El Alfa y la Princesa de Sangre (Secretos de Sangre 1) Capítulo 17 Matt #2
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Capítulo 17 Matt #2

Cuando logramos abandonar el dormitorio ya eran bastante pasadas las ocho, así que bajamos rápidamente a desayunar.

Jeffrey me había preparado tocino crujiente con unos huevos benedictinos como me gustan, con un dorado pan francés, y para Zoe, bollos de mantequilla y crema.

Ella consumió un cappuccino y yo una taza de té regenerador.

Cuando estábamos saliendo para el trabajo, la señora Pompey me entregó un termo con una nota con indicaciones de Jeffrey; era un concentrado de su té y me explicaba cómo tomarlo durante el día agregándole la misma cantidad de agua caliente.

Ellos siempre están pendientes de todos en casa, atentos a cualquier necesidad que tengamos y al parecer han notado que Zoe ha estado bebiendo bastante; de ahí su recomendación de una ingesta constante durante el día para reponer mis niveles de sangre.

En el camino al trabajo Zoe me explica cómo será su día; tiene varias reuniones pautadas y yo todavía ninguna.

Ella sigue con la carga pesada de los negocios, pero lamentablemente no puedo ayudarla hoy.

Debo seguir reuniendo información de inteligencia y terminar de dilucidar todo lo que traman Mortimer y Alaric.

Pienso leer y analizar algunos documentos y libros que tengo en la caja fuerte del despacho sobre la organización de la manada y su estructura jurídica.

Mi abuelo me los entregó hace unas semanas cuando estaba en mi periodo de preparación para asumir, pero me fue imposible concluir toda su lectura, así que ahora pienso revisarlos mientras espero novedades de Marco.

Con ese propósito en mente, estaciono el vehículo pero, en el momento en que nos estamos bajando del auto, mi Beta se comunica mentalmente y me pide que lo vea con urgencia en las instalaciones de Sofer; lleva ahí desde las seis de la mañana y cree haber encontrado información que debo corroborar.

Por lo que no me queda otra opción que despedirme de mi Luna y dirigirme al Registro de la Manada.

Zoe se quedó preocupada y me lo hace saber mientras conduzco.

Le explico que Marco quiere que veamos juntos unos documentos; es más fácil que yo vaya a que él los saque del Archivo.

Seguramente no sea nada, solo que Marco está asumiendo su papel como Beta y quiere tener todo cubierto para enfrentar al Consejo mañana.

Verdaderamente confío en que sea así, porque ya me he imaginado varios escenarios sobre lo que Mortimer y Alaric traman, y todos son uno peor que otro.

Hemos acordado que no le ocultaría información a Zoe, por eso le informo a dónde voy, pero sí guardo mis preocupaciones más profundas para mí; hasta que no tenga certeza, no la alarmaré innecesariamente.

Cuando llego adonde Sofer y golpeo el umbral, el viejo escriba se encarga de abrirme él mismo la puerta.

—Buenos días, Sofer —le saludo—. Marco me está esperando.

—¡Alfa, buenos días! —responde con deferencia— ¿Cómo se encuentra usted?

Efectivamente, su Beta lo está esperando en una sala de lectura.

Si me acompaña, yo mismo me encargaré de guiarlo.

Ayer por la noche, previendo la visita del señor Marco y en vista de la investigación que estamos realizando, quise evitar cualquier tipo de filtración y le pedí a mi personal que hoy no estuviera presente.

Uno nunca conoce los flancos débiles y en ocasiones las personas actúan de buena fe, o sea, tienen buena intención, pero caen en trampas de los detractores que no las tienen.

Confío en mi personal, los que tienen algún tipo de contacto con los archivos son familiares, pero hay personal de servicio externo y no quería tomar ningún riesgo.

—Fue una iniciativa excelente, Sofer —asiento—. Es mejor ser lo más discretos posibles, en este momento es nuestra mejor arma.

Lo sigo por distintos pasillos de la propiedad.

Llegamos a una puerta que posee un triple blindaje de acero y un sofisticado sistema de seguridad, e incluso tengo la información de que una bruja blanca conocida de mi abuelo y Sofer incorporó algunos hechizos protectores un tiempo después del atentado a mis padres.

Me está llevando a la parte a la que no tiene acceso nadie más que él y el Alfa.

Sofer pasa sus credenciales por el sistema y entramos.

—Alfa —me advierte mientras avanzamos—, cuando usted lo crea conveniente, tendríamos que hacer las acreditaciones biométricas de seguridad para que tenga acceso al archivo sin necesidad de que yo esté presente.

Podrá ingresar directamente desde la fachada del Archivo, por el acceso público, y desde ahí ingresar usted al sector privado cuando así lo quiera.

Las credenciales de su abuelo ya fueron desactivadas el mismo sábado de la transición.

—De acuerdo, Sofer, apenas podamos lo haremos —respondo—. Igualmente quiero que mi abuelo conserve sus credenciales vigentes, así como también mi Beta. ¿Será posible?

—Claro que sí, Alfa, por supuesto. Le pediré al señor Calo y al señor Marco que pasen por acá para realizar las acreditaciones. Lamentablemente solo se pueden hacer desde aquí, el sistema está blindado y no hay acceso exterior.

—Sí, lo sé, conozco la seguridad, descuida —asiento—, les pediremos que pasen para hacerlas.

—Excelente, señor.

Seguimos caminando y pasando por algunas galerías y salas inmensas.

Es increíblemente asombroso el volumen de historia, leyes y registros que una manada puede archivar.

Observo tomos forrados en cueros envejecidos y papeles apilados datados desde la creación de los primeros papeles de origen vegetal, e incluso seguramente algunos papiros, tablillas de arcilla y pergaminos de piel animal; todos dentro de vitrinas de cristal dotadas con sistemas de regulación de temperatura para su conservación.

A Zoe le encantaría darles una mirada y examinar todo este lugar; posee una curiosidad investigativa insaciable y siempre está en la búsqueda de expandir sus conocimientos.

Su pasión son los negocios, pero no hay ningún tipo de conocimiento del que no quiera estar enterada.

—Sofer, creo que ayer te diste cuenta, pero la señorita Zoe y yo nos hemos vinculado —decido comentarle finalmente—. Ayer no te lo confirmé porque todavía no se lo revelaba a mis abuelos, pero ellos ya lo saben, así que lo iremos haciendo público con el correr de los días.

—Mis más sinceras felicitaciones, Alfa —responde Sofer conmovido—.

Siento una profunda dicha por ambos, me hace muy feliz esta unión.

La señorita Zoe será muy buena para usted y nuestra manada.

El breve intercambio de ayer con ella cuando la conocí me dio esa impresión; fue muy amable y respetuosa.

Me hizo evocar a cuando conocí a su abuela, Sophie.

Será una Luna fantástica. Gracias por compartir conmigo la noticia, señor.

Efectivamente, ayer lo supuse y me alegro de que ya lo puedan hacer público; cuando estén juntos, compartiendo el mismo espacio, será difícil ocultarlo, ambos irradian una energía muy especial, es como si vibraran en la misma sintonía.

—Gracias, Sofer —asiento—. Estaba pensando que a Zoe le encantaría conocer y explorar el Archivo. ¿A ella también le podemos hacer acreditaciones? ¿Es factible?

—Sí, señor, por supuesto —concede—. Ella es nuestra Luna. Ya solo por esa condición tiene acceso a muchos sectores del Archivo, pero bajo su autorización, su acceso puede ser total. Su abuela gozaba de la misma prerrogativa por indicación de su abuelo.