El Álbum de Lilly Las Condiciones en Wloszczowa
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Las Condiciones en Wloszczowa

La situación para los residentes de Wloszczowa, judíos y cristianos por igual, se deterioraban cada día. Desde que el oficial de policía, Julek Erdman, había asesinado al mercader judío, él había asesinado a dos personas más a plena luz del día.

En el primer incidente, él se había entrado al almacén cuyo propietario era un cristiano, y había comenzado a despotricar y arrojar mercancías de los estantes. Justo cuando se estaba yendo, le disparó al tendero sin ninguna razón aparente.

En el segundo incidente él le había disparado a un grupo de refugiados judíos quienes acababan de llegar desde Poznan.

La bala le dio a un bebé que era sostenido por su madre, matándolo instantáneamente e hiriendo seriamente a la madre.

Él era temido por todos, principalmente por los residentes judíos, y se hizo conocido como «sanguinario Julek. »

Un día, Lilly recibió una carta de su buena amiga Fela Goslawska desde Varsovia. Por el matasellos ella vio que la carta en realidad había sido remitida tres meses atrás.

Lilly se sentó en su cama con lágrimas de emoción en los ojos, y leyó la carta.

Mi querida amiga Lilly,

Ni un día pasa en que no piense en ti.

Veo lo que está sucediendo con los judíos en Varsovia y mi corazón sangra de dolor.

Los conquistadores bárbaros han tornado profesores, ingenieros, escritores, doctores, personajes culturales, etc., en cadáveres caminantes. Ellos les han quitado su deseo de vivir, los han humillado ante los ojos de todos, redujeron su orgullo a polvo y los pisotearon con sus despiadadas garras.

¿Por qué tienen que haber diferencias entre una raza y otra?

¿Entre una religión y la otra? La respuesta es porque ellos no tienen Dios, ya que no son humanos y son peores que bestias en la jungla, animales carnívoros devoran a otros animales porque tienen hambre, mientrasque estos salvajes matan a otros seres humanos por resentimiento, odio o celos.

Están celosos de los logros del pueblo judío, su conocimiento y capacidades.

Lilly, no te desesperes, esta cacería de brujas con suerte terminará pronto.

Cuánto te extraño. Realmente quiero verte, pero sé que estos son tiempos difíciles y peligrosos. Por ende es imposible para mí venir a visitarte.

Espero que tu familia esté bien y que David esté en un lugar seguro.

Ya verás que al final, cuando todas las hostilidades cesen, nos encontraremos de nuevo.

Mis padres también envían sus saludos.

Con amor

Fela

Lilly notó que la carta no tenía nombre o domicilio del remitente y dedujo que Fela temía que si la carta iba a ser abierta por los censores alemanes ella estaría en graves problemas.

A principios de julio de 1940, una proclama fue publicada por todo el pueblo de Wloszczowa, que para el diez de ese mes todos los judíos debían dejar sus casas y mudarse adentro del gueto.

Ida decidió llevar algunas de sus preciosas pertenencias a su vecina Zosia para salvaguardarlas, porque ella sabía que tan pronto como dejara su casa los alemanes, o cristianos locales, les robarían todo lo que dejaran atrás.

Herman le ayudó a empacar sus pertenencias en un gran saco.

En éste ella puso su guitarra, un portarretrato de la abuela Paulina, el álbum de fotos de Lilly, y una pequeña caja de madera pintada que contenía una delgada cadena de plata con un corazón pendiente que Lilly había usado cuando era un bebé.

Ella también puso algunas reliquias familiares que tenían valor sentimental y un morral con importantes documentos de la oficina de Wolf que incluían una lista de propietarios de negocios que le debían dinero y la cámara que tía Izabellade Estambul le había dado a Lilly de obsequio.

Ellas le llevaron el saco a la casa de Zosia y lo colocaron en un gabinete de madera que estaba en un ático, que sólo era accesible subiendo a una escaler a .

Herman le dio a cada miembro de la familia una pequeña suma de dinero y lo que quedaba se lo dio a Zosia. Ella había prometido que si ellos necesitaban más dinero ella se los traería.

«¿Qué haríamos nosotros sin ti?» dio Ida mientras lloraba y les decía adiós a Zosia y a su hija Eva mientras las abrazaba con fuerza.

