Epílogos #3
Mientras tanto, junto con Zoe, nos dedicaremos a cuidar a mis abuelos en su recuperación y a resolver la raíz de lo que esté pasando por Roma; también eso es primordial, porque sospecho firmemente que tiene una conexión directa con todo el golpe de Estado y complot que ha estallado en Sicilia.
Vuelvo a fijar mi mirada en Zoe. Ella continúa absorta en la revista, pero gracias a nuestro lazo mental sé con nitidez que sus pensamientos están completamente relajados y soñadores.
Es una gran verdad lo que decía ayer en la cama: beber sangre directamente de nuestras venas en forma mutua, nos ha unido en una dimensión superior.
Ahora conocemos con precisión lo que el otro experimenta.
No me refiero únicamente a nuestra comunicación mental voluntaria, ni de experimentar algo que invada nuestra privacidad, sino del hecho de que nuestras almas habitan en la mente del otro.
Estamos ahí, cobijados en un rincón especial, atentos, pendientes por si el otro muestra el menor indicio de necesitar amor, protección o cualquier otra cosa.
Como en este preciso instante, en que miro cómo los rayos del sol que entran por la ventanilla del jet iluminan las ondas de su cabello y la pureza de su piel.
Está resplandeciente, luminosa, y de pronto noto que su mente ha dado un giro drástico.
Su meditación no se dirige hacia los problemas políticos o personales que han pasado en estos días; su mente está viajando directo al lugar íntimo donde nos gusta encontrarnos juntos: el momento exacto en que nuestros cuerpos se unen sin barreras y podemos amarnos con locura.
Su aroma cambia en un segundo; respiro la intensidad de su excitación inundando la cabina.
Agradezco internamente que la piloto, el copiloto y la azafata permanezcan del otro lado de la puerta que divide el área privada de nuestro avión.
Falta poco más de treinta minutos para que el jet inicie las maniobras de aterrizaje en Roma, tiempo más que suficiente para enterrarme profundamente en el cuerpo de Zoe y llevarnos a los dos al éxtasis donde nos gusta estar.
—Ven aquí, nena —le digo con voz ronca.
Ella abandona su asiento de inmediato y se levanta la falda del vestido mientras se acerca a mis brazos.
No lleva ropa interior. Me gusta que no lo haga, así tengo acceso más rápido a su jugoso sexo.
Yo me desespero por bajar el cierre de mi bragueta y liberar mi miembro erecto y hambriento para ella.
La voy a follar con fuerza, salvajemente en este asiento, y tomaré de su sangre; deseo con locura que me alimente con sus pechos, como lo hará en el futuro con nuestros hijos.
Se sube a mi regazo a horcajadas y en un solo movimiento descendente de su cuerpo, mi verga entra por completo en su coño empapado y comenzamos a movernos con la cadencia violenta que queremos.
Libero sus pechos simplemente corriendo los tirantes del vestido, ya que tampoco lleva otra prenda para cubrirlos, y ella me ordena con un jadeo que beba de ahí; sabe exactamente lo que mi lobo híbrido con vampiro desea; mis colmillos descienden al segundo y succiono la vena que se marca alimentando su erecto pezón.
Los dos llegando al clímax en mitad de una descarga de fluidos salvajes.
Estamos a escasos minutos de aterrizar en la pista de Roma, y continúo enterrado firmemente dentro de su centro, mi único y verdadero lugar en el mundo.
Debemos acomodarnos la ropa y arreglarnos un poco para el aterrizaje y el descenso frente al personal.
Pero aunque quiero alargar este instante de unión lo máximo posible, ya no queda tiempo en el reloj; tengo que salir de su cuerpo.
Lo estoy haciendo perezosamente cuando le susurro en forma suave al oído mi frase favorita para ella:
—Te amo para siempre.
Zoe no solo salvó a mi familia anoche con su agilidad; me salvó a mí mismo dándole un propósito a mi vida, completando mi existencia al amarla de la manera devoradora en que lo hago.
En el instante en que termino de decir mis palabras, es cuando noto con asombro a través del lazo la pequeña duda existencial que habitaba en ella, duda que en este instante se le va aclarando por completo en su mente; algo que la ha venido atormentando en secreto y no se atrevía a compartir conmigo: la diferencia abismal entre las expectativas de vida de nuestras razas.
Yo sinceramente no lo había pensado, no se me ocurrió en ningún momento planteármelo, pero ahora al igual que ella, comprendo que es algo que probablemente ya no nos debe preocupar.
Soy un híbrido; además de lobo, también soy vampiro manifestado, así que seguramente esa brecha de tiempo ya no será un problema para nosotros.
Tendremos que investigarlo y corroborarlo, por supuesto, pero yo creo que no es algo por lo que nos deberíamos inquietar.
Ella también lo piensa así, por eso es por lo que la observo como esboza una sonrisa de absoluta felicidad y me responde mirándome a los ojos:
—Y yo a ti, amor. Yo también te amo para siempre. Además, ahora estoy segura de que nuestros «para siempre» son exactamente iguales.