Capítulo 25
CAPÍTULO
VEINTICINCO
D e camino a su improvisado cuartel general, Tomek había notado que la Cafetería Fowler estaba tranquila, así que se coló dentro.
La campanilla sobre la puerta tintineó cuando la cerró tras de sí.
El lugar estaba desierto, desprovisto de cualquier ser viviente excepto Bradley y la chica adolescente que trabajaba para él.
Era muy distinto del ambiente bullicioso que había encontrado el día anterior.
—Siéntate —le llamó Bradley después de verle entrar—. Estaré contigo en un minuto. Con suerte esta vez no tendrás que esperar tanto por la comida y la bebida.
Sonriendo, Tomek encontró un asiento junto a la entrada y se giró para mirar por la ventana.
Fuera, la marea menguante brillaba y relucía bajo el sol de la tarde.
Nubes algodonosas se extendían en lo alto, tan finas que eran casi transparentes.
Justo delante de él, un trío de gaviotas con malas intenciones revoloteaba junto a la puerta.
Una de ellas le miró con recelo, girando la cabeza de lado a lado como si estuviera sobre un pivote.
—Si no tienes cuidado, esa encontrará la manera de entrar y te quitará la comida, el móvil, la cartera y las llaves —dijo Bradley.
—Sin mencionar mi amor propio.
—Difícil de conseguir en estos tiempos. —Bradley sacó de su delantal un bolígrafo y una libreta—. ¿Qué te pongo ?
—Un café con leche y un momento de tu tiempo, si puedes permitírtelo.
Bradley inspeccionó la cafetería a sus espaldas, luego se volvió hacia la chica, que estaba absorta haciendo scroll en su móvil.
—Seguro que puedo permitírmelo —dijo, antes de llamar a su empleada y pedir el café de Tomek.
Tan pronto como oyó el sonido de la máquina cobrando vida, Bradley preguntó—: ¿Qué tal te está pareciendo tu estancia aquí?
—Como ver un partido del West Ham. Ha habido algunas cosas buenas, momentos prometedores... pero en general todo se ha ido al garete.
—Ni que lo digas —respondió Bradley—. Pero esa no era la reacción que esperaba.
Un momento después, llegó el café de Tomek. Le dio las gracias a la chica, y luego dio un sorbo. El líquido le abrasó los labios y rápidamente lo dejó, arrepintiéndose de su decisión.
—Estáis tranquilos hoy —observó Tomek.
—Muchísimo. Es raro. No sé adónde ha ido todo el mundo. Y el Victory Inn también está cerrado.
—Hay una razón para eso —dijo Tomek, y procedió a explicar lo que le había pasado a Charlene.
—Joder... —fue la respuesta del hombre—. No... no me lo puedo creer. ¿Cómo lo... cómo lo sabes?
—Soy policía. Resulta que estaba en el lugar adecuado en el momento oportuno.
Hasta ahora, de todas las personas a las que había revelado su profesión, la reacción de Bradley fue la más genuina: parecía contento al escuchar la noticia, como si fuera algo bueno (que lo era, en realidad), mientras que todos los demás le habían dado a Tomek la impresión de que tenían algo que ocultar.
—¿Estás investigándolo ahora? —preguntó.
Tomek asintió lentamente. —Trabajas cerca de su local. Probablemente la ves con bastante frecuencia. Pensé en venir y ver qué sabes, si es que sabes algo.
—¿Yo? He estado aquí todo el día.
—¿Y en las primeras horas de la mañana ?
—Estaba en casa. Dormido. Fui a la fiesta posterior un rato, pero me marché después de media hora. Estaba muerto de sueño.
—¿Fiesta posterior? —preguntó Tomek.
—Después de los fuegos artificiales, suele haber un gran evento en la playa.
No oficial, claro. Fuego, música, baile, bebida.
Charlene intentó convertirlo en algo oficial, pero por suerte no pudo ponerle las manos encima, de lo contrario habría eliminado toda la diversión, y el lugar habría estado repleto de niños y familias.
Tomek asintió lentamente. —Así que era una fiesta posterior solo para adultos.
—Sí. Pero no en ese sentido . No es sórdido ni nada parecido. Simplemente no queremos que el ambiente decaiga, si sabes a lo que me refiero.
A Tomek no le importaba. Estaba demasiado interesado en los detalles de la fiesta. Y más importante aún, en los asistentes.
—¿Quién estaba allí? —preguntó.
—Yo. Mi hermano, Tony. Damien. Flynn. Un puñado de personas que conozco del colegio y con las que he crecido.
—¿A qué hora te marchaste?
—Sobre la una, más o menos. Quizás antes.
Tomek tomó nota de la hora, comparándola con lo que ya sabía: a la una de la madrugada, Charlene todavía estaba en el pub, recogiendo. Leon no se había ido hasta aproximadamente esa hora, y había sido el último en ver a Charlene con vida.