Lilly también abrazó a Zosia y Eva con fuerza por un largo tiempo y dijo, «Quién hubiera pensado que este día vendría.

» Todos ellos lloraron amargamente. Zosia también tomó a Balbina, la amada perrita de Lilly.

Cuando Zosia levantó a Balbina, ésta comenzó a temblar frenéticamente como si se diera cuenta que algo malo estaba sucediendo.

Comenzó a llorar suavemente, sonando como un bebé llorando necesitado de su madre, lo cual finalmente se tornó en llantos desgarradores que hicieron llorar a todos.

A medida que las familias comenzaban a dejar sus hogares y caminaban la corta distancia al gueto, sus vecinos cristianos salían y se qeudaban de pie en ignominia.

El farmacéutico Stanislaw Bitoft, padre de Lolek, salió de su farmacia y observaba mientras los pequeños grupos de familias judías caminaban hacia el gueto.

Él los conocía a todos, y a algunos como Lilly, él había conocido desde que habían nacido.

Cuando llegaron al edificio de su cuarto asignado, encontraron a Roza, quien había venido sola, cargando un gran bolso lleno de sus pertenencias personales.

Abuela Paulina estuvo en silencio todo el tiempo.

Desde la muerte de su hijo Wolf, a ella no le había importado nada y difícilmente comía.

Ida tenía que persuadirla de poner algo de comida en su boca.

El gueto bordeaba la plaza Rynek, comenzando en la calle Gorky, e incluyendo las calles Przedborskiej, Śliskiej, Gęsiej, Mleczarskiej y Stodolnej.

La Sociedad de Protección de la Salud judía en Polonia (TOZ) enviaba medicinas al gueto y todo aquel que llegaba era inmediatamente vacunado contra el tifus.

Había un gran peligro de un brote de epidemia debido a las pobres condiciones higiénicas, falta de tanques sépticos y falta de agua caliente para lavarse.

La JDC (Joint Distribution Committee o Comité Unido de Distribución) de Varsovia envió

2, 500 zlotys a los judíos de Wloszczowa, junto con casi una tonelada de harina y varios otros alimentos. Los judíos establecieron un fondo y podían procurar carbón para calefacción, patatas, remolachas, cebollas, un poquito de carne, algunos huevos y jabón para bañarse.

Cuatro mil personas fueron empacadas en la pequeña área del gueto, en condiciones extremadamente atestadas; pero al menos todos ellos tenían comida y refugio.

Todas las posesiones de los judíos de Wloszczowa fueron confiscadas y llevadas de las casas, depósitos y almacenes que poseían.

Todo fue robado por los alemanes, quienes comenzaron a abusar de los residentes, especialmente de los ortodoxos.

Ellos les cortaban a la fuerza sus payot , rizos laterales, y les quitaban sus sombreros negros de las cabezas.

Algunos eran públicamente azotados. El peor de todos ellos era «sanguinario» Julek.

Cuando él aparecía en las calles del gueto, todos sabían que poco tiempo después habría otra víctima.

No tomaba mucho tiempo para que sucediera.

La mañana siguiente, Julek, todo pulcro y prolijo con sus botas brillantes, caminaba por ahí con una sonrisa en el rostro mientras sus diabólicos ojos exploraban las calles buscando a su próxima víctima.

Él detectó a una mujer embarazada caminando rápidamente por la calle con un niño no mayor a cinco años corriendo detrás de ella.

Julek le gritó a ella " halt , " y ella se paralizó en sus pasos.

Cuando él estuvo a una distancia de un brazo de ella, él levantó su pierna y con toda su fuerza la pateó en el bajo vientre.

Ella soltó un fuerte alarido y cayó sobre su espalda en el suelo.

Fluía sangre de entre las piernas de la mujer, porque debido a la patada el feto se había desprendido del útero.

Julek sólo la miró fijamente con desprecio.

El niño, quien todavía estaba sosteniendo la mano de su madre, finalmente la soltó y comenzó a gritar en pánico. En ese momento, el bárbaro Julek sacó su pistola y le disparó al niñito en la cabeza, que cayó encima de su madre, quien estaba llorando en agonía.

Julek estaba muy molesto de que no había tenido una audiencia de su barbárico acto, ya que todos los residentes del gueto se estaban ocultando en sus cuartos y no había nadie en la calle.

