Capítulo 16 Matt #2
Su reacción me ha dejado completamente mudo.
Parece un niño al que le han entregado un juguete nuevo por su cumpleaños.
Zoe está estallando de risa, aunque con la boca tapada para que no la escuchen, por las ocurrencias de mi abuelo.
Mi abuela suelta sonoras carcajadas, incluso resplandece como…
como… si hubiera estado bebiendo sangre…
Demonios, debo concentrarme. Los debo de haber interrumpido mientras tenían sexo y, seguramente, mi abuela bebía sangre de él.
Por eso él estaba en la ducha y ella está en bata con el cabello mojado.
Corto esa línea de pensamientos de inmediato, quiero volver al asunto central.
—Querido, tal vez sería mejor que siguieras escuchando a tu nieto y delegues la planificación de la descendencia en los verdaderos implicados; o sea, los planes de los bisnietos déjaselos a los padres, ¿no crees?
—interviene ella, aplicando un sutil apretón de hombros en mi abuelo para que centre su atención.
—Sí, es verdad, es lo más sensato. Discúlpame, Matt, me emocioné —dice mi abuelo, dirigiéndose de nuevo a mí—.
Entonces, ¿cuál es la identidad de la loba?
Espero que pertenezca a nuestra manada, aunque las lobas de Calabria poseen una belleza notable; tienen buenos genes para mis bisnietos. ¿Quién es la elegida, hijo?
—En realidad, abuelo, el lazo estalló el mismo sábado, durante la fiesta, y ahí es donde colisiona mi destino con la promesa —tomo valor, porque su cara ya está cambiando—: me vinculé con una vampiresa.
Tú bien sabes que la vinculación es algo que no podemos controlar; la abuela es vampiresa y ustedes son muy felices y…
—¡Basta! ¡Silencio! —me interrumpe con voz imperiosa.
Zoe interrumpe su risa y se pone seria, y yo, a pesar de que soy el Alfa, me quedo callado porque mi abuelo me lo ordenó. Únicamente mi abuela preserva una sonrisa serena al fondo.
—Matt, jamás te exigí ese juramento porque haya sido infeliz con tu abuela o considerara que nuestra unión había sido un error; por el contrario, he sido y soy muy feliz, ella constituye mi mayor bendición y mi plenitud absoluta —declara con un tono denso, cargado de melancolía—, pero hemos atravesado cosas que nos han marcado.
Nuestra unión provocó que las brujas negras hicieran lo que perpetraron con nuestra familia, como castigo porque nos vinculamos.
Y eso fue terrible. Nuestro amor provocó que tus padres, que Donato y Concetta, pagaran el precio con sus vidas, hijo.
Por esa única razón te obligué a que me dieras tu palabra sobre tu futura pareja: quería evitar más sufrimiento, quería erradicar el peligro.
Una sola lágrima corre por su mejilla; de repente sus facciones poderosas y sus ojos lucen cansados, acusan el peso de los siglos y el dolor sufrido. Mi abuela lo abraza por detrás y le da un tierno beso, secando la lágrima de su mejilla.
Contemplar el dolor de mi abuelo me estruja el pecho; detecto la preocupación en el semblante de Zoe.
Pero corresponde que me comporte como un Alfa íntegro, sea valiente y defienda nuestro amor.
Debo hacerle entender que las cosas no se repetirán, nos negamos a capitular ante el miedo a las sombras del pasado, no podemos dejar de vivir por lo que podría ocurrir.
Y el vínculo ya está firme, es imposible de romper porque nosotros ya lo aceptamos.
El resto del mundo se verá obligado a hacer lo mismo y asimilar la realidad.
—Abuelo, debes entender que no es un capricho frívolo, ni una forma de desafiarte o ejecutar un acto de rebeldía en tu contra. Nos hemos vinculado, y sabes lo que eso significa; tú eres un vivo ejemplo de ello.
—Lo sé, hijo —asiente con un suspiro ronco—. Pero ese conocimiento no lo hace menos doloroso, no mitiga el impacto del temor. Sé que no hay posibilidad de interferir, ni jamás lo intentaría, quédate tranquilo. Ojalá, Dios los bendiga, el peligro permanezca apartado de su camino y no pase nada malo.
—Nada malo pasará, abuelo —le aseguro con vehemencia—.
Tú disfruta de tu retiro y no te preocupes por otras cosas.
Concéntrate en cómo malcriarás a la descendencia que se avecina.
Todavía no lo hemos hablado, pero seguramente poblaremos el jardín con varios niños —miro a Zoe de reojo; ella asiente con una sonrisa dulce, validando mis palabras.
Ella me mira con cariño, me contempla con una ternura infinita; mi abuela me lanza un beso a través de la pantalla y noto que mi abuelo está pensando, analizando, su semblante se va suavizando de manera paulatina. De pronto, su interrogante nos descoloca y derriba nuestra seriedad:
—Entonces… ¿Zoe ya te aceptó? ¿Aceptó el vínculo? —pregunta, mirándome con fijeza—. ¿Para qué fecha me otorgarán esos bisnietos?
Mi abuela suelta una carcajada y Zoe imita su sonido. La melodía de sus risas es música para mis sentidos. Mi abuelo ha registrado la vibración de ambas frecuencias… las ha escuchado a las dos...
