Capítulo 7 Zoe, Calo y Matt
ZOE
Me fascina la conexión mental del vínculo.
Acabamos de entregarnos al placer mutuo y estamos en habitaciones separadas.
Nuestro vínculo nos permite una conexión mental que jamás imaginé poseer.
Me fascina; le hemos dado una utilidad increíble.
Estaba tan encendida, tan excitada, que me resultaba imposible conciliar el sueño, ni relajarme de alguna manera.
Mi cuerpo me exigía atención, así que comencé a tocarme, pero, al parecer esa vibración también alcanzó la mente de Matt.
De inmediato se unió a la diversión. Me guio, me dictó lo que tenía que hacer y me quebré como una loca.
Después me cedió el mando y le provoqué lo mismo a él.
Asegura que hay rastro de su liberación por todas partes.
Mis sábanas y mis manos también están húmedas por mis propios fluidos.
Fue alucinante, mágico; deseo seguir haciéndolo.
Le confieso que sigo excitada, y por supuesto él no lo deja pasar: me lleva a otro orgasmo de inmediato.
Me agrada mucho que sea tan solícito y que se preocupe por mis necesidades.
Falta poco para que tengamos que bajar a desayunar; hemos pasado todo este rato conversando a través del lazo.
¿Ya dije que me encanta? Nos distraemos hablando un poco del trabajo, principalmente sobre la auditoría.
Es un asunto que lo mantiene preocupado, y a mí también; hay detalles que no terminan de cuadrarme.
Ponemos las ideas en orden; es necesario si le pediremos a Calo que realice la investigación personalmente.
Pienso en Calo; es alguien difícil de enfrentar, pero con la ayuda y respaldo de Sophie todo saldrá bien.
Me encanta que ella sea nuestra cómplice.
Los admiro mucho a ambos; poseen un amor firme, pero colmado de ternura.
Mientras tanto, Matt está especulando con la hora en que sus abuelos saldrán para Roma; tiene planes para nosotros…
los dos desnudos bajo la ducha… con él profundamente enterrado en mí.
Sus ocurrencias me hacen reír y excitarme por igual.
Siento un hambre voraz por él, hambre de su cuerpo y de su sangre.
Cuando anoche me permitió alimentarme de su cuello, me hizo más fuerte, me otorgó una increíble vitalidad, pero también me volvió más dependiente de él.
Lo necesito tanto. ¿Será así siempre? Se lo pregunto a través del lazo…
—¿Siempre nos sentiremos así, Matt? —le pregunto— ¿Tan urgidos uno del otro?
—Sí, nena, estoy seguro de que sí —me responde con total seriedad—. Podría morir en este mismo instante con solo imaginarme estar lejos de ti. Eres oxígeno para mi cuerpo y confío que yo lo sea para el tuyo.
—Es probable que mi necesidad sea aún mayor —le digo—.
Cuando me alimentaste, mi cuerpo se fortaleció; me siento capaz de vencer a cualquiera que intentara alejarte de mí en este momento.
Era verdad que estaba algo débil; llevaba bastante tiempo inapetente.
Pero tu sangre es tan rica, tan llena de vida. Gracias por compartirla conmigo.
—Siempre que quieras puedes beber de mí, mi sangre es tuya, te pertenece —me asegura.
No hay forma de que rechace semejante obsequio. Si nuestro destino aún no estaba sellado, ahora sí lo está; él será mi sustento, no deseo nada más.
—Gracias, Matt —le digo.
—¿Por qué me agradeces? Soy tuyo.
—Y yo tuya… pero te doy las gracias por obligarme a reconocer lo que nos estaba sucediendo —le respondo—. Intenté negarlo, pero esto es bueno para nosotros.
—Es mi placer, bebé. Siempre haré que nos reconozcamos el uno al otro; siempre seremos uno.
—Me agrada pensar que será así —asiento—. Deberíamos tomar una ducha y bajar para el desayuno, ¿no crees?
—Claro, nena, te acompaño… —insiste él.
—¡No tan rápido, lobo! —le advierto—. Tú te bañas en tu baño y yo en el mío.
—¿Y quién dice que no te puedo acompañar a través de nuestra conexión? —bromea.
Y de ese modo nos metimos a duchar, cada uno en su espacio, pero conectados mentalmente.
En ningún momento dejamos de estar presentes en el pensamiento del otro; es exactamente como si compartiéramos la misma estancia, realizando cada acción juntos.
Y, por supuesto, que no dejó pasar la oportunidad de hacer que la ducha sea satisfactoria; con apenas unas palabras susurradas hace que me encienda nuevamente.
∞∞∞
CALO
Un desayuno para cuatro. Un viaje para dos.
Siento un hambre voraz debido a que mi vampiresa me obligó a gastar toda mi energía.
Es insaciable; no la cambiaría por nada.
Pero corresponde que bajemos a desayunar.
Además, bebió de mí, así que debo regenerarme para cuando vuelva a necesitarme.
Y quiero conversar con los muchachos para evaluar cómo marchan los asuntos de la auditoría; anoche los noté nerviosos y eso me tiene algo preocupado.
—Sophie, cariño… —murmuro para llamar su atención.
No se encuentra dormida, sino sumergida en un letargo de placer; me fascina dejarla así, en ese estado en el que luce tan plena y feliz.