Gruñendo y gritando a todo lo que le daban los pulmones decía, «Saquen sus cabezas de puercos y echen una mirada. »

El único sonido que se podía escuchar en la calle era el gemido y gruñido de la pobre mujer que no se había percatado que su hijo muerto estaba yaciendo a su lado. Julek se acercó a ella y a quemarropa le disparó en la cabeza.

«Te libero de tu miseria», dijo él.

Algunos soldados alemanes entraron a la calle cuando escucharon los disparos. Ellos miraron semejante vista con asco. Julek los miró y con su risa arrogante les dijo, «Ellos tienen que ser disciplinados. Piensan que están en el jardín de niños a las riberas del Río Pilica.»

Nadie se atrevió a salir hasta la mañana siguiente, cuando los judíos ortodoxos vinieron con un carro manual usado para transportar a los muertos y se llevaron los cuerpos. Ellos tenían permiso para entrar al área especialmente designada para el entierro de judíos.

Zosia venía casi todos los días al gueto para ver a un miembro de la familia.

De vez en cuando ella notaba a Lilly cuando ella estaba yendo desde el hospital donde trabajaba como enfermera hasta su cuarto al lado del hospital.

Sus ojos se encontraron y Zosia la saludó con la mano.

Lilly la miró inexpresivamente y trató de sonreír, pero ella estaba emocionalmente devastada y no pudo forzarse a sí misma a sonreír.

Todos los días los alemanes venían y tomaban entre veinte o treinta hombres para trabajos pesados. La mitad de ellos regresaban maltratados y heridos de los latigazos y golpizas que habían recibido, mientras que muchos regresaban con huesos rotos.

Idaprácticamente nunca salía de su cuarto. Berta y Roza trabajaban en la cocina comunitaria y ayudaban en la escuela de niños.

Un día Zosia trajo un paquete con ropas al gueto, y les preguntaron a los soldados si por favor podían asegurarse que la familia lo recibiera. El soldado a cargo tomó el paquete y dijo que se lo daría a la gerencia de Judenrat quienes se lo llevarían a la familia.

Mientras giraba para irse, otro soldado apareció e inquirió qué estaba sucediendo y quiso que abrieran el paquete.

Zosia trató de explicarle que el paquete contenía artículos personales y que por favor no lo abriera.

Repentinamente él se dio vuelta y la golpeó en la cabeza con la culata de su rifle.

Ella se desmayó y cayó al suelo, golpeando su cabeza en la acera.

Algunos transeúntes, quienes la conocían, la levantaron del suelo, la llevaron a casa e inmediatamente convocaron a Eva del trabajo.

Cuando Eva llegó, ella halló a su madre en muy serias condiciones y la transfirieron al hospital.

Zosia había sufrido daño cerebral y perdió la capacidad de hablar.

Ella fue dada de alta del hospital dos semanas más tarde, pero le tomó meses recuperarse.

Nunca recuperó completamente ya que nunca pudo volver a hablar.

Un día los alemanes cerraron todas las escuelas en Wloszczowa y le prohibieron a la población cristiana que participaran en cualquier clase de aprendizaje, aun en escuelas improvisadas o en casas privadas.

Algunos maestros, tales como Wincenty Adamczyk, daban clases a escondidas, cada vez en una ubicación diferente.

Él fue atrapado después que alguien informó sobre él y fue arrestado y enviado al campo de concentración de Auschwitz.

Los nuevos refugiados, quienes llegaban desde el gueto de Lodz a Wloszczowa, relataban que en el gueto de Lodz el jefe de la Judenrat, un judío llamado Romkowski, quien quería verse bien ante los ojos de los alemanes, forzaba a la gente a trabajar extremadamente duro día y noche.

Él castigó a unos veinte mil judíos que no estaban en forma para trabajar enviándolos a sus muertes al campo de exterminio Chelmno.

Expulsó a un adicional de cincuenta mil judíos y los esparció entre varios campos, donde la mayor parte de ellos fueron inmediatamente ejecutados.

Un día vino una orden del alto comando alemán de proveer 20, 000 niños.

Todos sabían que eso era una sentencia de muerte ya que ninguno regresaría.

Romkowski se dirigió a los residentes del gueto y anunció, «Padres y madres, entreguen a sus niños.

» Él estaba convencido de que era su única chance de supervivencia.

Muchos padres que fueron forzados a entregar a sus niños cometieron suicidio.