—Lo sabía —continúa y esboza una sonrisa—. Zoe, ¿te encuentras en la estancia, querida? Eres bienvenida oficialmente al seno de nuestra familia. Déjame verte, permíteme contemplar tu rostro, niña.
Zoe se asoma y yo la tomo por la cintura, sentándola sobre mi regazo para que compartamos el encuadre y estemos cómodos frente a la cámara.
—Hola, Zoe —interviene mi abuela con dulzura—.
Lo que mi testarudo esposo intenta decirte es que cuentas con nuestro absoluto respaldo, eres bienvenida y que del tema de los bisnietos ya habrá tiempo para que lo resuelvan después, cuando ustedes, y solo ustedes, así lo deseen —añade, aplicando una firme presión en los hombros de él para que se dé por enterado—. ¿Cómo te encuentras, querida?
—Hola, Sophie; hola, Calo. Gracias por aceptarme —su sonrisa es luminosa—.
Calo, sé que esto no es lo que pensabas para Matt, comprendo perfectamente que este escenario colisiona con las expectativas que habías diseñado para su futuro, pero el vínculo ocurrió, lo hizo con fuerza y, cómo he aprendido, no se puede ir contra él; ninguno de los dos lo desea tampoco.
Queremos asegurarles que estamos comprometidos en garantizar que nuestra relación no traiga problemas para nadie.
Pero incluso si los trae, los enfrentaremos juntos. Tomaremos recaudos. Lo prometemos.
¿Se puede estar más orgulloso de una persona? Me pregunto a mí mismo. La respuesta es sencilla: no, creo que no.
—Gracias, querida. Debemos confiar en ustedes y en su criterio —asiente mi abuelo, conmovido—. Pero sepan que siempre estaremos aquí, listos para brindarles nuestro apoyo, incluso para cuidar a esos bisnietos que nos darán.
—¡Calo, deja tu obstinación, deja de insistir! —lo amonesta mi abuela con una sonrisa— Recién empiezan, están asimilando el impacto del vínculo, ya habrá tiempo para que lleguen niños.
—Gracias, abuelos. Todos estaremos bien. Confíen —les aseguro—. Hoy hablamos con Zareb y, aunque compartía la misma preocupación que ustedes, le explicamos que ya he ordenado una investigación exhaustiva para eliminar cualquier peligro con brujas negras.
—Confiaremos, Matt —concede mi abuelo—. Pero… ¿Por qué Zareb se enteró antes que nosotros? Ese viejo vampiro tendrá que hacer fila para jugar con mis bisnietos; en eso me niego a cederle la delantera.
Todos terminamos riendo por sus ocurrencias.
Mi abuelo confesó que siempre que nos veía juntos desde muy jóvenes, sabía que éramos compatibles.
Por eso, cuando le dije que me había vinculado con una vampiresa, inmediatamente pensó en Zoe; sabía que no podría ser otra.
Mi abuela y Zoe estaban emocionadas, profundamente conmovidas por sus palabras y yo feliz por su aceptación.
—Bueno, queridos, ya es hora de descansar. Mañana seguiremos hablando.
—Claro que sí, abuela. Descansen.
—Buenas noches, Sophie y Calo.
—Buenas noches, muchachos. Y no duerman tanto… ¡Practiquen cómo crear a mis bisnietos! —concluye mi abuelo con otra de sus locuras.
—¡Calo! ¡Basta! —Mi abuela lo reprende mientras corta la comunicación.
Zoe está feliz, irradia una felicidad absoluta, y yo también.
Y además de estar feliz por la aceptación de mi abuelo, él me ha dado ideas…
Tomo la cara de Zoe entre mis manos y devoro su boca con pasión salvaje, colmado de gratitud por todo lo que ha pasado.
Ha sido una conversación extenuantemente agotadora pero resultó ser una liberación total.
Ahora mi único propósito es trasladarnos al dormitorio y darme un festín con su cuerpo.
Pero aún seguimos en el mismo lugar, cuando la señora Pompey nos encuentra e interrumpe sonriendo para consultar por el servicio para la cena. Zoe solicita que la sirvan aquí, así que mi festín tendrá que esperar.
Mientras cenamos, hablamos de la empresa y los preparativos para la inauguración de París.
Tácitamente, no tocamos temas sensibles.
Después, ella toma un café macchiato y yo pido mi té a Jeffrey.
Quiero que vuelva a beber de mí, por eso quiero estar preparado.
En cuanto concluimos, nos dirigimos hacia mi dormitorio…
bueno, ahora ya es nuestra habitación. Tengo que convencerla de que se mude ya.
Me imagino a ella y a mi abuela en otro frenesí decorativo ampliando el vestidor, reformando el espacio bajo su criterio de colores, y a mi abuelo y a mí capitulando ante cada una de sus exigencias decorativas.
Mañana será otro día. Definiré con Marco la estrategia con la que afrontaremos la sesión del miércoles ante el Consejo y también decidiré cómo informarle a mi abuelo sobre lo que podría estar pasando; ahora no tuve el valor para hacerlo pasar por otro disgusto.
Pero, en este instante, el mundo exterior carece de relevancia; solo resta cruzar el umbral de nuestro cuarto y reclamar mi festín postergado.