—Sí, mi amor, dime —responde.
—Va siendo hora de descender al comedor, ¿no lo crees?
—le digo—. Deseo averiguar cómo les fue en la reunión a los muchachos anoche.
Los noté preocupados; tal vez no sea tan fácil de resolver el fraude de Roma y prefirieron no alarmarme.
Me resultó extraño que quisieran reunirse anoche mismo, justo al terminar la fiesta.
Debe de ser algo importante; intuyo que están ocultando algo.
—Amor… creo que te alarmas demasiado —replica ella con calma—.
No encuentro nada de preocupante en que se reunieran anoche.
Matt y tú han dedicado muchos días a los preparativos del traspaso, y Matt es un hombre responsable; estoy segura de que no quiso postergar ni un segundo más la coordinación con Zoe para quitarle peso de encima.
Ella ha estado al frente de la compañía estos días y, con seguridad, Matt deseaba aliviar su carga laboral.
—Es verdad, no lo había analizado de esa manera. Pobre Zoe, debió haberse estresado con semejante responsabilidad.
—Sí, yo también lo creo. Humm… se me ocurre que tal vez tú podrías ofrecerte para asistirlos con la auditoría —sugiere Sophie—.
Ahora dispones de tiempo libre. Podríamos tomarnos unos días de turismo en Roma y encargarnos nosotros mismos de llevar adelante la auditoría de la próxima semana. ¿No es una idea excelente?
—Es verdad, es una gran idea —asiento—. Nos vendría bien un descanso y después podemos encargarnos de la auditoría juntos; así ayudamos a los muchachos.
—¿Estás fatigado, cariño? —me pregunta en un susurro—. Porque yo mencioné días de turismo… no de descanso… espero que no estés exhausto ahora… necesito que enjabones mi espalda…
Me pide, dedicándome una mirada coqueta, mi princesa de plata que se incorpora desnuda para dirigirse al cuarto de baño y, por supuesto… yo la sigo sin dudarlo.
Nos presentamos en el comedor casi veinte minutos más tarde de lo planeado.
Los muchachos ya se encuentran ubicados a la mesa, comiendo con un apetito insaciable; al parecer están hambrientos.
Conversan sobre unos informes de la empresa mientras nos acomodamos con mi princesa, saludándolos, y sirviéndonos copiosos platos de alimentos.
Nosotros también estamos hambrientos. Jeffrey, nuestro cocinero y amigo, se ha superado una vez más.
Parece adivinar con exactitud cuándo sus comensales tienen hambre, pues elabora sus mejores platos en esos momentos.
Nos ofrece deliciosos huevos benedictinos, bollos de crema, tocino crujiente, y una infinidad de opciones típicas sicilianas como «brioscia col tuppo» y «pan e panelle»; justo lo que mi estómago reclama en este momento.
—¡Matt, hijo, estás radiante! —comenta Sophie, con seguridad evaluando las tonalidades de su aura—. ¡Y tú también, Zoe! ¿Lograste descansar bien?
—Gracias, Sophie; descansé de maravilla —responde Zoe—. Agradezco la invitación. Tú también luces hermosa.
—Gracias, querida —responde mi esposa, resplandeciendo.
—Así es, abuela; también estás radiante, pareces luminosa —coincide Matt.
—Poseo una explicación para mi buen aspecto.
Casi me ahogo con el bocado de brioscia que acabo de llevar a mi boca, pensando en lo que les contará mi princesa a los muchachos, yo sé perfectamente por qué está radiante: la he hecho gozar toda la noche, pero no es algo que quisiera conversar con los chicos en el desayuno.
—¿Cuál es, abuela? Cuéntanos.
—Es que se me ocurrió una idea excelente y tu abuelo me va a complacer —añade y yo respiro aliviado, mientras la muy pícara me asegura mentalmente que la voy a complacer bastante si repito lo que le hice recién bajo la ducha—.
Aunque primero corresponde que lo hablemos con ustedes, ya que deben estar de acuerdo.
—Claro que sí, abuela, cuéntanos.
—Pensé que podríamos hacer algo de turismo con tu abuelo en Roma. Si ustedes aceptan y no tienen inconvenientes, ya que estaremos por allá, podríamos ayudarles con la auditoría. ¿Qué les parece?
Sophie les dedica un pequeño guiño, seguramente buscando cómplices para obtener lo que quiere, que por supuesto es hacer este viaje, como si yo fuera capaz de negarle un solo capricho.
—Claro, abuela; es una idea magnífica —responde mi nieto—. Tienen la oportunidad de disfrutar unos días de paseo y relajarse después de tanto trajín de las últimas semanas; de paso, nos ayudan a nosotros con el trabajo. Me parece excelente. ¿Tú qué opinas, Zoe? —le consulta mi nieto.
Él siempre es tan educado. Por supuesto que no toma ninguna decisión unilateral, especialmente si involucra a Zoe, quien siempre ha sido su punto de apoyo. Si ella fuera loba, posiblemente la haría su Beta o al menos disputaría el lugar con Marco.
—Sí, me parece muy bien —asiente Zoe—. No sé en qué momento planean marcharse, pero tengo los reportes listos; podría enviárselos por correo electrónico e iríamos puliendo detalles si requieren algo más.