—¿Dónde vives?
Bradley se lo dijo.
—¿Tienes que pasar por delante del Victory Inn de camino a casa?
—No.
—¿Te fuiste directamente a casa?
Bradley asintió.
—¿Te vio alguien?
—No.
—¿Viste a alguien?
—No .
—¿Alguien que pueda corroborar algo de esto?
—Mi hermano. Vivimos juntos en casa de mis padres. La heredamos después de que murieran.
—¿A qué hora regresó él?
Bradley se encogió de hombros. —Tendrás que preguntárselo. Yo estaba dormido, y salí por la puerta antes de que se despertara.
—¿A qué se dedica?
—Es fontanero. Autónomo. La verdad es que es muy útil tenerlo en la isla. Siempre está haciendo trabajos por ahí y siempre está disponible para arreglar cualquier cosa, ya sea aquí o en casa —explicó Bradley, intentando añadir algo de ligereza a la conversación.
—Si tengo algún problema con nuestra caravana ya sé a quién contactar.
Bradley se rio incómodamente. La gravedad de la situación se estaba filtrando lentamente, junto con la comprensión de que Charlene Harris estaba muerta y que a él le estaban interrogando en relación con ello. A Tomek le habría gustado tranquilizar al joven, pero esa no era su responsabilidad.
—Siento lo de tus padres —dijo.
El comentario sacó de repente a Bradley de su ensimismamiento y lo trajo de vuelta a la realidad. —Gracias. Fue duro, todavía lo es, pero lo vamos superando. Un día a la vez. Fines de semana ajetreados como este ciertamente ayudan a distraer mi mente.
—Excepto por lo que pasó esta mañana.
—Excepto por lo que pasó esta mañana —repitió Bradley.
—¿Cómo describirías tu relación con Charlene? ¿Erais amigos? ¿Teníais algún tipo de relación profesional? Tengo entendido que también formas parte de la Asociación de la Isla de Mersea...
Bradley asintió lentamente, procesando cada pregunta individualmente.
—Nos llevábamos bien —dijo, mirando fijamente la mesa. Mientras hablaba, Tomek dio otro sorbo a su café—. Éramos cordiales, profesionales. Pero no la conozco lo suficiente como para considerarnos cercanos . Y tampoco la llamaría mi amiga. Era una conocida .
—¿Y qué hay de vuestros negocios? ¿Os considerabais competidores? ¿Habéis tenido algún desacuerdo o altercado desde que te hiciste cargo?
Bradley intuyó que era una pregunta con segundas intenciones y levantó la mirada.
—¿Con quién más habéis hablado? —preguntó.
—Eso no es importante. Te agradecería que respondieras a la pregunta.
Inspirando profundamente, Bradley contuvo el aire un momento.
Dos. Tres. Luego lo soltó por la nariz. —Quiero decir, has estado allí, ¿no?
Seguro que has visto el menú. Es casi una copia exacta del nuestro.
Especialmente el desayuno. Sabes, solo empezó a hacerlo hace unas semanas y ya está robándome un montón de clientes.
Es más barata, tiene mejores cocineros y usa los mismos ingredientes frescos.
Está creando un monopolio y me está sacando del negocio.
Es verdad que queda algo de dinero en el banco de cuando fallecieron mis padres, pero eso no durará para siempre, así que he tenido que pensar en formas nuevas y creativas de reducir costes y ganar más dinero, pero con la reciente subida de cuotas que acaba de implementar, es casi imposible.
He tenido que pensar en formas nuevas y creativas de reducir costes y ganar más dinero, repitió Tomek internamente. ¿Te refieres a matarla y robarle el anillo?
—¿Tú también le debes esas cuotas?
Bradley asintió con solemnidad. —Todos los miembros de la Asociación tienen que pagar suscripción. Es algo nuevo que ella introdujo.
—¿Pero ella no es propietaria del terreno ni del edificio?
Bradley negó con la cabeza.
—¿Solo del Packing Shed, entonces?
—Ajá. Y del terreno para el mercado.
Tomek se tocó la barbilla. —Me da la impresión de que era una empresaria codiciosa que no temía aplastar al pequeño.
—Exactamente, y después de todo lo que mis padres hicieron por ella, ¿así es como nos lo paga? Nunca me ha parecido justo.
—¿Qué hicieron ellos?
—Cuando Charlene se hizo cargo del Victory Inn, enviaron a todos sus clientes allí, siempre hablaban muy bien de su comida y servicio al cliente, e incluso le dieron un préstamo para liquidar algunas de las deudas pendientes que tenía.
Creían que la marea creciente elevaba todos los barcos, y que podíamos compartir los clientes.
Eso es lo que más me molestó de ella, sinceramente.
Traicionó su amabilidad y la usó en su contra. Por eso, nunca he podido perdonarla.