueletos despertados.

»El caso es que los entes de clase tres, los objetos corrientes despertados, son distintos.

El biocroma no se adhiere nada bien a ellos.

El resultado es que requieren bastante Investidura, por lo general más de cien alientos, para despertarlos.

La ventaja que tienen, claro, es que el aliento puede recuperarse.

Esto ha permitido mucha más experimentación, que a su vez ha resultado en una comprensión más exhaustiva de las técnicas del despertar.

—¿Te refieres a los Mandatos?

—En efecto —dijo Vasher—. Como has visto, la mayoría de los Mandatos básicos funcionan con facilidad. Si el Mandato es algo que el objeto pueda hacer y lo formulas de manera sencilla, generalmente funcionará.

—Intenté algunos Mandatos sencillos con la cuerda. No funcionaron.

—Puede que te parecieran sencillos, pero no lo eran.

Los Mandatos sencillos solo tienen un par de palabras.

Agarra algo. Sujeta algo. Muévete arriba.

Muévete abajo. Enróscate aquí. Incluso algunos Mandatos de dos palabras pueden ser complicados, y requieren visualizarlos o, más bien, imaginación. Mejor dicho, usar la mente para…

—Comprendo esa parte —dijo ella—. Como flexionar un músculo.

Él asintió.

—El Mandato «protégeme», aunque sea de una sola palabra, es enormemente complicado.

Igual que otros, como «agarra algo». Hay que darle al objeto el impulso adecuado.

Este campo es donde uno realmente empieza a comprender lo poco que sabemos.

Probablemente hay miles de Mandatos que no conocemos.

Cuantas más palabras se añaden, más complicado se vuelve el componente mental, y por eso descubrir un nuevo Mandato puede requerir años de estudio.

—Como el descubrimiento de un nuevo Mandato para crear sinvidas —dijo ella, pensativa—. Hace trescientos años, quienes tenían el Mandato de un solo aliento podían crear sus sinvidas a un coste mucho más bajo que quienes no. Esa disparidad inició la Multiguerra.

—Sí —contestó Vasher—. O, al menos, eso fue parte de lo que la causó.

En realidad no es importante. Lo que hay que comprender es que todavía estamos en pañales en lo referente al despertar.

Tampoco ayuda el hecho de que mucha gente que aprende Mandatos nuevos y valiosos no los comparta nunca, y probablemente muera con el conocimiento.

Vivenna asintió, advirtiendo como la lección se volvía más relajada y fluida a medida que Vasher entraba en materia. Su experiencia la sorprendió.

«Está sentado en el suelo —pensó—, comiéndose un trozo de calamar seco, sin haberse afeitado en semanas y vestido con ropas que parecen jirones.

Y, sin embargo, habla como un erudito dando una conferencia.

Lleva una espada que rezuma humo negro y hace que la gente se mate entre sí, pero se esfuerza por detener una guerra. ¿Quién es este hombre?».

Miró hacia el lado, donde Sangre Nocturna permanecía apoyada en la pared. Tal vez era la discusión de los aspectos técnicos del biocroma, o tal vez era simplemente su creciente recelo. Estaba empezando a comprender qué era lo que no encajaba con aquella espada.

—¿Qué es un ente biocromático de clase cuatro? —preguntó, mirando de nuevo a Vasher.

Él permaneció en silencio.

—La clase uno es un cuerpo humano con conciencia de sí mismo —empezó a enumerar Vivenna—.

La clase dos es un cuerpo humano sin conciencia.

La clase tres es un objeto despertado como una cuerda, un objeto sin conciencia.

¿Hay algún modo de crear un objeto despertado, pero con conciencia?

¿Como un retornado, pero dentro de algo que no sea un cuerpo humano?

Vasher se levantó.

—Ya hemos cubierto bastante terreno por hoy.

—No has respondido a mi pregunta.

—Ni voy a hacerlo. Y te aconsejo que no vuelvas a preguntar eso jamás. ¿Comprendido?

La miró, y ella sintió un escalofrío ante su brusquedad.

—Muy bien —dijo Vivenna, aunque no apartó la mirada.

Vasher masculló algo entre dientes mientras hurgaba en su enorme morral y sacaba algo de un tirón.

—Toma. Te he traído una cosa.

Lanzó al suelo un objeto alargado, envuelto en tela. Vivenna se levantó y se acercó para retirar la tela. Dentro había una fina y bien pulida espada de duelos.

—No sé usar estas armas —dijo.

—Pues aprende —replicó él—. Si sabes luchar, será mucho menos molesto tenerte cerca. No tendré que estar sacándote de líos a todas horas.

Ella se ruborizó.

—Una sola vez.

—Volverá a suceder.

Con reparo, Vivenna cogió la espada envainada y se sorprendió por su ligereza.

—Vámonos —dijo Vasher—. Tenemos que visitar a otro grupo.